Cáncer: cómo puede ayudarte el yoga

Puede que sea vuestro propio caso, el de un familiar o alguien de vuestro entorno. Pero, ¿quién no sabe hoy en día lo que es y lo que supone esta cruel enfermedad? Quién no ha perdido a alguien incluso…

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Ya sabéis que soy profesora de yoga y que creo enormemente en sus beneficios físicos y mentales, pero ahora tengo uno más que contaros: es una gran herramienta terapéutica para ayudar y acompañar en todo el proceso a los supervivientes de cáncer.

Descubrí esta práctica hace poco gracias al Zentro Urban Yoga, donde Amy Dara, una gran experta en esta disciplina, imparte formaciones a profesores. Con ella hablé hace dos semanas para escribir un artículo sobre este tema. Aquí os resumo lo que Amy me contó, por qué utiliza la palabra “superviviente”, cómo es este tipo de yoga y cómo puede ayudar a quienes están pasando por este durísimo momento.

Supervivientes

¿Por qué esta palabra? Es lo primero que le pregunté a Amy Dara, una experta que lleva seis años impartiendo formaciones en Estados Unidos y Europa. “La palabra superviviente o sobreviviente se aplica a las personas vivas diagnosticadas con cáncer y que están en tratamiento o ya lo han superado”, me aclaró.

Amy, que vive e imparte yoga en Washington (también en un hospital), se interesó por este tema a través de los supervivientes de cáncer que acudían a sus propias clases y que, obviamente, tenían necesidades especiales que no sabía atender. Dara se formó con Tari Prinster, otra profesora a la que ayudaba y que, tras superar un cáncer de mama, desarrolló el programa “Yoga for Cancer Survivors”.

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Beneficios en todas las etapas

Como me explicó Amy, el yoga puede practicarse en todas las etapas de la enfermedad aunque, “cada superviviente tiene un tratamiento diseñado para su propio tipo de cáncer: unos solo necesitan cirugía, otros requieren tratamiento para siempre, y la mayoría necesita algo de cada y tendrá que realizarse revisiones y pruebas de forma periódica.

Pero, como dice Dara, “cualquier paciente de cáncer puede mejorar tanto su estado físico como emocional durante toda la enfermedad practicando yoga”. Estos beneficios, avalados por estudios, se extienden a la calidad del sueño, el cansancio y la ansiedad que genera esta enfermedad, además de ayudar a reducir la ingesta de medicamentos. Amy los detalla en cada etapa del proceso:

Diagnóstico. “La práctica del yoga ayuda a preparar el cuerpo (fortalecer los músculos y los huesos, mejorar la flexibilidad y el equilibrio) y la mente (superar el trauma de recibir el diagnóstico y el miedo a la incertidumbre) para los tratamientos”.

Cirugía. “Mejora el sistema inmunológico moviendo la linfa a través del cuerpo, reduce el riesgo de coágulos de sangre y ayuda a la adecuada curación de la zona intervenida.

yoga

Quimioterapia / inmunoterapia. “Alivia la fatiga, mejora la concentración, calma el malestar estomacal y aumentar la autoestima después de la caída del cabello”. Este último punto me parece muy importante, ya que sé, por alguien muy querido y muy cercano, cuánto le afectaba y preocupaba este tema…

Radioterapia. “Reduce el riesgo de rango limitado de movimiento de las zonas afectadas por quemaduras y alivia las molestias de quedar en la misma posición durante un tiempo prolongado en la máquina de radioterapia”.

Terapia hormonal. “Equilibra las fluctuaciones del estado de ánimo, ayuda a prevenir el aumento de peso y a gestionar los sofocos”.

Fin del tratamiento. En esta fase el yoga “ayuda a restaurar la normalidad en el cuerpo y la mente, a reducir el riesgo de depresión después de quedarse solo después de tanto tiempo con el equipo de atención médica y cuidadores, y a prevenir y controlar los efectos secundarios a largo plazo de los tratamientos”.

Pruebas para la detección de cáncer. En estos casos, según Amy, practicar yoga puede ayudarnos mucho a aliviar la ansiedad.

