Van llegando los últimos compases de mi temporada estival y llegan con el momento más importante del año: el campeonato de Europa.

Zúrich me aguarda sin prestarme mucha atención, porque solo mira de reojo a quienes no han brillado hasta ahora y lamentablemente este es mi caso. En un verano raro, tras una buena pista cubierta (aunque Sopot no fue lo anhelado), los resultados y las sensaciones han tardado en llegar, pero poco a poco he ido a más. Hubo un momento en el que me plantee seriamente renunciar a acudir a esta cita, porque mi compromiso con mi deporte me exigía mi mejor versión, pero recordé lo bien y mucho que he trabajado y cuantas veces en situaciones parecidas (o peores) no tiré la toalla. Este deporte es así, duro, insatisfactorio a veces, donde trabajar y cuidar todo bien no siempre tiene la recompensa en la competición. Pero yo ya soy conocedora de que tener paciencia termina haciendo aflorar ese duro proceso, pero para ello hay que estar allí, coger la sartén por el mango y darle la vuelta a la situación. Como bien me dijo en Alcobendas Carlota Castrejana: “las oportunidades llegan solo si estás” y allí estaré para luchar por ello.

Pero no lucho sin armas, porque he entrenado mucho, duro y  muy bien. Quizá mi peor rival he sido yo misma. El crecer, la experiencia y la responsabilidad deportiva te da muchas cosas y no siempre son buenas. A mí me ha tocado crecer mucho en un lapso relativamente corto y eso cuando te paras a mirar, asusta.  Pero entonces recuerdas porqué has llegado hasta ahí, porqué ese ritmo frenético no te da miedo, porque solo cuando lo vives plenamente eres completamente feliz. Así que tras el campeonato de España acudí a la que empieza a ser una tradicional cita con Segovia, a disfrutar de sus parajes, a dejar que me mimen (que pequeño placer es poder descansar y que te cuiden como lo hacen siempre en Venta Magullo) y a realizar los últimos entrenamientos perfilados siempre hacía este momento.

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Hace ocho años afronté mi primer campeonato de Europa, cumplía 22 años el mismo día que competí… esta vez sumaré 30 el día antes de tomar la línea de salida. Puede resultar simplemente anecdótico, pero para mí tiene más sentido que nunca. Porque cuando era pequeña cumplir años en agosto casi era un castigo, no podías celebrarlo con tus amigos, nunca sería felicitada en el “cole”… pero lo que no sabía es que mi mayor regalo era que el destino me llevaría a celebrarlo en campeonatos, o lo que es mejor, en una villa olímpica junto a otro de mis regalos favoritos. Que Zúrich no me mire de reojo, porque no hay rival pequeño y yo he crecido mucho estos últimos ocho años. En Helsinki disputé mi primera final al aire libre, y tened por seguro que tengo ganas de que lleguen muchas más y que mejor que este momento para empezar a sumar.

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