Cuatro batidos, Tres Refugios y dos croquetas

Querido lector,

Aunque el título de mi post pueda parecer, así por encima, el de una obra de arte dadaísta, realmente es que tampoco tenía muy claro cómo expresar, en una frase, todo lo que os quiero contar hoy.

Porque os voy a dar las recetas de 4 batidos que me encantan… pero también quiero contaros cómo me fue en la Tres Refugios y también hablaros de las dos veces que hice la croqueta (y que me han dejado medio coja).

Casi que empiezo por la Tres Refugios y mis croquetas.

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Total.

Que para los que no conozcáis la Tres Refugios, la dichosa prueba es una carrera de montaña de 28kms y 1723+ que forma parte de la Copa de Hierro y que es dura no, lo siguiente. Las bajadas son técnicas y las subidas, especialmente la última subida a Bola, las carga el diablo. Yo la corrí por primera vez el año pasado y, no contenta con haberlas pasado canutas entonces, me dije a mi misma que repetiría. Así de masoca soy. Y total. Que el domingo repetí.

Lo sé, no era la mejor fecha, tan sólo 2 semanas después de la Transvulcania, ya que además del cansancio muscular, estas dos semanas no he podido entrenar con mucha intensidad y he tenido mucho trabajo, pero como el año pasado lo pasé fatal en la carrera por haber sido mónguer, quería redimirme de mis pecados.

Si. El año pasado salí con Lucas la noche anterior a la carrera para ver la Champions y me tomé alguna cerveza que otra… una copa… dormí poco… total. Que incumplí todas mis normas y como resultado al día siguiente lo pasé fatal, con problemas gastrointestinales desde el km. 14 que hicieron que sufriera muchísimo y me quedara con la espinita clavada de volver a hacerla, pero con cabeza. Además, la carrera resultó ser mucho más técnica de lo que esperaba y lo pasé verdaderamente mal en las bajadas (testigos hay que me oyeron bajar paso a paso jurando en arameo y repitiendo: “yo me mato!!!”).

Así que el domingo volví a pisar esos 28kms y…

Todo iba bien.

La subida a Bola, bien.

La bajada de la Maliciosa, que el año pasado sufrí tanto, mucho mejor. Ni una queja salió de mi boca. Ni en un sólo momento me paré. Bajé, precavida y tortuguera, pero bajé.

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Foto de Canofotosports

Y entonces… en el momento en el que reduje el nivel de concentración porque (al fin) llegábamos a la pista de las zetas donde iba a poder correr como Dios manda…

CROQUETAAAAAA

Sí señor. Hice una croqueta, de las buenas. De las de: “mierda-me-acabo-de-tropezar-con-el-pie-derecho-a-ver-si-puedo-rectificar-con-el-pie-mierda-me-parece-que-me-estoy-tropezando-también-con-el-izquierdo-leche-me-voy-de-bocaaaaaas“. Así que me caí. De bruces. Enterita. Hasta me entró arena en la boca. Y me dejé las rodillas (las dos) en un par de rocas de la entrada a la pista de las zetas.

Ahora, así contado, hasta me hace gracia (Bueno, no mucho porque aún estoy dolorida). Pero en el momento me quedé tirada en el suelo sin poder mover las rodillas, y me llevé un susto brutal. Estuve unos minutos ahí parada, con Javi diciéndome: “Tranquila, siéntate siéntate”. Y yo: “vamos vamos, seguimos corriendo” aunque ni siquiera sentía las piernas. Al fin pude arrancar. Ni quise mirar si tenía heridas. Quedaban 18kms por delante y sin ni siquiera levantarme las mallas de las rodillas para contemplar el panorama, decidí que seguía adelante. Mi primera croqueta hizo que la bajada de las zetas, en la que el año pasado recuperé los minutos perdidos en la bajada técnica desde la Maliciosa, me tuviera con las lágrimas asomando. Jamás había sentido tanto dolor en las rodillas.

Creo que lo malo fue que desde ese momento empecé a estar mucho más torpe. Me costaba avanzar a ritmo y cada vez que paraba en un avituallamiento o para coger los bastones, me dolían horrores las rodillas y me daban pinchazos.

Y 7 kilómetros más tarde hice la segunda croqueta. Más moderada. Un poco lateralizada. En plan: “leñe-me-ha-fallado-la-rodilla-y-parece-que-me-voy-al-suelo-de-nuevo”. Total. Que hice los últimos kms con un dolor en el muslo derecho que era lo que me faltaba ya para la subidita final a Bola. Pero conseguí llegar a meta. Como comúnmente se dice: “jodida pero contenta”. Tardé menos que el año pasado, sí, pero me hubiera gustado bajar de 5 horas y no pudo ser. Es lo que tienen las croquetas, oiga, que te enlentecen un rato.

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Foto de Canofotosports

 

En resumen. Que la Tres Refugios me hizo sufrir. Otra vez. Pero esta vez al menos fue por una razón de carrera y no por haberme ido de fiesta la noche anterior como una mónguer.