Pero además, Amy me recalcó que, “en cada etapa del proceso el yoga mejora el estado de ánimo y faculta al superviviente a cuidarse”. Además, “las clases también sirven para beneficiarse del apoyo y la inspiración de los otros supervivientes”, dice. Y yo creo sinceramente que hacer algo de ejercicio suave, guiado y terapéutico junto a otras personas que están pasando o han pasado por lo mismo que tú, con quienes ni tienes que preocuparte de tu aspecto o tu estado emocional, puede ser muy gratificante y beneficioso.

Pero, ¿puede cualquier paciente de cáncer practicar yoga? Como explica Amy, sí, ya que “la práctica puede adaptarse a las necesidades únicas de cada persona en cada etapa del tratamiento”.

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Cómo son las clases

Las sesiones de yoga para el cáncer duran entre 60 y 75 minutos. “Se trata de una combinación de Hatha, Vinyasa y restauración; se practica una combinación de posturas, técnicas de respiración y meditación”. “Y siempre de forma adaptada a las necesidades de los alumnos”, señala.

Los beneficios de esta disciplina son innumerables para los supervivientes de cáncer, pero también existen contraindicaciones y posturas que no deben hacerse nunca: “las posturas de inclinación hacia delante y de torsión fuertes deben evitarse por el riesgo de fracturas vertebrales, porque muchos tratamientos de cáncer tienen como efecto secundario el inicio temprano de la osteoporosis”.

“También deben evitarse las posturas que ponen el peso durante mucho tiempo en los brazos en el caso de que el cáncer se localice en la parte superior del cuerpo -por ejemplo la postura del perro boca abajo-, o en los pies en el caso de que la enfermedad haya afectado a la parte inferior, ya que aumentan el riesgo de linfedema”, subraya. Por lo dicho, parece que no se puede enseñar mucho en las clases de yoga para cáncer, pero Amy afirma que quedan muchas opciones. Y efectivamente, el yoga comprende multitud de posiciones y prácticas respiratorias y de relajación que pueden emplearse.

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Deshacer mitos

Como hablaba con Amy, existen muchos mitos en torno a la práctica del yoga durante un proceso de cáncer. De hecho, los que desgraciadamente estáis familiarizados con el tema sabréis que lo que prácticamente todos los pacientes hacen cuando están en tratamiento es simplemente descansar, tienen miedo a moverse y mucho más a hacer ejercicio.

Pero Amy afirma incluso que la práctica de yoga no tiene por qué ser suave: “mucha gente le dice a los supervivientes de cáncer que descanse, cuando la mayoría pueden -y quieren- moverse y hacer ejercicio para calmar su mente”.

“Lo importante es que ellos sepan las precauciones médicas que deben tomar para evitar complicaciones como el linfedema, y que no se sientan presionados para hacer más de lo que son capaces”, apunta. “Un profesor de yoga certificado para enseñar yoga para el cáncer puede mostrarles cómo adaptar la práctica en cada etapa”, dice. Este último punto es importantísimo: la práctica de yoga o cualquier otra actividad física durante el cáncer debe realizarse con alguien experto y de forma adaptada. No sirve cualquier clase de yoga ni actividad, aunque sea suave.

¡Anímate!

Pese a sus beneficios, aún son pocos los pacientes de cáncer que en España se atreven a practicar yoga, sobre todo por falta de información. Si este post te ha animado a hacerlo, Amy te recomienda “ir sin expectativas y estar abierta a lo que sucede, estarás con otras personas que entienden por lo que estás pasando”. Un último consejo de Amy: “Antes de comenzar, preséntate y habla con el profesor acerca de tu tipo de cáncer”.

Dónde practicarlo. En Zentro Urban Yoga puedes hacer un curso o recibir clases. En la Asociación Española contra el Cáncer también puedes encontrar talleres y profesores de yoga par el cáncer. En el MD Anderson Center ofrecen clases de yoga a los pacientes de cáncer.

