Llevo tiempo queriendo escribir unas letras, concretamente desde hace casi dos meses. Desde el retorno de Gotebörg el tiempo se me ha esfumado entre los dedos, los primeros días fue un incesante y maravilloso bombardeo de atención. Después vino la difícil tarea de intentar retomar la rutina tras la vorágine. Ahora procuro disfrutar con perspectiva todo lo que ocurrió en la ciudad sueca, aunque reconozco que aún me parece revivir una película. Pero hoy ha habido algo que no ha podido separarme del teclado, y que me perdonen mis compañeras de carrera, prometo retomar, en cuanto ponga el punto final, mis quehaceres académicos.goteborg2013

Sigue siendo difícil intentar compartir las emociones que eclosionan cuando cruzas la meta, tu meta. La meta de toda una carrera deportiva en la que las dudas te han invadido durante el largo camino. La respuesta a esa pregunta: “¿ha merecido la pena?”.

Cuando llegas a cierto momento de tu vida, debes apostar, y a veces hacerlo por un sueño suena a una utopía por la que no merece la pena arriesgar. Aun así, llamémoslo irracionalidad o romanticismo, hay algo que te lleva a luchar, a luchar y confiar en ti. Hace casi dos meses di gracias por haber sido pasional, porque supe que en ese momento crucial no había perdido mi norte.

Sin duda, ha sido uno de los momentos más importantes de mi vida. ¿Pero sabéis que lo hace tan especial? El ser un momento plenamente puro de satisfacción y realización, un momento único y real que me pertenece por no haber tirado la toalla, por haber luchado y confiado en mí.

Hoy, más que nunca, los tramposos me dan pena…aunque deberían darme asco. Me da pena pensar en esa gente que ha conseguido triunfos en el papel, pero que no se los han ganado. Porque si algo hace maravilloso al deporte, son su valores, sus enseñanzas… y sus generosas recompensas cuando llegan. Hay muchos días malos, de sufrimiento, duda y esfuerzo, pero cuando llega la satisfacción la alegría es desbordante, te colma el alma, siempre que sea pura. Eso, señores, los tramposos dudo que lo vivan. Hoy me daban la noticia de que escalaba un puesto en el pasado mundial indoor (final en la que también hubo dos atletas que a posteriori han estado de nuevo, porque ya dieron positivo anteriormente, bajo la sombra del dopaje). Hoy se hacía pública la sentencia de la Operación Puerto. Hoy me sentía de nuevo triste y apenada por la duda que siempre siembran estas cosas sobre nuestro deporte.

Siempre he soñado con poder luchar por participar en unos Juegos Olímpicos en nuestro país, hoy he visto que a lo mejor no nos lo merecemos. Esta sentencia es un punto negativo para nuestra candidatura, para nuestro deporte y para su futuro. Hoy sigo soñado con la posibilidad de competir sin tener que sospechar, con la competitividad pura, con la esperanza de que nada empañe de nuevo a mi pasión. A veces pienso que quizá el amor por este deporte me ciega, y me hace confiar demasiado. Pero creo que merece la pena luchar por esto. Porque sé que la gran mayoría sí podemos dormir tranquilos.