La buena noticia es que tres días después ya veo cerca el momento de volver a correr. Me ha bajado la hinchazón de las rodillas y aunque tengo unas cuantas costras y un buen moratón en el muslo de recuerdo, ya casi no duelen. Sí que estoy molesta en los laterales de los gemelos, de modificar la pisada para intentar no sentir dolor en las rodillas, y en un brazo que me tienen un poco chof. Yo creo que para el viernes estoy como nueva. Si o si! Ahora que Lucas está de nuevo corriendo soy yo la coja. ¡En fin!

Y ahora que os he hablado de la Tres Refugios y de las dos croquetas. Vamos con los cuatro batidos.

Tres de estas recetas las he sacado de mi libro: “A Correr” (que por cierto estaré firmando en la feria del libro el DOMINGO 31 de 19 a 21, el SÁBADO 6 de 12 a 14 y el DOMINGO 7 de 19 a 21). Lo podéis comprar en Amazon si no lo tenéis :)

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Batido refrescante de papaya y leche de coco

La papaya es muy baja en calorías y nos aporta potasio, vitamina C, vitamina A y fibra. Su alto contenido en agua hace que este batido sea súper hidratante y refrescante para el verano. También el agua de coco nos aporta potasio y contiene antioxidantes.

  • Un vaso de leche de coco ligera o agua de coco bien frío
  • 300g de papaya madura

Batimos todo en el vaso americano hasta tener textura de batido. Consumir bien frío.

Batido energético de plátano y mantequilla de cacahuete

La mantequilla de cacahuete es uno de mis sabores favoritos y resulta que, además, consumida con moderación, es muy beneficiosa para los deportistas ya que aporta gran cantidad de proteínas y grasas saludables y es rica en minerales y vitaminas. El plátano, por su parte, nos aporta carbohidratos que se traducen en energía continuada durante el ejercicion y tiene un alto contenido en potasio, que ayuda a prevenir los calambres musculares.

  • 1 plátano mediano cortado en trozos
  • 1 cucharadas hermosa de mantequilla de cacahuete (lo mejor es hacerla en casa o comprarla en herbolario, para evitar todo tipo de grasas añadidas)
  • Un buen vaso de leche de avena fría

Batimos todo en el vaso americano hasta tener textura de batido. Consumir bien frío.

Batido energético de café

 

En este batido combinamos el café con el cacao (cargado de propiedades antioxidantes) y el plátano (que nos aporta potasio y carbohidratos). Para un resultado más contundente, no dudes en añadir la avena.

  • Medio vaso de café, frío
  • Medio vaso de leche de almendras fría
  • 2 cucharadas de cacao en polvo sin azúcar
  • 1 plátano en trozos
  • Opcional: Un puñado de copos de avena

Batimos todo en el vaso hasta tener una buena textura de batido. Consumir bien frío.

 Batido recuperador de frutos rojos

Este batido nos aporta hidratos de carbono de absorción rápida, perfectos para recuperar después de un esfuerzo intenso-

  • Un vaso de leche de avena
  • Un yogur desnatado edulcorado
  • Un puñado de fresas, frambuesas y arándanos
  • Una cucharada de miel

Limpiamos los frutos rojos.
Colocamos todos los ingredientes en el vaso de la batidora. Batimos hasta tener una buena textura de batido. Consumir bien frío.

Ahora sí. He cumplido. Cuatro batidos, Tres Refugios y dos croquetas.

Así que me despido por hoy.

Mañana estaré en la Women’s Health Fit Night Out en la Plaza Mayor. Si vais a ir os veo por allí! y el domingo, si mis piernas lo permiten, en la Spartan Race!

Nos vemos pronto por aquí :)

Besos!

Alma

 

 

Transvulcania 2015

Pues sí.

Somos finishers de la Transvulcania.

No sé cómo empezar esta crónica.

La Transvulcania.

Una carrera que, por muchas razones, jamás olvidaré.

Supongo que empezaré primero por las cosas buenas y después por la única sombra que hizo que nuestra experiencia de los últimos kilómetros fuera muy muy dura.

Pero empecemos por el principio.

El lunes llegábamos a La Palma Lucas y yo junto con Rober (también del Panceta Team), que también iba a correrla, y su mujer. Más adelante se nos unieron unos amigos suyos, Adri, Vicente y Jose, todos también dispuestos a correr la ultra. Alquilamos entre todos una casa en San Pedro, a unos 15 minutos de Santa Cruz de la Palma.

La isla nos enamoró desde el primer momento: la naturaleza te rodea por todos lados, los paisajes son una maravilla y la gente es súper cariñosa.