Cáncer: cómo puede ayudarte el yoga

Puede que sea vuestro propio caso, el de un familiar o alguien de vuestro entorno. Pero, ¿quién no sabe hoy en día lo que es y lo que supone esta cruel enfermedad? Quién no ha perdido a alguien incluso…

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Ya sabéis que soy profesora de yoga y que creo enormemente en sus beneficios físicos y mentales, pero ahora tengo uno más que contaros: es una gran herramienta terapéutica para ayudar y acompañar en todo el proceso a los supervivientes de cáncer.

Descubrí esta práctica hace poco gracias al Zentro Urban Yoga, donde Amy Dara, una gran experta en esta disciplina, imparte formaciones a profesores. Con ella hablé hace dos semanas para escribir un artículo sobre este tema. Aquí os resumo lo que Amy me contó, por qué utiliza la palabra “superviviente”, cómo es este tipo de yoga y cómo puede ayudar a quienes están pasando por este durísimo momento.

Supervivientes

¿Por qué esta palabra? Es lo primero que le pregunté a Amy Dara, una experta que lleva seis años impartiendo formaciones en Estados Unidos y Europa. “La palabra superviviente o sobreviviente se aplica a las personas vivas diagnosticadas con cáncer y que están en tratamiento o ya lo han superado”, me aclaró.

Amy, que vive e imparte yoga en Washington (también en un hospital), se interesó por este tema a través de los supervivientes de cáncer que acudían a sus propias clases y que, obviamente, tenían necesidades especiales que no sabía atender. Dara se formó con Tari Prinster, otra profesora a la que ayudaba y que, tras superar un cáncer de mama, desarrolló el programa “Yoga for Cancer Survivors”.

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Beneficios en todas las etapas

Como me explicó Amy, el yoga puede practicarse en todas las etapas de la enfermedad aunque, “cada superviviente tiene un tratamiento diseñado para su propio tipo de cáncer: unos solo necesitan cirugía, otros requieren tratamiento para siempre, y la mayoría necesita algo de cada y tendrá que realizarse revisiones y pruebas de forma periódica.

Pero, como dice Dara, “cualquier paciente de cáncer puede mejorar tanto su estado físico como emocional durante toda la enfermedad practicando yoga”. Estos beneficios, avalados por estudios, se extienden a la calidad del sueño, el cansancio y la ansiedad que genera esta enfermedad, además de ayudar a reducir la ingesta de medicamentos. Amy los detalla en cada etapa del proceso:

Diagnóstico. “La práctica del yoga ayuda a preparar el cuerpo (fortalecer los músculos y los huesos, mejorar la flexibilidad y el equilibrio) y la mente (superar el trauma de recibir el diagnóstico y el miedo a la incertidumbre) para los tratamientos”.

Cirugía. “Mejora el sistema inmunológico moviendo la linfa a través del cuerpo, reduce el riesgo de coágulos de sangre y ayuda a la adecuada curación de la zona intervenida.

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Quimioterapia / inmunoterapia. “Alivia la fatiga, mejora la concentración, calma el malestar estomacal y aumentar la autoestima después de la caída del cabello”. Este último punto me parece muy importante, ya que sé, por alguien muy querido y muy cercano, cuánto le afectaba y preocupaba este tema…

Radioterapia. “Reduce el riesgo de rango limitado de movimiento de las zonas afectadas por quemaduras y alivia las molestias de quedar en la misma posición durante un tiempo prolongado en la máquina de radioterapia”.

Terapia hormonal. “Equilibra las fluctuaciones del estado de ánimo, ayuda a prevenir el aumento de peso y a gestionar los sofocos”.

Fin del tratamiento. En esta fase el yoga “ayuda a restaurar la normalidad en el cuerpo y la mente, a reducir el riesgo de depresión después de quedarse solo después de tanto tiempo con el equipo de atención médica y cuidadores, y a prevenir y controlar los efectos secundarios a largo plazo de los tratamientos”.

Pruebas para la detección de cáncer. En estos casos, según Amy, practicar yoga puede ayudarnos mucho a aliviar la ansiedad.

