Kosta Trail 2015 y mis primeros pasitos con Pronaf

Hola!

He vuelto! Perdonad mi silencio… ¡llevo unos días de locos!

Hoy quería relataros mi experiencia en una de las carreras más preciosas que he corrido hasta el momento: la Kosta Trail. Además quería contaros cómo están siendo mis primeros pasitos con Pronaf, el centro especializado en nutrición y actividad física que tiene su sede en el Inef y que están llevando mi nutrición de cara a mi participación en Leadville este verano.

Pero empecemos por la Kosta Trail.

En dos palabras: Im – Presionante!

El día 14 de junio despertábamos temprano Lucas y yo en casa de mis tías en Laukiz, convenientemente situada a escasos 15 minutos de la salida de la carrera. Desde un principio respirábamos aliviados al ver que el cielo estaba descubierto y el sol brillaba radiante. Las lluvias del día anterior (que nos tenían acongojados… por no decir acojonados) habían cesado. Los pies me dolían, lo justo, tras haberme pasado el día anterior impartiendo cursos en Bilbao.

Mochila si… mochila no… Las dudas me corroían. Me había llevado mi querida Salomon S-lab pero miraba el perfil y veía tantos avituallamientos… Al final la eché al coche, junto con unas gominolas energéticas y dos geles. Nos esperaban 30 kms de sube baja, rampas y acantilados. Ah! Y barro… mucho barro.

Dieron la salida a las 9 de la mañana y… los primeros kms transcurren por asfalto. Unos kms en los que pude ser consciente de lo duras que pueden ser mis zapatillas Bushido cuando no están sobre tierra. Dolor de pies. Auch! Las cuestas empezaron casi desde el km 1. Bastantes rampas, cuestas empinadas… Pero al ser en asfalto nos hicimos los valientes y mantuvimos la cabeza alta, corriendo cuesta arriba. Ya caminaríamos cuando llegara el barro y la tierra.

 

Pronto entramos en una zona de barro… ¡¡qué barro!! Me río yo de la Spartan Race. Este barro era el barro más pegajoso sobre el que jamás haya corrido. Cuesta abajo parecía en todo momento que ibas a resbalar y bajar haciendo la croqueta. Finalmente salimos de ese pequeño bosquecito y comenzamos a correr camino de la costa. Nos acercamos a Plentzia, donde recordé cómo habíamos estado las pasadas navidades con Tris y me emocionó mucho.

Foto de Aner Toscano
Foto de Aner Toscano

Pasado el primer avituallamiento llegábamos finalmente a la zona de costa. Sin palabras. ESPECTACULAR. Qué PRECIOSIDAD de entorno, de paisaje. Qué forma de ver de nuevo todas esas playas en las que me he bañado tantas veces de pequeña, ahora desde arriba, casi a vista de pájaro. Corrimos durante varios kilómetros por la zona superior de los acantilados, por caminos que quedaban casi ocultos por la densa vegetación. Corrimos también por la playa y subimos y bajamos en múltiples ocasiones de los acantilados a la playa. Durísimas las subidas, cortas pero muy escarpadas, que nos obligaban a echar las manos al muslo y apretar los dientes.

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El ambiente, increíble: en varias ocasiones nos cruzamos con los participantes en las marchas populares que se celebraban de forma paralela y que nos animaban sin parar. Qué maravilla ver tantos niños haciendo deporte en familia desde tan pequeños! Fantástico!

Transcurrieron los kilómetros y finalmente llegamos al km. 20, a partir del cual se entraba en la zona de Munarrikolanda. Los últimos 10 kms se nos hicieron durísimos. El barro no ayudaba (¡¡subí a gatas alguna de las rampas más empinadas, ya que resbalaba!!) y al estar situado tan cerca de Sopelana, ¡se oía todo el rato el speaker de meta de fondo! ¡Era una tortura oirlo y saber que aún nos faltaban 10 kms! Lucas y yo seguimos paso a paso, inseparables siempre, hasta la meta.

Foto de Itxu korrikolari

 

Para mí, esta última zona boscosa fue la más dura y de hecho fue en la que más tardamos, en comparación con los 20 kms anteriores. Finalmente, cumplimos el tiempo previsto de 4 horitas, aunque pasamos muuuuuuuucho calor! Realmente fue un acierto llevar la mochila porque nos hizo falta agua entre avituallamientos, aunque pasar calor mereció la pena para poder disfrutar de todos los paisajes con ese sol radiante.

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En resumen. Una carrera preciosa, súper recomendable, con ambientazo y un entorno incomparable. Esperamos repetir.