Los días previos a la carrera aproveché un poco para descansar las piernas: llegaba de unas semanas con mucha carga de entreno y muchos kilómetros y me vino genial. Visitamos todos los rincones posibles de la isla: el norte, las piscinas naturales, las playas, el puerto de Tazacorte..El martes celebramos con una barbacoa el cumpleaños de Nieves, novia de Luis Alberto Hernando y tuvimos la oportunidad además de conocer a todo su equipo de apoyo para la carrera: Mónica, Ramón, Sergio, Jose, Rafa y el pequeñín, Alvarito, hijo de Mónica y Sergio y un absoluto cielo de niño. La verdad que fueron súper majos. Nos contaron miles de anécdotas de carreras y nos dieron buenos consejos para el sábado. El miércoles hicimos una inmersión corta, aprovechando que ya tenemos el carnet de buceo, y pudimos ver parte de la belleza submarina de la isla (¡¡tenemos que volver para ver más!!).

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Por fin, el jueves, tras recoger las bolsas de corredor (con el consiguiente aumento del nivel de nervios) asistimos al Kilómetro Vertical, que se celebraba en el Puerto de Tazacorte, en las cuestas que conforman la última bajada del Ultra. Subimos bastante alto y desde allí animamos a los corredores, incluidas las grandísimas corredoras Anna Frost y Emelie Forsberg. Aún no me creo que las haya visto correr tan de cerca con lo mucho que las admiro (¡incluso me hice fotos con ellas al final!).

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Después, cenamos de nuevo con Luis Alberto y todo su equipo. Los nervios se sentían en el aire: ellos con la responsabilidad de lograr que Luis renovara la victoria el año pasado; nosotros, con la simple idea de completar la carrera sanos y salvos. Fue una cena fantástica, a base de arroz y pizza, de esas que recuerdas con una gran sonrisa.

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Lentamente pasó el viernes y para cuando me quise dar cuenta estaba preparando la mochila: los dos bidones de 500ml, el frontal, la manta de seguridad, las barritas, las sales, los geles, las gominolas, la gorra, la crema de sol.. Metí mi billete de la suerte en la mochila, coloqué el dorsal en la camiseta y el chip en la zapatilla. Ya estaba todo listo.

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El despertador sonó a las 2 de la mañana del sábado. Nos pusimos en marcha para poder coger el autobús que salía a las 3 hacia el faro de Fuencaliente, donde salía la carrera. Una hora después nos dejaban allí, donde hacía bastante rasca debido a las fuertes rachas de viento. Esperamos dos horas por la zona, primero agazapados cerca del faro junto a cientos de corredores, luego ya en la zona de salida.

Y por fin llegaron las 6 de la mañana y dieron la salida. Sí. Es como en los videos. La serpiente de corredores iluminando toda la montaña con sus frontales y el faro abarrotado de palmeros animándonos pese a la hora intempestiva. Me sentía como en un sueño, no podía creer que estuviera allí. No creo que haya otro inicio de carrera tan emocionante en el mundo.

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En la salida, habiéndonos colocado en el que creíamos que era nuestro lugar en el pelotón (de la mitad hacia atrás), nos encontramos en un tapón colosal al comiendo de la subida. Aquello no se movía ni a la de tres. Tras 15 minutos totalmente parados, comenzamos a ascender lentamente en una larga fila de corredores que empujaban. El objetivo: no caerse bajo ningún concepto, ya que las piedras que rodean el sendero cortan pero bien. Los bastones nos ayudaban a contrarrestar la incomodidad del terreno (la primera parte de la carrera es toda sobre arena volcánica, casi como correr por la playa) pero había tantísima gente en un camino tan estrecho que era muy difícil avanzar. Finalmente llegamos a la pista, más ancha, y pudimos correr con facilidad (no sin un susto cuando Lucas se torció el tobillo y llegamos a pensar que se había hecho un esguince, pero era finalmente sólo una torcedura). Otro tapón, y seguimos para arriba.

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El primer avituallamiento fue algo espectacular: el pueblo entero de los Canarios (y supongo que muchas personas más) se habían acercado hasta allí para animarnos, pese a ser las 7 de la mañana. Se me saltaban las lágrimas. Los voluntarios nos cuidaron con todo su cariño ya desde ese momento. Supe entonces que no habría carrera igual. Nunca, jamás, había visto algo así.

Los kilómetros fueron pasando y nos sentíamos muy bien. Ascendimos los 1900m hasta el segundo avituallamiento sin pausa, avanzando bien, con ayuda de los bastones. Pasaron los avituallamientos, los kilómetros, las subidas, las bajadas. En todo momento íbamos pendientes de la hidratación: los bidones siempre llenos, una pastilla de sales a cada hora. Bien de isotónico y fruta en cada avituallamiento.

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El entorno: una pasada. No puedo describir con palabras lo que se siente al correr por encima de las nubes, sobre un suelo de arena volcánica, rodeados por volcanes y lenguas de lava. No hay nada igual. Son imágenes que se han quedado grabadas en mi retina para siempre.