Pero además, Amy me recalcó que, “en cada etapa del proceso el yoga mejora el estado de ánimo y faculta al superviviente a cuidarse”. Además, “las clases también sirven para beneficiarse del apoyo y la inspiración de los otros supervivientes”, dice. Y yo creo sinceramente que hacer algo de ejercicio suave, guiado y terapéutico junto a otras personas que están pasando o han pasado por lo mismo que tú, con quienes ni tienes que preocuparte de tu aspecto o tu estado emocional, puede ser muy gratificante y beneficioso.

Pero, ¿puede cualquier paciente de cáncer practicar yoga? Como explica Amy, sí, ya que “la práctica puede adaptarse a las necesidades únicas de cada persona en cada etapa del tratamiento”.

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Cómo son las clases

Las sesiones de yoga para el cáncer duran entre 60 y 75 minutos. “Se trata de una combinación de Hatha, Vinyasa y restauración; se practica una combinación de posturas, técnicas de respiración y meditación”. “Y siempre de forma adaptada a las necesidades de los alumnos”, señala.

Los beneficios de esta disciplina son innumerables para los supervivientes de cáncer, pero también existen contraindicaciones y posturas que no deben hacerse nunca: “las posturas de inclinación hacia delante y de torsión fuertes deben evitarse por el riesgo de fracturas vertebrales, porque muchos tratamientos de cáncer tienen como efecto secundario el inicio temprano de la osteoporosis”.

“También deben evitarse las posturas que ponen el peso durante mucho tiempo en los brazos en el caso de que el cáncer se localice en la parte superior del cuerpo -por ejemplo la postura del perro boca abajo-, o en los pies en el caso de que la enfermedad haya afectado a la parte inferior, ya que aumentan el riesgo de linfedema”, subraya. Por lo dicho, parece que no se puede enseñar mucho en las clases de yoga para cáncer, pero Amy afirma que quedan muchas opciones. Y efectivamente, el yoga comprende multitud de posiciones y prácticas respiratorias y de relajación que pueden emplearse.

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Deshacer mitos

Como hablaba con Amy, existen muchos mitos en torno a la práctica del yoga durante un proceso de cáncer. De hecho, los que desgraciadamente estáis familiarizados con el tema sabréis que lo que prácticamente todos los pacientes hacen cuando están en tratamiento es simplemente descansar, tienen miedo a moverse y mucho más a hacer ejercicio.

Pero Amy afirma incluso que la práctica de yoga no tiene por qué ser suave: “mucha gente le dice a los supervivientes de cáncer que descanse, cuando la mayoría pueden -y quieren- moverse y hacer ejercicio para calmar su mente”.

“Lo importante es que ellos sepan las precauciones médicas que deben tomar para evitar complicaciones como el linfedema, y que no se sientan presionados para hacer más de lo que son capaces”, apunta. “Un profesor de yoga certificado para enseñar yoga para el cáncer puede mostrarles cómo adaptar la práctica en cada etapa”, dice. Este último punto es importantísimo: la práctica de yoga o cualquier otra actividad física durante el cáncer debe realizarse con alguien experto y de forma adaptada. No sirve cualquier clase de yoga ni actividad, aunque sea suave.

¡Anímate!

Pese a sus beneficios, aún son pocos los pacientes de cáncer que en España se atreven a practicar yoga, sobre todo por falta de información. Si este post te ha animado a hacerlo, Amy te recomienda “ir sin expectativas y estar abierta a lo que sucede, estarás con otras personas que entienden por lo que estás pasando”. Un último consejo de Amy: “Antes de comenzar, preséntate y habla con el profesor acerca de tu tipo de cáncer”.

Dónde practicarlo. En Zentro Urban Yoga puedes hacer un curso o recibir clases. En la Asociación Española contra el Cáncer también puedes encontrar talleres y profesores de yoga par el cáncer. En el MD Anderson Center ofrecen clases de yoga a los pacientes de cáncer.

A los 40, tan ‘fit’ como a los 20

 

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Esta semana me contaba mi amigo el entrenador Nacho Villalba lo increíbles que están y los cuerpazos que tienen las mujeres de 40 años a las que entrena. Casualmente, hoy me han mandado una información muy interesante sobre las personas que empiezan a hacer ejercicio a esta edad. Y yo tengo 42 años y me siento tan ‘fit’ como a los 32, ¡así que hoy no podía menos que escribir sobre el tema!

