El TP60

Hola!

Yo por aqui´, ¡otra vez!

Hoy vengo a contaros cómo fue nuestra experiencia en el TP60 el pasado sábado 27 de junio. Sinceramente, he de decir que aún no nos podemos creer lo bien que nos fue!!!

Para el que no le suene, el TP60 es una carrera que discurre en paralelo al Gran Trail de Peñalara y que consta de 63kms y 5493m de desnivel acumulado. Tiene una primera subida bastante tendida hasta el Puerto de la Morcuera en la primera mitad de carrera y después, en la segunda mitad, la subida más dura, primero hasta Peñalara y luego, tras el paso de Claveles y el descenso a Cotos, hasta Bola del mundo. El mayor miedo eran las temperaturas, que iban a rondar una media de 34-35º (o más) todo el día.

Para mi la carrera era muy importante por dos razones: porque iba a probar por primera vez en carrera los consejos de nutrición de Pronaf; y porque era la prueba de fuego para ver, una vez más, qué tal me sentía de cara a Leadville en Agosto.

Llegamos el viernes por la tarde-noche a Miraflores de la Sierra (el pueblo del que salía la carrera el sábado). Tras una (deliciosa y contundente) cena (para cumplir con la sobrecarga de glucógeno que me habían mandado desde Pronaf) en una trattoría del pueblo (se llamaba Trattoria La Veneziana, por si tenéis que cenar alguna vez antes de una carrera en Miraflores de la Sierra!! Estaba brutal!), nos fuimos a dormir (un ratito) y a las 5:30 en pie!

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En la salida nos encontramos con un antiguo compañero mío del Conservatorio, Víctor, que también iba a enfrentarse al TP60 (¡qué coincidencia encontrarnos aquí!) y algunos otros conocidos de las carreras: Arantxa, Anita, Irene… ¡y muchos más! A las 7 en punto dieron la salida… ¡¡a correr!!

Los primeros kilómetros empezamos a bastante ritmo, ya que la subida no era muy pronunciada y permitía subir corriendo sin necesidad de caminar. Lucas no se encontraba muy bien esos primeros kilómetros (¡¡odia madrugar!! jajaja) y a ratos se me quedaba atrás. Las sombras de lo mal que lo pasó en Transvulcania me tenían totalmente angustiada, sabía que iba a hacer calor y no quería volverle a pasar por algo así. Sin embargo pronto las cosas se encarrilaron. Tomamos la primera barrita antes de llegar al avituallamiento, tal y como había planeado con Pronaf, para cumplir con la ingesta adecuada de hidratos de carbono por hora, y la verdad es que una vez pasado el avituallamiento Lucas empezó a meterse en carrera y empezó a tirar en los kms de descenso hasta Rascafría. Teníamos que ganar minutos sin quemarnos, ya que sabíamos que un agotamiento excesivo en el descenso lo pagaríamos después en el segundo ascenso.

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En Rascafría vimos a mis padres, que de verdad que son lo más grande que hay, y que nos animaron como locos, y también a Rober, nuestro entrenador para esta carrera, que se estaba enfrentando al GTP110. Y seguimos adelante. Continua,mos con la ingesta de hidratos (en este caso con gominolas e isotónica) y por primera vez desde hace bastante tiempo, sentía súper asentado el estómago, y sin ninguna molestia… yo que últimamente casi ni comía en las carreras por miedo a encontrarme mal, ¡resulta que la solución era exactamente lo contrario! Mantener la ingesta controlada de hidratos estaba funcionando. También Lucas se sentía cada vez mejor y nos turnamos el ir en cabeza: a cada rato tiraba uno.

La subida al Reventón la sufrimos un tanto, sobre todo por el calor, pero el verdadero reto, para mí, fue el paso de Claveles. Yo, que había tranquilizado a mi pobre padre diciéndole “No es para tanto!!!” pasé un poco de miedo en mi primera experiencia cruzando ese maravilloso paso formado por bloques inmensos de granito. Las vistas, brutales, mis nervios ¡BRUTALES! A cada paso pensaba que un resbalón me iba a dejar maltrecha y magullada entre dos bloques. Sin embargo, lo franqueé finalmente, con los ánimos de Lucas que es un santo.

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La croqueta, que había estado esperando acechante durante más de 40 kilómetros, apareció por fin, cuando me había relajado de los nervios pasados en Claveles y BUM! al principio de la bajada a Cotos me esnafré como sólo yo sé hacerlo y acabé con una rodilla sangrando y el antebrazo amoratado. Pero oiga, que no me iba a parar ahí! Así que tiramos hacia abajo como si nada. Eso sí, yo iba levantando los pies del suelo cual cosaco en plena danza, por miedo a irme al suelo de nuevo.

En Cotos, mis padres de nuevo, animando y contentísimos de verme tan bien, pero sobre todo, de ver que Lucas estaba sintiéndose mejor que nunca. Quedaban 15 kms a meta. 5 de subida y 10 de bajada. La carrera estaba hecha.

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La subida a Guarramillas la hice con el gancho, siguiendo los pasos de Lucas, que parecía inmune al calor y al cansancio. Y ya en Bola, se nos saltaron las lágrimas recordando que hace justo un mes la pequeña Trisona disfrutó de las vistas desde allí cuando estuvimos en la Tres Refugios. La bajada la sufrí, ¡cómo la sufrí! Venía un tanto preocupada por la caída y la primera mitad, con mucha piedra suelta y raíces, se me hizo eterna. Requería mucha concentración y al final hasta me dolía la cabeza. Y entonces, llegó la pista. Al fin. La pista que ya recorrimos (en dirección contraria) en la Madrid Segovia, y que en aquél entonces se me hizo eterna, esta vez fue un alivio. Sí, hacía un calor horroroso y no había ni una sombra, pero poder correr sin estar pendiente dónde poner tu pie a cada paso… ¡¡eso no tiene precio!!

Finalmente, entrábamos en Navacerrada 9 horas y media más tarde de haber comenzado a correr aquella mañana. Sinceramente, estábamos flipando. En nuestros mejores sueños habíamos pensado que, si se daba bien, podríamos estar en torno a las 10-11 horas. ¡¡Íbamos a entrar por debajo de 10!! Con el subidón, comenzamos a apretar y entramos a todo trapo en la recta final. A mí se me hizo eterna, pero la felicidad era tal, que tocó apretar los dientes y llegar hasta la meta. Allí, de nuevo, mis padres. También el gran Depa Runner, al que conocí en Transvulcania, y un montón de gente que nos saludó con muchísimo cariño. Acabábamos de completar el TP60 en 9h36, lo que me hizo ser 12ª mujer de la general!

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La verdad es que nos quedamos muy felices de haber podido completar así la carrera. ¡¡Nuestro último ultra antes de casarnos!!

Podéis ver el video aquí:

Me toca dar las gracias a Rober, por los entrenos; a Pronaf, por guiarme en estos meses previos a Leadville para conseguir que mi alimentación sea la más óptima de cara a completar mi reto veraniego; a toda la gente que me animó en carrera y a los que me animáis por aquí y por RRSS; y, sobre todo, a Lucas, por acompañarme a cada paso, una vez más.

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Ahora se acerca ya la hora de la verdad. A menos de dos meses de Leadville he de confesar que estoy acojo… ATERRADA!

Ya os contaré, ya.

Besos a porrón!

 

Alma