Pasamos el avituallamiento del km 31,4 cargados de energía y preparados para lo que se avecinaba. En los carteles anunciaban que el siguiente avituallamiento estaría a 12,4 kms. En esta edición la organización había decidido eliminar el avituallamiento intermedio (que en anteriores ediciones estaba a 6kms) así que sabíamos que iba a ser duro, que ante nosotros llegaba la subida más dura de la carrera, en la que estaríamos por encima de 2000m de altitud y no habría ni una sombra.

Avanzamos y avanzamos. Paso a paso. Cuando se podía, corríamos, cuando no podíamos más, caminábamos. El calor era cada vez mayor. Mi pulsómetro marcaba 31º, e íbamos racionando el agua como podíamos. Pasamos la mitad de la carrera en 6 horas 40 minutos, mejor de lo esperado.

Y entonces comenzó la agonía. Llegamos al km 43, donde se suponía que estaría el avituallamiento, con 100ml de agua cada uno. La habíamos racionado para llegar hasta allí. Y al llegar, no estaba. No había nada. Ni agua, ni nadie que nos dijera dónde estaba. Yo tenía el cartel anterior grabado en la mente: a 12,4k un avituallamiento. Estábamos ahí. ¿Dónde estaba el avituallamiento?

Seguimos avanzando, cada vez con más calor y angustiados porque no aparecía. A nuestro lado, cada vez más corredores iban sentándose a los lados del camino, desfallecidos. Ya casi nadie tenía agua y tampoco podíamos darles la poca que nos quedaba a riesgo de acabar nosotros igual, aún así a todos y cada uno de ellos les preguntamos si estaban bien y les ofrecimos toda la ayuda que nos fuera posible. Avanzar sin saber dónde estaba el avituallamiento nos iba minando la moral. A cada colina esperábamos que apareciera, pero no aparecía.

Finalmente nos acabamos el agua, muertos de calor, pensando que no podía faltar tanto para llegar al famoso Pico de la Cruz. Nos encontramos muy pocas personas en ese tramo, de muy difícil acceso, y a todas las que les pedíamos agua nos contestaban lo mismo: se les había gastado avituallando a los corredores que ya habían pasado por allí al borde de la deshidratación. Una chica que venía por el camino nos dijo que aún quedaban unos 2 kms. No nos lo podíamos creer. En nuestra angustia, llegamos a bebernos los restos de un powerade que encontramos tirado en el camino y fue gracias a los trozos de manzana que nos dieron unos Palmeros que habían subido a animar y a unos sorbos de coca cola que nos dio un señor de emergencias como conseguimos finalmente llegar a una colina en la que unos voluntarios que atendían a un corredor desmayado nos dijeron que el avituallamiento estaba a 500m (con mi pulsómetro marcando casi 46km). En esos momentos empezaban a pasar voluntarios corriendo en dirección al camino del que veníamos con garrafas de agua de 5l con las que intentaban refrescar a los corredores que, desfallecidos, llegaban al avituallamiento que tenía que haber estado 4 kms antes.

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Confieso que, por primera vez en mi vida, cuando vi que llegábamos al km 45 y no aparecía el avituallamiento me planteé abandonar. Nunca jamás me había sentido tan derrotada en una carrera. Sabía que tenía fuerzas dentro de mí, pero el calor y la angustia de no encontrar el avituallamiento me estaban venciendo. Estuve a punto de rendirme, de sentarme en el borde del camino y esperar a que alguien viniera a recogerme. No podía más de calor, estaba agotada y tenía ganas de vomitar por la deshidratación. Lloraba al ver cómo Lucas estaba igual que yo, al borde de la extenuación, y ni siquiera me salían las lágrimas. Pero apreté los dientes, decidí aguantar, seguir adelante junto a Lucas y acabar lo que había empezado. Habíamos soñado con correr esta carrera y no íbamos a abandonar.

Una vez en el avituallamiento encontramos muchísimos corredores sentados, tumbados, desfallecidos por el calor abrasador que les había tumbado. Y es que en asfalto 3 kilómetros son unos 15 minutos. Pero en montaña 3 kms sin agua, a 2000 metros de altura, a 31º y con un sol abrasador se convierten en un infierno que puede llegar a suponer una hora. Nosotros conseguimos superarlo, pero mucha gente (incluido nuestro amigo Rober, que fue evacuado en helicóptero) no pudo, y en el Pico de la Cruz se acabaron las esperanzas de muchos corredores que habían soñado con completar el ultra y que por un error de medición se quedaron en el camino.

Bebimos de nuevo, comimos fruta y cargamos los bidones otra vez hasta arriba. Yo me recuperé bien, en seguida me encontraba como nueva, llena de energía y dispuesta a acometer los kilómetros que aún teníamos por delante.