Pero antes de hablar de los beneficios del ejercicio o el tipo de entrenamiento imprescindible, quiero deciros que los fabulosos cuerpos de muchas celebs de 40 años o más, como Jennifer Aniston o Heidi Klum,  se deben a la combinación de genética, una nutrición adecuada y ¡ejercicio! En mi opinión, no tienen nada que envidiar a los cuerpos de otras famosas de 20 o 30 años. ¡La magia del deporte!

Existen estudios que demuestran que personas que empezaron a hacer actividad física intensa después de los 40 obtuvieron beneficios similares a aquellos que comenzaron a hacerlo antes de los 30, y por supuesto, a mejorar su salud. Seguramente muchas de vosotras habéis empezado a correr a esa edad o más tarde incluso  y pasada la fase de adaptación, habéis empezado a sentiros de maravilla, habéis redescubierto vuestro cuerpo, habéis perdido peso y ganado salud y energía.

Sin miedo a las pesas

Llegados los 40, los expertos en entrenamiento físico de los centros deportivos GO fit aconsejan realizar entrenamiento de fuerza, siempre adaptado al nivel de condición física de cada persona, para recuperar y mantener la masa muscular.

Seguro que ya habréis leído mil veces lo importante que entrenar la fuerza. Pero a partir de los 40, y en el caso de las mujeres, es aún más importante, ya que es el mejor remedio natural para quemar calorías y mantener el peso estable. Si corres, genial, pero tienes que intentar complementarlo con un entrenamiento de fuerza. Y si estás ya en la menopausia, las pesas son tus mejores amigas, ya que tu sistema hormonal se pone en tu contra y ralentiza el metabolismo de las grasas (a cuántas mujeres en la menopausia he oído decir desesperadas que prácticamente no comen y aún así no consiguen bajar de peso).

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¿No has hecho nada hasta ahora?

Aunque a muchas os parezca increíble, al cumplir los 40 mucha gente decide por fin empezar a hacer ejercicio. Y es una gran decisión, ya que no hay nada que empeore con la edad que no mejore con el ejercicio (¡me encanta esta frase!). Los estudios demuestran que entre los 40 y los 60 años, se pierde hasta el 20% de la masa muscular, así que a esta edad, “sí o sí”, hay que empezar a moverse.

¿Y que hago si nunca he hecho ejercicio antes? Según los expertos de GO fit, “no existe un tipo de ejercicio adecuado a cada edad, sino a cada nivel de condición física”. Y su recomendación es realizar un entrenamiento de fuerza y de alta intensidad. Sí, habéis leído bien: alta intensidad. Se acabó eso de apuntarse al gimnasio a “hacer alguna clasecita que no suponga mucho esfuerzo”. Chicas de 20, 30, 40, 50 ¡o más!: hay que atreverse a entrenar duro, a sacar la guerrera que todas llevamos dentro. Entrenándolo, el cuerpo es capaz de hacer cosas increíbles a cualquier edad.

Chicas de 40 añitos, si sois Runners, no descuidéis vuestro entreno de fuerza, en el gym tenéis montones de opciones divertidas para hacerlo (body pump es uno de mis programas de tonificación preferidos, pero el yoga también os sirve para trabajar los musculos). Y si ya habéis llegado a esta edad y aún no os habéis calzado las zapatillas de deporte, ¡no hay ningún motivo para esperar más!

Ay, el post parto…

Como os contaba en el post anterior, he sido mamá por segunda vez hace sólo dos meses y hoy quiero hablaros de algo que os puede ser útil –de lo que no todo el mundo habla- y que conozco bien porque yo misma lo estoy pasando: el post parto.bugaboo-runner-runyon-canyon-hero

Durante nueve meses nuestro pobre suelo pélvico -una especie de colchoneta que hace de sostén de nuestros órganos internos- comienza a recibir más y más peso, a la vez que nuestros abdominales dejan de trabajar como sostén postural, función que también deben asumir los músculos del periné. El centro de gravedad cambia, empiezas a hacer pis a todas horas, seguramente coges más peso del que te gustaría, las lumbares te matan, la postura se descuajaringa… El último mes te duele el hueso del pubis, los ligamentos que lo rodean, la espalda, el pecho, no duermes y encima, a veces, se te escapa el pis… Tremendo.

