Sí, señores. El mundo del corredor popular (y el del corredor socialista, qué coño) está repletito de términos extravagantes y ampulosos cuyo significado nadie ha definido aún.
Las series, por ejemplo. Término críptico donde las haya. Porque se hallaba un servidor enfrentándose a esas primeras semanas de virginal entrenamiento, cuando las zapas de fútbol sala y el bañador eran mi único y atrevido atuendo, cuando un grupo de veloces corredores, unidos y solidarios, confraternizaban su rodaje cada tarde. “Me uniré a ellos- me dije- y alcanzaré esa felicidad que sólo las endorfinas y el human touch pueden regalarle a un ser humano, incompleto como yo”.
- ¡hola!- espeté tímidamente
- qué pasa, chavalote! vente con nosotros que vamos a rodar un poquito!
Feliz y radiante, compartí 30 minutos de carrera llenos de jocosos comentarios, de risas e insultos hacia el gordito del grupo.
- Bizarrunner -me dijeron- bájate mañana a las 6 que nos tocan series y así nos acompañas
Series. Así que nos tocan series, ¿no? Qué cojones hago yo ahora con estos y las series… Sí, queridos amigos, las series se me antojaban divertidas para pasar el rato pero, ¿qué tipo de series? Porque, haciendo un raudo esfuerzo, lo único que se acercaba a tamaño concepto era…
Karl Winslow y su inolvidable familia. Oh, cuanta risión, cuántos gratos momentos, cuánta felicidad entre los tejemanejes de esta cercana familia de color.
Webster, oh, madre mía. Negrete simpático donde los haya con adolescencia pareja a la de Joselito. ¿Qué serie tocará? ¿Será que hemos corrido tanto y tan bien que mañana nos sentaremos frente al televisor
de plasma a disfrutar de 5 ó 6 capítulos en DVD, comprados en la oferta del Carreful?

No, no puede ser. Como sea, me cago encima. Que lo mismo toca “Padres Forzosos”, con sus gemelas Olsen y todo. Y eso, eso sí que puede ser lo que me una a este nuevo grupo de amigos de por vida.
Pues no. Para quien no lo sepa y aún esté comenzando en esto, las series es correr rápido hasta que tienes ganas de vomitar y de morirte, y de morirte y vomitar, y cuando no has recuperado una mierda, te pican los pulmones y tienes las piernas blandurrias cual mierda de pavo, hay que volver a empezar de nuevo, cronómetro en mano y midiendo el diámetro de nuestra hazaña. Las hay cortas y largas, eso lo aprendí con el tiempo. Pero cada cual es peor. El único que se apiadó de mí fue el gordito del grupo: alguien le había quitado el puesto de diana de las mofas.
Carlangas