 

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Pero en Lucas el daño estaba hecho. Aunque bebió y tomó las sales, era tarde. Tenía la lengua blanca, los ojos hundidos y oscurecidos por los laterales. Pronto empezaron los calambres en los cuádriceps y en las plantas de los pies. Lo que más me duele es que, a sabiendas de que Lucas suda mucho y tiene tendencia a los calambres en situaciones de deshidratación, habíamos controlado de forma casi psicopática que no se deshidratara: había tomado las sales con religiosidad cada hora, había tomado isotónico en cada avituallamiento, llevaba la cabeza cubierta y bien de crema solar… y todo se fue al traste en esos casi 40 minutos sin agua que no podíamos prever. No digo que si el avituallamiento hubiera estado en su sitio él no hubiera tenido calambres, quién sabe si más adelante le hubieran empezado también, pero desde luego ese momento de deshidratación total no ayudó.

Llegamos al Roque de los Muchachos tras 10 horas de carrera. Habíamos por fin alcanzado el punto más alto de la carrera y por unos instantes pareció que Lucas se encontraba mejor. Nos sacamos la arena de las zapatillas, bebimos y recargamos los bidones y nos dispusimos a acometer los últimos 23 kilómetros de carrera. Si todo iba bien, en unas tres horas estaríamos en meta.

Comenzamos el descenso por una pista de asfalto y después empezamos a serpentear por unos caminos acotados por piedras. La belleza del paisaje te dejaba sin aliento. Pero cada vez que las cuestas se ponían pronunciadas, el dolor en los cuádriceps de Lucas se agudizaba y los calambres le impedían seguir. Yo me sentía bien, sin dolores, y mi única preocupación había pasado a ser él.

Tardamos casi dos horas en alcanzar el avituallamiento del km 61. Lucas estaba cada vez peor pero no quería abandonar. Había luchado con todas sus fuerzas por llegar y no iba a abandonar ahora. Me dijo que siguiera yo, que corriendo podía estar en una hora en la meta. Que me fuera. Pero me negué. Había llegado hasta allí con él y no le iba a abandonar bajo ningún concepto. ¿Qué sentido tenía cruzar la meta sin él? Él es la persona que más quiero en este mundo, la que me hace sonreír cada mañana, la persona por la que haría lo que fuera, mi apoyo, mi mundo. Así que le dije que nada de eso. Que si él seguía, yo seguía con él.

Y seguimos. Paso a paso. Avanzando más rápidamente en los llanos, con un sufrimiento indecible de Lucas en las bajadas. Paso a paso. Cuando llegamos al último avituallamiento Lucas estaba al borde de la extenuación y no podía estirar las piernas en las bajadas. La gente me animaba a mí, por ser chica, pero yo les pedía que le animaran a él. Empezó a marearse y juro que por un momento creí que se iba a caer allí en mis brazos. Pero me dijo: seguimos. Y seguimos.

Los últimos 4 kilómetros. Una recta en la que no me separé de Lucas preocupada porque se mareaba y después una subida que en condiciones normales ya hubiera sido dura pero que en este caso para Lucas fue un absoluto infierno. Durante todos esos kilómetros no pude dejar de llorar. No podía más que torturarme: me repetía a mi misma la injusticia del error en la distancia del avituallamiento y no hacía más que darle vueltas a cómo podríamos haberlo evitado; me culpaba por no haber bebido menos de lo mío y haberle dado parte de mi agua a él; me odiaba por sentirme fuerte y sin dolores cuando él no podía ni andar. Ver así a Lucas era una tortura.

Entramos en los Llanos caminando. Lucas no podía correr ni un paso más. Y allí estaba la gente animando como nunca. De la mano, empezamos a avanzar paso a paso hacia la meta. Faltaban 500 metros. La gente nos gritaba, nos animaba. Al fin. Habíamos llegado. A mí se me caían las lágrimas de haber visto a Lucas pasar tanto sufrimiento. Y al final, en los últimos 50metros, arrancamos a correr. No sé de dónde sacó las fuerzas Lucas, pero entramos corriendo, cruzando la meta en poco más de 15 horas.

Y así cumplimos el sueño de ser finishers de la ultramaratón de la Transvulcania.

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Lucas pasó directamente a la tienda de campaña de la Cruz Roja que estaba llena de corredores con goteros. Estaba absolutamente destrozado. Yo le acompañé hasta la puerta y he de agradecer a las voluntarias que me acercaron las bolsas del ropero y las camisetas de finisher viendo mi angustia esperando fuera. Lucas salió al de un buen rato, un poco mejor, y pese al dolor no pudo ocultar su sonrisa al ponerse su camiseta de finisher y su medalla. Lo había conseguido. Había sufrido y había llegado a meta luchando como nadie. Estaba feliz.

Allí nos enteramos de que Luis Alberto había vuelto a ganar, y con récord de la prueba. (No sé si leerás esto, pero por si acaso, te repito mi más sincera enhorabuena Luis. Haber corrido esa carrera el mismo día que tú me hace aún más consciente de lo brutal que es tu estado de forma física y que lo que haces es simplemente sobrenatural. Aún estoy flipándolo. Eres sobrehumano).