Y luego llega el parto: los pujos y el esfuerzo terminan de rematar a nuestro maltratado suelo pélvico. Como resultado, muchas mujeres -de las cuales un alto porcentaje calla- acaban sufriendo incontinencia de esfuerzo. Es decir, al toser, estornudar, hacer un esfuerzo o ¡correr!, pierden pis. Y aunque sea sólo unas gotas ya es un problema chicas…

¿Qué hacer con el suelo pélvico entonces y con nuestras tremendas ganas de volver a hacer ejercicio para desconectar de la “trinchera de guerra” que es una casa con un bebé y para recuperar la forma y la figura cuanto antes? Comenzar a correr en cuanto se nos curen los puntos o la cesárea no es la mejor idea, de hecho, puede dañar gravemente el suelo pélvico. Como coach del nuevo cochecito Bugaboo Runner he hablado mucho sobre la importancia de cuidar el suelo pélvico en los meses siguientes al parto. De hecho, en un artículo en el que me asesoró una fisioterapueta experta en este tema, la recomendación que daba era esperar un año o, al menos, hasta que el periné esté fuerte de nuevo.

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¿Qué hacer mientras? Lo primero, si es posible, comprobar con un experto cómo está vuestro suelo pélvico (un fisio especializado es una buena opción), después tomárselo con calma y comenzar, cuando os sintáis con fuerzas, dando pequeños paseos. Esto depende de cada mujer, de lo molestas que estéis con los puntos, de lo cansadas, etc. Cuando vayáis cogiendo fuerzas, podéis empezar con paseos más largos y a un ritmo más intenso. De hecho, lo que yo recomiendo a las mujeres postparto que tienen el Bugaboo Runner es practicar power walking (caminata intensa sin el impacto del running) hasta que su suelo pélvico esté recuperado y se sientan con fuerzas para empezar a correr. Esto también es ideal para el bebé, ya que hasta sus nueve meses de vida no es recomendable correr con ellos debido a la fragilidad de su espalda y su cuerpecito.

Además de esto, yo os recomendaría comenzar pasada la cuarentena con alguna actividad suave de tonificación, como yoga o body balance. Y, sobre todo, hacer ejercicio abdominal hopopresivo o alguna disciplina parecida, como la Reeducación Postural Hipopresiva, Inteligencia Corporal o Pilates + Expansión. Todas ellas os ayudarán a tonificar de nuevo vuestro abdomen y vuestro suelo pélvico y, sobre todo, a reeducar vuestra postura para conseguir que vuestros abdominales trabajen y no hagan recaer sus funciones en el periné. Si buscáis algún centro de confianza, en Madrid os recomiendo MCM Evoluzión (Aravaca, 7. Tel. 91 553 60 70).

Running, fitness y otras armas de mujer para no morir en el intento

Una cuestión de supervivencia. Eso es para mí hacer ejercicio. Y por suerte, también de placer, disfrute y libertad. Porque el tiempo que paso nadando, caminando o dando clases de yoga es sólo mío. Y produce en mí una suerte de meditación en movimiento. “De qué hablo cuando hablo de correr”, titulaba Murakami, gran escritor y corredor, uno de sus libros más vendidos. De qué hablamos las mujeres y, más interesante aún, qué pensamos las mujeres cuando hacemos ejercicio, de eso  trata Runner’s Woman, la primera y única web de running para mujeres. Una “familia” de la que tengo el privilegio de formar parte con mi blog “Fitness para corredoras”.