Como os contaba al principio del post, también os quiero contar mis primeros pasos en Pronaf. De un tiempo a esta parte estoy comiendo fatal (tengo poco tiempo, me toca comer fuera muchos días…) y acabo siempre comiendo rápido, mal y sintiendo gran falta de energía cuando toca entrenar. Esto, unido a que la alimentación de cara a Leadville me tiene bastante asustada (ya sabéis de mis problemas gastrointestinales en las carreras de larga distancia!) me animó a dar el paso y acercarme a INEF para que la gente de Pronaf empezara a llevar mi nutrición.

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Sinceramente la primera impresión fue buenísima. Conocí a Ana, Carmen y César, todos súper agradables y profesionales. Me pesaron, analizaron mi % de grasa (no pienso compartir esta cifra!!! es secreto de estado! jajaj) y charlamos sobre mis hábitos alimenticios en la vida diaria y en carrera. Entendieron perfectamente mi relación con los dulces (tanto amorosa como profesional) y para la siguiente reunión me pidieron que me hiciera y les llevara unos análisis de sangre y además me pidieron que les contara qué barritas, geles, gominolas… específicas tomo, que apuntara mis comidas durante tres días consecutivos y que les indicara qué suplementos deportivos tenía en casa o tomaba. También era muy importante que les enviara mi plan de entrenamientos y mi calendario de carreras. Además, también me pidieron los datos de mi Fitbit Surge para conocer mi consumo energético a lo largo del día. Es súper práctico ya que analiza mi consumo durante el día y durante la noche, teniendo en cuenta mi actividad y mi ritmo cardiaco.

Ayer me acerqué con toda la información y estuvimos charlando durante largo rato. Ya de primeras, según me iban contando lo que íbamos a hacer, fui consciente de que los días que entreno como muchísimo menos de lo que necesito, así que luego me da un cansancio (y un antojo de dulces brutal) por la noche! También analizamos punto por punto el TP60, al que me enfrento este sábado, para hacer una previsión de lo que debería tomar en carrera.

Hoy finalmente me han enviado mis pautas de alimentación. Tengo tres plantillas diferentes según el día sea de entreno normal, descanso o entreno largo por montaña. Las raciones oscilan y, siguiendo las tablas que me han enviado, tengo que ir diseñando mis menús. ¡Vamos, que me toca hacer los deberes! Además me han enviado las pautas para ajustar las barritas y los geles al TP60 y también para realizar estos dos días una dieta de sobrecarga de glucógeno.

¡Ya os contaré qué tal me va!

Pues bueno, después de esta chapa que os he soltado me despido!! Deseadme suerte para el TP60 que estoy asustada no, lo siguiente!

Muchos besos!!

 

Alma

Spartan Race

Hola, ¿hay alguien ahí?

Perdonad mi silencio tan prolongado.

Llevo pendiente de escribir este post desde hace casi dos semanas pero me retrasé porque no tenía las fotos y después sinceramente no he tenido fuerzas para ponerme a hacer nada. El viernes pasado mi pequeña Tris, la perrita de mis amores, se puso malita de repente y lo que parecía una intervención rutinaria para parar una hemorragia interna nos descubrió que en realidad estaba muy muy malita de cáncer, aunque jamás lo hubieran detectado en su revisiones periódicas. Durante la operación vieron que no había nada que hacer por ella, que estaba gravísima, pese a que nunca lo hubiéramos sospechado por su alegría. Lamentable nuestra pequeña jamás despertó de la intervención :(

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Llevo hecha polvo desde entonces y, sinceramente, sin ganas de nada. No ha habido en el mundo perrita tan cariñosa, tan buena, tan inteligente, tan guapa como Tris. La mejor perrita del mundo. Mi pequeña Tris. Ni siquiera he tenido ganas de salir a correr, ya que volver al Retiro me trae demasiadas memorias con Trisona. Le quería muchísimo, muchísimo, como si fuera mi propia hija. Así que estos días he ido al gimnasio, a crossfit he seguido moviéndome… pero bueno, espero mañana reunir fuerzas y finalmente calzarme las zapatillas para volver a entrenar.

Pero vamos a dejar de hablar de cosas tristes…

Os quería contar cómo fue mi Spartan Race, a la que asistí el pasado domingo 31 de mayo.

La verdad, estaba apuntada para hacer la distancia Sprint (5km y más de 15 obstáculos) y no tenía muy claro qué tal me iba a ir. Ok, la parte de correr no me preocupaba en absoluto, sobre todo con las palizas que me he dado últimamente. Sin embargo los obtáculos me tenían más preocupada. Aunque voy al gimnasio con frecuencia, no soy precisamente ágil ni tengo mucha fuerza en mi tren superior. Sabía que cada uno que no superara implicaría hacer 30 burpees… ¡así que tendría que hacer todos los posibles!