Anoche yo estaba muy disgustada debido a lo mal que lo había pasado Lucas. Estaba enfadada con todo el tema del avituallamiento, no me lo sacaba de la cabeza, y no entendía que nadie hubiera pedido disculpas. Odiaba la injusticia de esas horas que había sufrido tanto Lucas y no podía dejar de llorar. Me sentía culpable por haberme sentido bien cuando él estaba tan mal. Tal era mi disgusto que no fue hasta el momento de entrar en casa más de dos horas más tarde que me di cuenta que no había bebido ni comido nada desde el último avituallamiento. En el espejo vi que yo también tenía los ojos un poco hundidos y la lengua blanca. Me había preocupado tanto por Lucas que me había descuidado a mí misma por completo.

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Hoy veo ya las cosas con otros ojos. Finalmente, hace unos minutos, la organización de Transvulcania ha emitido un comunicado en el que en el último párrafo por fin se disculpa por el error en la medición entre avituallamientos y tengo que decir que eso les honra. A lo largo de todo el día ha habido quejas y por fin han hecho una declaración en la que dicen que abrirán una investigación para entender qué es lo que ha sucedido. Espero que el año que viene no se repita esta situación que empañó la carrera para muchos corredores.

Además, he empezado a ser más optimista y no puedo dejar de pensar en lo buena que me ha resultado esta carrera de cara a Leadville. Sí. Acabo de terminar los 73k y no por ello se me han quitado las ganas de acometer las 100 millas en verano. En esta carrera he visto que los entrenos de Rober están funcionando, hoy no tenía molestias más allá de las ampollas en los pies y cansancio muscular bastante moderado. He podido comprobar que me siento bien en la larga distancia pese al desnivel, he visto que mi cocktail de omeprazol + fortasec ha eliminado por completo mis molestias gastrointestinales y he descubierto que las gominolas energéticas son lo que mejor asimilo en carrera, y lo que menos me cuesta tragar.

Lucas también se encuentra mucho mejor. Él si que tiene muchos dolores musculares y aún tenía calambres por la noche, pero cada vez tiene mejor cara y está feliz con su camiseta de finisher. Hoy nos hemos emocionado cuando al entrar en un restaurante nos han aplaudido los presentes al ver nuestras camisetas.

Y, sobre todo, hemos cumplido el sueño de completar la Transvulcania. Quizá vuelva otro año para intentar completarla en menos tiempo y con menos sufrimiento, acompañada de Lucas. Ojalá podamos de nuevo algún día escaparnos para correr sobre las nubes, rodeados de volcanes.

En todo caso, no puedo más que agradecer a La Palma su cariño. Jamás había visto un público tan entregado y tan cariñoso. Los voluntarios, un 10. Nos cuidaron, nos mimaron. Sois la leche. El personal de emergencia, la gente de la cruz roja. Gracias. Sin vosotros quizá alguno no lo hubiera contado. Gracias a los que nos disteis manzana cerca del Pico de la Cruz y al señor que nos dio los últimos sorbos de su última coca cola. Gracias a Sandra que nos esperó en meta con una sonrisa pese a que unas horas antes había tenido que ver cómo bajaban a su marido de un helicóptero totalmente deshidratado. Gracias a todos los que nos seguisteis por redes sociales, a los que nos disteis ánimos, a los que estáis siempre ahí. Gracias a mis padres por seguir queriéndome pese a mi locura por los ultras. Gracias Rober por estas semanas de entrenos previas a Transvulcania en la que he mejorado muchísimo. ¡Por favor que no te vuelvan a sacar en helicóptero de ninguna carrera que con una vez ya vale!

Y gracias a Lucas por no haberme tirado barranco abajo cuando le iba cantando canciones infantiles en el kilómetro 59 para intentar que se animara. Prometo que nunca jamás volveré a cantar “Un pollito, se balanceaba, sobre la tela de una araaaaaaña”. Creo que me afectaba a mí también el calor. Ahora en serio, gracias por haberme controlado en los primeros kilómetros cuando el ansia me llevaba a correr, lo que hizo que pudiera llegar entera a meta. Gracias por poner cabeza donde yo sólo tengo locura. Gracias por todo. Te quiero. No quiero volver a verte sufriendo tanto, ¿ok? Nunca jamás. Prohibido.

Bueno.

Pues si aún tenéis ganas de ver el video de la carrera después de la pedazo de chapa que os he metido, ahí va.

Gracias por estar ahí.

Besos a porrón.

(SOMOS FINISHERS!!!!!!!!!! YEAH!!!!)

Alma

 

 

Mi experiencia en Podoactiva y la Carrera Wings for Life

Hola!!!

Otra vez yo por aquí!

Acabo de llegar a La Palma de cara a preparar la Transvulcania con Rober, su mujer Sandra, y Lucas. (Bueno. Vamos a ser realistas. En realidad venimos tan pronto porque encontramos una casita en alquiler con piscina… y total… ya que íbamos a viajar igual… jejeje).

