Antes de compartir con vosotros la gran experiencia que ha supuesto para mi Londres, querría exponer mi opinión y reflexión sobre la actuación de la selección de atletismo. Ya que todo el mundo puede opinar, incluidos periodistas que no conocen el deporte del que hablan, quiero decir en voz alta mi humilde y debatible pensamiento.

Que un “rosco” es un resultado nada deseado para nuestro deporte es, evidentemente, un sentimiento compartido por todas las esferas que componemos la selección nacional. Buscar culpas, cortar cabezas y exigir resultados es muy fácil a toro pasado y desde la barrera. No traer medallas era un resultado previsible, no sé porque algunos muestran sorpresa. Si analizamos las opciones reales era una, la de la capitana Ruth Beitia que así lo demostró en competición y que sobrevoló sobre un bronce que debía llevar su nombre como cierre a una grandísima carrera deportiva.

Que a nadie se le ocurra afirmar que algún atleta iba de vacaciones, porque eso es el mayor insulto que podemos recibir. Cada persona que salía al estadio daba su 100%, por no decir más. Somos los primeros autocríticos, exigentes e inconformistas con nuestros resultados.

No tengo derecho a hablar en nombre de ningún compañero, así que desde la primera persona que aquí defiendo, así lo hare. Acudía a la competición en plenas condiciones, con la ilusión que suponía para mí acudir a unos JJOO y el respaldo de buenos resultados. Tan solo 3 semanas antes lograba la mínima más exigente de participación, un registro que me situaba en el 32ª puesto del ranking mundial (Al parecer la 26ª del campeonato 😉 jeje ) . ¿Sabéis qué puesto ocupé en Londres? El 31…

Soy la primera que escasos minutos después de mi competición valoré críticamente mi actuación. Como considero que debe ser. Afirme que estaba decepcionada, y lo estaba porque  no estaba satisfecha con mi carrera. Pero también dije que lo di todo, porque así fue, como cada compañero que corrió, marchó, salto o lanzó con el dorsal olímpico. Al que todo lo da… ¿se le puede exigir más? Yo soñaba con rendir en mi mejor versión en Londres, y fracasé en mi sueño… ¿pero eso merece un pie de foto que me defina como el reflejo del fracaso del 1500 español? Yo no he sido medallista en un campeonato, ni tenía opciones de serlo aquí, ¿por qué se esperaba eso de mi?. Que mi fotografía documentase esa frase, es doloroso. Ya no por la confirmación contundente, si no por la sensación de que quién firmó esa noticia, ni me conocía ni sabía de mis resultados.

Heredar el reflejo del 1500 es una responsabilidad, y quienes lo practicamos lo sabemos. No puede haber mayor orgullo para mí que ser uno de esos niños que creció bajo la imagen de Fermín Cacho. Pero reflexionemos, ¿qué niños van a nacer bajo el reflejo de nadie de nosotros?. La imagen proyectada en la prensa siempre es agorera, pesimista por no entrar en lares que poco tienen que ver con lo deportivo. El atletismo es el deporte que más medallas olímpicas reparte, porque es una especialidad con diferentes sectores que reflejan una pluralidad excepcional. Es un deporte individual en el que un día malo del deportista no puede ser absorbido por la actuación de los compañeros de equipo, en el que debemos cuidarnos y descansar. Una imagen fiel al concepto de deportista. Estos día he comprobado como otros compañeros de otros deportes, sobre todo de equipo, viven la competición de una manera mucho más “relajada” que  nosotros, con una entrega personal mucho menor…¿acaso eso se valora?

Se piden medallas en los momentos puntuales de mayor atención, pero el resto de años se nos da la espalda, como si las personas que nos desvivimos por este deporte no nos esforzásemos en ello.

El lunes 6 de agosto estaba tremendamente infeliz porque se esfumaba de entre mis manos mi gran sueño. Hoy puedo afirmar que sueño con más fuerza mirando a Rio de Janeiro, anhelando de nuevo una final olímpica, y que por el camino seguiré luchando por el mejor resultado posible en cada gran campeonato. Eso puede implicar finales o no… Solo sé que sigo creciendo, y que desde hace un año y medio vamos progresando y nuestro trabajo se refleja en la competición.

Ahora solo pido un poco de oxígeno, el que el atletismo necesita, que no se nos ahogue con más recortes, polémicas y críticas que sentencian a muerte a un deporte, que pese a ser el más longevo y uno de los más democráticos, esta asfixiado en nuestros país.

Pero esto, señores, es solo mi humilde opinión y así la firmo.

ISABEL MACÍAS