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Como os decía al principio, hacer ejercicio ha sido siempre para mí una cuestión de supervivencia, de pura necesidad. Todavía recuerdo a un médico que, siendo yo muy jovencita, me dijo: “tú tienes que hacer ejercicio toda la vida, como si fuera una medicina”. Era, y sigo siendo, emotiva y nerviosa, aunque con los años ¡y el yoga! he conseguido un feliz equilibrio y una enorme paciencia (ay, los hijos, cuánto hacen por nosotros…). Y qué razón tenía este hombre: siempre he sido “una mujer en movimiento”, la sensación de estar activa me hace sentir viva y feliz. Cuando no me muevo, muero, me entra tristeza y me apago como una bombilla fundida. Y sé que eso os pasa a muchas de vosotras, corredoras por salud, por placer y por pura necesidad. Para escapar de tanta obligación y responsabilidad, para sentiros fuertes y libres.

Corrí mucho de adolescente, creo incluso que tenía buenas cualidades para haber practicado atletismo en serio. Pero llegó la universidad y ¡nada de nada!, sólo la pista de baile los fines de semana… Hasta que me eché un novio “mega deportista” que me animó a hacer un curso de profesora de aeróbic. Y ahí surgió mi segunda profesión, mi hobby, mi pasión y la mejor salida para mi poca vocación periodística tras terminar la carrera: el fitness, la salud, la nutrición, el bienestar, el deporte en clave femenina… Empecé a dar clases al mismo tiempo que comenzaba a trabajar como periodista, y desde entonces, ambos caminos se han ido fusionando hasta convertirse en uno solo, laboral y vital.

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Desde los veinte años hasta los 42 que tengo ahora, he dado clase de todo tipo de disciplinas de fitness: step, aeróbic, body pump, body combat, gap… Y ahora sigo en activo como profesora de yoga -mi gran descubrimiento vital- y body balance, un programa de fitness que adoro. También nado al menos una vez a la semana; algo que me produce una sensación física y mental similar a la de correr. Durante todos estos años confieso haber corrido sólo esporádicamente -entre el trabajo y las clases no daba para más-, pero ahora que acabo de ser mamá por segunda vez y he bajado el ritmo de clases, vuelve a llamarme el running. Quiero probar si, como tantas de vosotras, mi cuerpo es capaz de correr y ser veloz de nuevo.

Y mientras lo intento, os hablaré cada semana de tendencias, novedades, programas, disciplinas, gimnasios, entrenamientos… De todas las “opciones fit” que tenéis para completar e impulsar vuestro entrenamiento de running. Os aseguro que actualmente hay tantísimos programas de fitness en los clubes deportivos que es casi imposible no encontrar uno que os guste, que os haga desconectar, disfrutar, mejorar vuestra técnica de carrera, evitar lesiones y sacarle más partido al running. Gimnasios acuáticos, electroestimulación, yoga aéreo, extrem fitness, fast fitness, entrenamientos outdoor para las que no soportan entrenar entre cuatro paredes, camas elásticas…

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Desde que yo empecé en este mundillo, dominado por culturistas y demasiada mujer siliconada, en el que el sudor y los gritos de esfuerzo eran el “pan nuestro de cada día”, hasta las modernísimas, lujosas y agradables instalaciones de hoy, ha llovido mucho. Para mí, que he vivido tanto en ellos, cruzar las puertas de un gimnasio me produce una sensación inmediata de bienestar, y si es uno de los clubes de los que os voy a hablar en los post, aún más. Porque amigas mías, la calidad y profesionalidad de los entrenadores que trabajan actualmente en ellas es espectacular. ¿Y qué tal si además de disfrutar haciendo una clase de fitness luego te arreglas en un vestuario con colonia, cremas hidratantes, flores, secadores de peluquería y hasta toallitas desmaquillantes? Para mí, mi dosis de desconexión y placer semanal.

Después de todo lo que os he contado sobre mí, estoy deseando saber sobre vosotras. Si os  apetece conocer todas esas novedades y cosas curiosas relacionadas con el fitness, me tendréis cada semana en el blog, además de estar a vuestra disposición para intentar resolver todas vuestras dudas y preguntas. Fitness para corredores también continuará en la web de Runner’s, donde no puedo más que agradecer su apoyo a todos los visitantes masculinos que lo han seguido durante estos años y que espero sigan haciéndolo.