Así que  ya que mi siguiente post va ir sí o sí sobre la Transvulcania (si sobrevivo, claro… Que también puede ser que este sea mi último post!!!! jajajaja. Pero bueno, vamos a intentar que no!!) os quería contar un par de cosas que creo que os pueden interesar :)

La primera es mi visita a Podoactiva. Muchas veces me preguntáis sobre el tema “plantillas” y “pisada” y espero que esto os pueda ayudar.

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Cuando empecé a correr (hace ya cinco años!! justo los cumplió ayer!), usaba unas zapatillas de deporte que eran las mismas que usaba para ir al gimnasio y demás. Poco después, cuando fui voluntaria en el Maratón de Frankfurt de 2010, me hicieron por primera vez un estudio de la pisada y me dijeron que era “pronadora”.

Por aquél entonces estaba de becaria viviendo en Alemania y lo último que podía hacer era permitirme unas zapatillas especifícas así que seguí corriendo con lo que tenía. El problema fue cuando empecé a entrenar más regularmente y a meter más kilómetros: tenía siempre alguna molestia, aunque fuera leve, en las piernas.

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La primera medida que tomé fue usar zapatillas específicas para mi tipo de pisada.

Aún así, a medida que metía kilómetros seguía notando ciertas molestias y todo indicaba que se debía a la pisada.

Me hice mis primeras plantillas casi dos años en una clínica podólogica que tenía poca experiencia (o ninguna, pese a lo que decían en su publicidad) en plantillas para corredores: me hicieron unas plantillas durísimas, muy gordas y pesadas, que no me entraban en ninguna zapatilla de correr y que sólo podía usar con zapato de calle ya que cualquier intento de hacer deporte con ellas me producía ampollas y mucho dolor.

Comencé a usarlas en los zapatos de calle y noté efectivamente una cierta mejora en mis sensaciones y también empecé a cansarme menos al estar de pie. ¡Pero no podía usarlas para correr!

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Desde entonces había estado usando para correr unas plantillas que venden en Madrid Running Company que me ayudaban a estabilizar bastante mi pisada en cualquier tipo de zapatilla, pero claro, al ser estándar seguían sin ser 100% perfectas para mí.

Así que finalmente, y debido a que llevo muchísima carga de kilómetros últimamente, me he decidido a “dar el paso” (y nunca mejor dicho) y visité esta semana la clínica especialista en desarrollo de plantillas para deportistas de la que todo el mundo me hablaba bien, Podoactiva. Me llevé además a Ángel Yuste para que sacara algunas fotos y así poderos contar cómo me había ido (GRACIAS ÁNGEL UNA VEZ MÁS!!!).

Antes de contaros cómo me fue, quería agradecer a Podoactiva que me permitieran hacer este reportaje sobre mi análisis biomecánico de la pisada, ya que no en todos los sitios te facilitan tanto las cosas. Muchísimas gracias.

A lo que iba.

Que el miércoles pasado me realizaron un estudio biomecánico de la pisada: me analizaron el pie tanto en posición estática como dinámica y también cómo mi forma de pisar afecta a la rodilla, la cadera y la columna.

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Tras una exploración en camilla (donde la especialista que me trató detectó algo que ya sabía yo desde hace tiempo, que tengo una pierna más larga que otra, lo cual me afecta muchísimo a la forma de andar), también me estudiaron la huella plantar. Resultó que tengo los pies “cavos” y que encima apoyo mucho más con un pie que el otro. (Ay Dios! soy deforme total!!!! jajaj).

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Me analizaron la pisada también caminando y después corriendo sobre una cinta especialmente diseñada para medir las pisadas y donde me grabaron en video.

¡¡Horror!!

Finalmente veía lo que ya me había dicho alguna persona con anterioridad al verme correr: que prono exageradamente, sobre todo con mi pierna derecha. ¡¡Me quedé espantada de mi propia pisada!! ¡Parece que se me va a salir el tobillo del pie!

De hecho la chica me preguntó si tenía alguna molestia en concreto y al decirle que “en estos momentos no” se quedó sorprendida de que pudiera correr así sin lesionarme!! jajaja.

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La verdad. No pude quedar más contenta con el análisis y con el trato que me dieron, sobre todo tras la decepción que sentí con mi anterior experiencia en aquella clínica podólogica en la que se limitaron a mirar mi pisada de forma estática y me dieron unas plantillas imposibles de utilizar para correr.

Aunque me sentí un poco deforme al saber que pisaba tan horriblemente mal (qué le vamos a hacer, la vida es así!), me gustó mucho poder saber finalmente, entre otras cosas, qué era lo que hace que en montaña tenga tantas molestias en las articulaciones del tobillo (y tan diferentes de las molestias que tiene la gente que pisa bien).

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En resumen.

Que efectivamente necesito plantillas. Aún no me han llegado pero me las están fabricando a medida (me tomaron un molde del pie con láser) y espero pronto poder empezar a contaros qué tal me está yendo con ellas, qué tal me sirven para correr y demás.