Lucas y yo tomamos la salida en la tanda de las 13.30, con todo el caloret, y la verdad es que lo pasamos genial. Lucas me ayudaba a pasar los muros poniéndome las manos como apoyo… ¡no sé qué habría hecho sin él!

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Sinceramente, como esperábamos, la parte de correr se nos hizo sencilla: era un recorrido pistero, con bastantes sube bajas, pero nada especialmente técnico. Llevábamos las Reebok All Terrain (son las que recomiendan para la Spartan), que tienen mucho taco y un sistema de drenaje para sacar el agua de las mismas y la verdad es que en las bajadas volamos. Hacía mucho calor y meternos en el barro era todo un alivio!!)

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Las pruebas se fueron sucediendo: las barras, los muretes, arrastrar un neumático, cargar con troncos, trepar, levantar peso, arrastrar un ladrillo de cemento, cargar con sacos…

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La verdad es que lo que más me emocionó fue poder superar con éxito las “Monkey bars”. Había visto videos de esa prueba y lo veía imposible. Me colgué de la primera barra pensando que era imposible conseguirlo y sin embargo fui avanzando hasta completarlas. ¡Al acabar se me caían las lágrimas de emoción!

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Sinceramente, fue agotador. Superamos todas las pruebas menos la de trepar la cuerda (que me costó 30 burpees) y la de la lanza (¡otros 30!) pero las demás las hicimos lo más rápido posible. Cada vez veíamos más cerca la meta. Hacía mucho calor y teníamos mucha sed (al correr se levantaba mucho polvo y se secaba la boca) pero finalmente llegamos a los obstáculos finales.

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Creo que los obstáculos más duros para mí fueron precisamente dos que estaban casi al final.

Primero el de arrastrarse por el barro bajo los alambres de espino. Se me clavaban las piedras en las rodillas y los codos, y algún que otro imperdible de los dorsales que habían perdido os participantes anteriores de la carrera. Estaba agotada y me costaba mucho avanzar. Para más inri, un señor que avanzaba haciendo la croqueta decidió prácticamente pasarme por encima para avanzar él, así que fue un poco agobiante.

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Pero el peor, el peor, fue el de subir el muro inclinado con la cuerda.

Tuve la mala suerte de que al subir, un chico se quedó parado justo en el sitio al que yo llegaba, donde tenía que cruzar la pierna, y al llegar arriba no pude pasar al otro lado. Le avisé para que se quitara pero había tanto ruido que ni me escuchó y finalmente, con los brazos agotados de esperar, me caí abajo. Me raspé toda la tripa y la pierna pero no quería abandonar. Vi gente que pasaba por el lateral, pero me negaba a saltarme un obstáculo. Ya sabéis que soy cabezota como nadie. Así que lo volví a intentar, y caí de nuevo. Me fallaban los brazos del cansancio. Finalmente, a la tercera fue la vencida y logré cruzar el dichoso muro. Lucas lo consiguió justo después y pudimos cruzar la meta, no sin antes saltar las llamas de la hoguera que se encuentra justo antes de la misma.

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(Gracias Nadia y Julio por la foto del muro. El resto son de los fotógrafos oficiales del evento)

Acabamos finalmente la carrera en una hora, cubiertos de barro, de raspones y heridas… pero felices.

Creo que es una carrera que te anima a superarte, a intentar dar todo lo que tienes y más, a no rendirte, a luchar. Sinceramente, me pareció una absoluta pasada y estoy deseando que llegue octubre para poder participar en la spartan Race de Barcelona, donde intentaré completar las dos distancias que me faltan (13k y 21k) para así lograr la Trifecta (la medalla que te dan si completas las tres distancias en menos de un año).

Vi la cara de la gente que cruzaba la meta, la cara de orgullo de las chicas que iban cubiertas de barro y con su medalla a cuestas, el cariño con el que los niños miraban a sus padres que finalizaban la carrera… Una pasada. Una absoluta pasada.

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Eso sí. Si váis, prepararos para la verdadera prueba de espartanos, que ocurre justo al final cuando… ¡¡el agua de las duchas está fría!! Sí señor, allí estuvimos duchándonos como campeones con el agua gélida de las mangueras que había para los corredores. La ropa y las zapatillas tuvieron que estar en remojo unas horas y después a base de fregar hemos conseguido que vuelvan a su estado original (más o menos).

¡Si os vais a apuntar a la de Barcelona, avisad, y nos vemos allí!

Ah! y hablando de barro… este domingo corro la Kosta Trail, a ver qué tal me va tras estos días sin correr. Deseando estoy correr por mi tierra.

Mil besos de espartana (AROO AROO AROOOOOO)

Alma

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