¡Os espero!

Entrena tu cerebro para ser más feliz

Siempre os hablo de métodos de entrenamiento para que el cuerpo que, por supuesto, también benefician a la mente. Pero esta vez quiero hablaros de un libro que acaba de publicarse y que nos enseña a conseguir un cerebro feliz entrenándolo específicamente para ello.

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En El Cerebro Feliz (Paidós), la psicóloga Mila Cahue nos propone una fórmula para aprender a dirigir nuestra propia mente y conseguir el bienestar emocional. A lo largo de sus 288 páginas se convierte una guía práctica que invita a conocer el funcionamiento del cerebro, aprender a gestionar las emociones y lograr el equilibrio.

Como explica Cahue, “la felicidad es una combinación perfecta entre emoción y razón. La parte emocional está relacionada con la ira, la tristeza, el miedo, la alegría y el amor; y la parte racional hace referencia a la atención, la percepción, la memoria y la intuición”.

La autora afirma que “esta combinación se consigue con una fundamentación sencilla: aprender a pensar bien es como aprender a conducir; si controlas aquello en lo que fijas tu atención, podrás controlar tu visión de la realidad”. Mila Cahue continúa: “La razón se ve condicionada por la gestión de las emociones y, por lo tanto, hay que aprender a redirigir nuestras emociones para actuar de forma adecuada”.

Si no se conocen y utilizan ambas partes de forma adecuada, el equilibrio es imposible. Pero ¿cuántos de nosotros sabemos realmente cómo funciona nuestro cerebro y cómo “entrenarlo” para gestionar adecuadamente nuestras emociones, ayudarnos a desarrollar todas nuestras capacidades y convertirnos en personas más felices? Si algo tengo claro, es que igual que entrenamos el cuerpo, podemos ejercitar el cerebro. Y este libro puede ayudarnos.

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Aquí tenéis los puntos clave que analiza Cahue en El Cerebro Feliz y que os van a resultar muy interesantes:

El inconsciente: un piloto automático. Como explica la autora, el inconsciente es la manera que tiene el cerebro de trabajar y dejar espacio suficiente en la parte consciente. “Es el que controla y dirige todas las funciones de nuestro organismo y también la mayor parte de las conductas que ayudan a cumplir ciertos objetivos”, dice.

La memoria: los armarios del cerebro. El cerebro humano cuenta con varios tipos de memorias, pero el libro se centra especialmente en las memorias a corto y largo plazo; son las que permiten trabajar mejor con las conductas. La memoria a corto plazo permite retener la información durante un tiempo y es donde actúa la atención. La memoria a largo plazo es donde se almacenan los recuerdos y se les otorga un significado.

La atención y la concentración: el periscopio. La atención es el mecanismo encargado de recoger y dejar (o no) entrar información en otras áreas del cerebro. Está al servicio de la conciencia. La concentración entra en juego cuando se necesita que la atención se mantenga durante más tiempo.

La imaginación: una alfombra mágica. La imaginación permite volar al pasado y traer al presente todas esas experiencias. Cuanto más positivos sean los recuerdos, más fuerte es la autoestima y la experiencia vital de la persona. La imaginación también ayuda a proyectarse en el futuro, y es lo que permite llevar a cabo los objetivos.

La intuición: un mega-ordenador cuántico.

La intuición es una señal instantánea del cerebro para ofrecer cualquier tipo de información. Su lenguaje es muy simple: “o nos encoge el higadillo o nos hace relajarnos plácidamente”.

La motivación: pilas recargables. Gracias a la motivación (si está cargada y bien enfocada) se pueden alcanzar las ilusiones y las metas. Se las valora no tanto en función de que sean buenas, sino principalmente en la medida en que lo parezcan o no a cada uno.

Además de hacernos entender de una forma muy sencilla cómo es y cómo funciona nuestro cerebro, Cahue nos ofrece herramientas y pautas para conseguir alcanzar el equilibrio perfecto entre la emoción y la razón. Algo que a todos nos viene bien, sobre todo si diariamente estamos sometidos a grandes jornadas de trabajo dentro y fuera de casa…