Sinceramente creo que si tenéis molestias repetidas y estáis entrenando con regularidad es muy interesante realizarse un estudio de este tipo, ya que podéis descartar que sean molestias debidas a una pisada incorrecta o al tipo de calzado incorrecto. Y si se deben a eso, las plantillas deberían hacer que desaparezcan las molestias.

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Y tras este resumen sobre los estudios de pisada, os quería contar que este domingo se celebró la carrera Wings For Life, de la que ya os hablé en su momento cuando fue presentada en Madrid.

Esta carrera 100% benéfica patrocinada por Red Bull se celebraba a la vez en un montón de países y tenía como objetivo recaudar fondos para la investigación de las lesiones medulares.

No sé cómo explicarlo… ¡¡fue una auténtica pasada!! Si recordáis lo que os conté, esta es la única carrera del mundo en la que es la meta la que te persigue a tí, y no al revés.

En primer lugar, fue súper especial porque fue la primera vez en todos los miembros del Panceta Team (los originales y Rober, que se incorporó más tarde al equipo) corríamos juntos. Además porque corrieron también la carrera Monique, Francia y Vanesa, que hasta este momento siempre habían colaborado con el Panceta Team como apoyo y que finalmente se calzaron las zapatillas por una buena causa. A nuestro equipo se unieron un montón de corredores que también sumaron kilómetros por la buena causa, como Isabel o Alberto, y también muchos otros a los que desvirtualizamos en carrera.

Así que antes de nada, gracias a todos los que os apuntasteis al Panceta Team, incluida la gente que no llegamos a saludar. Sois unos cracks.

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Además fue especial porque el reto era muy diferente a otras carreras: queríamos correr 25k y para conseguirlo teníamos que ir a una media de 5 minutos el kilómetro, aproximadamente, o el coche nos alcanzaría antes de cumplir la distancia.

Rober iba a ir por delante, para correr 30k y el Panceta Team original (Jesús, Ullé, Lucas y yo) iríamos a la búsqueda de los 25k acompañados en principio por Rosa Asensio, Barrantes y Carlos Mascías. En los cajones nos despistamos y finalmente sólo dimos con Rosa así que hicimos piña los cinco y empezamos a correr.

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A las 13:00 dieron la salida (a nivel mundial!!) y los dos primeros kilómetros fuimos con alegría: el circuito era favorable, había mucha gente animando… Y entonces, en torno al km 4, empezaron las cuestas. ¡Madre mía qué cuestas! ¡Cómo picaban! Pronto se nos descolgó Rosa Asensio, que finalmente hizo sólo 20, pero nuestro grupo aumentó casi de inmediato al unirnos a Cristina Mitre, Clara Montoya y Marta Larralde que, como nosotros, querían alcanzar esos 25k y que avanzaban a muy buen ritmo.

Hicimos grupeta y para adelante. Pronto se nos unió también Borja, de #loshombresdelbarrio. El recorrido consistía en seguir la carretera que une Aranjuez con Toledo y, madre mía, ¡¡se hizo muy duro!! Fuimos hablando casi todos los kilómetros, gracias a Dios, porque no había casi nadie animando (sólo de cuando en cuando algún motivado que se había ido con el coche al quinto pino a darnos ánimos!). Molaba saber que todos los locos que estábamos corriendo por esa carretera en medio de la nada lo estábamos haciendo para recaudar fondos por una buena causa.

Los kilómetros fueron pasando y fuimos conociendo más corredores por el camino. Incluso corrimos algunos kilómetros acompañados por Carlos Sainz Jr! (muy majo el chaval!). Hacia el km 23 empezamos a ver, en la lejanía, el “catcher car”. Se acercaba lentamente pero ¡¡ya estaba allí!!

Corrimos y corrimos y os juro que a pocos metros del km 25 pensé que no lo iba a lograr: sinceramente, me dolían las piernas de tantos kms recorridos las últimas semanas, estaba cansada, tenía sed y quería comer algo! Que eran las 3 de la tarde!!! Pero alcanzamos el 25 e incluso seguimos corriendo unos cientos de metros más Marta, Cristina y yo al grito de “que nos pille corriendo, que nos pille corriendo”.

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Volvimos al avituallamiento del 25 a recuperar fuerzas hasta que nos recogiera el autobús que había de llevarnos de nuevo a la salida. La sensación de satisfacción era total y los Panceteros originales nos unimos al resto de Panceteros en Aranjuez para comer. ¡¡Habíamos logrado cumplir nuestro objetivo!!

Eso sí, primero estuvimos pegados a las pantallas para ver cómo Chemita Martínez llegaba hasta el km 59 antes de que le alcanzara el Catcher Car. ¡¡Emocionante!! Después esperamos a que volviera a la línea de salida para darle la enhorabuena. Increíble la energía que transmite este hombre, en serio.

Fue un gran día, la verdad. Estamos deseando que llegue la próxima edición de esta carrera!!!

Y ahora me despido que vamos a investigar la isla!!!!!

Intentaré iros contando qué tal aquí, pero me va muy mal el internet del móvil y es lo único que tengo!

Mil besos!!!

Alma