Boston 2017

No tengo perdón.

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Han pasado casi 3 semanas desde el Maratón de Boston… ¡¡y yo sin publicar mi reseña!!

Quizá, si me seguís en rrss habréis visto que subí ya el video a youtube, os lo dejo al final del post para que lo veáis, pero quería contaros un poco más a fondo la experiencia.

Como sabéis, preparar este maratón ha sido especialmente duro. Empecé a entrenar para él en enero, cuando Bruno acababa de cumplir 5 meses. Fueron sido muchas semanas de entrenos sin dormir suficiente, de entrenos con el Bugaboo Runner a cuestas, entrenos a deshora y entrenos perdidos… pero, sobre todo, muchas semanas de dudas: ¿de verdad iba a poder correr un maratón? ¿de verdad iba a aguantar de nuevo 42 kilómetros?

Por el camino hicimos dos medias, la de Fuencarral El Pardo y la de Madrid. Las sensaciones buenas, y aún así me asaltaba la duda: ¿podría superar el muro? ¿cruzar la meta de un major de nuevo?

Por fin llegó la semana previa al maratón y volamos a Estados Unidos. Pasamos primero 4 días en Washington, aprovechando ya que habíamos cruzado el charco con Bruno y los abuelos, donde hicimos turismo a saco. Las piernas, agotadas, los nervios ¡cada día más presentes!

Por fin el viernes anterior al maratón (que se corre un lunes) llegamos a Boston. ¡Qué emoción! La ciudad entera se tiñe de los colores del maratón. Corredores a cada esquina. Recuerdos del maratón de 2013 en cada rincón. Fue pisar el asfalto de Boston y sentir la energía de la ciudad y de un maratón centenario.

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Lo cierto es que tuvimos mucha suerte y conseguimos hotel justo al lado de la meta (y digo suerte porque lo conseguí in extremis, allá por febrero, a un precio bastante razonable… ¡y hasta que no estuvimos allí en la habitación pensé que me habían tangado y que el hotel no existía! me parecía imposible!). Así que el mismo viernes fuimos a la feria. Ya dorsales en mano nos compramos la chaqueta oficial del maratón. ¡Impensable no hacerlo!

Sábado y domingo fueron dos días de turisteo moderado, de momentos emocionantes (como poder saludar de nuevo a mi querido y admirado Scott Jurek, y presentarle a Bruno y contarle que corrí Leadville 100!!!) y de  disfrutar de la belleza incomparable de una ciudad tan bonita como Boston.

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El domingo por la tarde ultimamos la estrategia y el lunes dejábamos a Brunito con los abuelos en la habitación y a primera hora salíamos hacia Hopkinton en uno de los autobuses que la organización proporciona a los corredores. Ya en el autobús se me saltaban las lágrimas por los nervios. ¡Qué emoción! ¡Nuestro tercer major!

Como buena corredora maniática llevé los mismos pantalones Adidas con los que en 2013 corrí mi primer maratón, el de Madrid. En mi bolsillo, el billete de 10€ que aquél día llevaba conmigo por si no acababa y necesitaba un taxi (billete que me ha acompañado desde entonces en todas las carreras, y que aún nunca he necesitado!). Geles, los nuevos Hydro Energy de Victory Endurante, que son una pasada. Zapas, las Adidas Supernova Boost, que fueron al final las elegidas para afrontar este major.

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Los nervios iban in crescendo: la temperatura era altísima y el sol brillaba como nunca. Nuestro cajón salía a las 11.15 e íbamos a pasar calor, sí o sí.

Pises de rigor, vaselina en todos los rincones “rozables”, gafas de sol y al cajón de salida. Los primeros kilómetros fueron rarunos: la animación era increíble pero como Lucas y yo salíamos de un cajón muy lento casi no podíamos correr. Fueron kilómetros en los que fuimos a tirones, incómodos. Es una zona un tanto estrecha y no había forma de adelantar a los corredores que se paraban casi por completo en las cuestas.

Por fin, hacia el kilómetro 5 o 6 empezó a liberarse, y pudimos empezar a correr cómodos. El objetivo era llegar a meta. Habíamos planteado terminar en torno a las 4 horas, aunque yo lo veía muy difícil.

Los primeros kilómetros fueron pasando con buenas sensaciones. Casi hasta el 10 es sobre todo cuesta abajo, aunque los repechos no te los quita nadie. Hacía muchísimo calor pero había agua y gatorade a cada milla. La animación, increíble, no había un rincón sin gente gritando. Además, la gente repartía trozos de naranja, hielos, sandía, golosinas, agua… increíble.

Creo que, quizá, la mejor forma de describir Boston es comparándolo con la Behobia. Vaya, que es como la Behobia, una carrera que tiene gran parte por carretera, pero multiplicada por 4 o 5, jeje, tanto en gente animando como en número de cuestas horribles!!!

Mi calvario comenzó hacia el 21km. Empecé a sentirme sin fuerzas, a ver que me faltaba el aire y que no podía pensar muy claramente. El calor me estaba afectando y le avisé a Lucas de que iba a tener que bajar el ritmo. Hacia el km 25 la pájara era evidente: casi no podía hablar, estaba mareada, y aunque podía seguir corriendo, empecé a sentir que podía desmayarme en cualquier momento. Lucas, preocupadísimo, empezó a conseguirme avituallamientos alternativos del público que yo iba tomando mientras corría a duras penas: primero un hielo, luego un trozo de sandía, unos gajos de naranja… Eso, unido al gel de cafeína que me tomé (¡¡no había tomado una gota de cafeína desde que me quedé embarazada allá por noviembre de 2015!!) empezó a hacer efecto y comencé a recuperarme. En el km 28 empezaba a estar bien de nuevo. Había pasado el peor muro de mi vida. El más temprano también.

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Y desde ese momento todo fluyó. Empecé a ver cómo bajaban los kilómetros. Cómo la meta estaba cada vez más cerca. Cómo ya, por fin, estábamos restando. Hacia el kilómetro 30 tuve claro que iba a acabar el maratón. Que iba a cruzar la meta de mi tercer major.

Creo que empecé a llorar cuando vimos a lo lejos la torre del Prundential Center, situada al lado de la meta. Fueron los últimos kilómetros más emocionantes de mi vida. Después sucedió lo más increíble. A menos de un kilómetro de meta vi a mi padre entre el público. Y tenía a Bruno en brazos. ¡¡Lo habían conseguido!! ¡¡Iban a vernos pasar!! Pese a la cantidad de gente, a los brutales controles de seguridad, ¡¡allí estaban!! Mis padres y Bruno!!!!!! Nos acercamos como locos, le cubrimos de besos y, con las fuerzas recobradas al mil por cien, encaramos los últimos metros del maratón.

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Y llegamos a meta. En 4 horas 54 segundos. Con Lucas, sin el que nunca jamás hubiera podido conseguirlo.

El maratón más emocionante de mi vida. El más duro. El más sufrido. Pero sin duda el que nunca olvidaré.

Gracias Adidas España (especialmente Delia y Javi) por la parte que os toca ❤️❤️, Agustín Rubio por entrenarnos con tanto acierto como siempre, Albert por los entrenos de fuerza. Gracias a todos los que nos animasteis desde la distancia. Y sobre todo gracias papá, mamá y Bruno porque nos disteis fuerzas a cada paso.

Hoy he corrido la Carrera de la Mujer, con el carrito, pero eso es otra historia. Os lo cuento la semana que viene, prometido!

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Besos a porrón!

Ah!

El video:

Alma