Mes: junio 2015

Con un par…

IMG_20150619_123207Querría haber escrito antes de que finalizase la exposición, pero con los viajes de por medio a veces es complicado. Y es que la pasada semana se presentaba en Zaragoza la muestra fotográfica: ‘Deporte, cantera de igualdad’. Iniciativa llevada a cabo por el Instituto Aragonés de la Mujer y con la ayuda del Gobierno de Aragón.

Este tipo de iniciativas me parecen escaparates estupendos en esa ansiada lucha por un reconocimiento equitativo en el deporte, pero me sigue entristeciendo que estas acciones sean necesarias. Con lo bonito que sería no tener que distinguir entre masculino o femenino, sino bajo la única etiqueta deportista, que por cierto, es una palabra femenina.

Con lo bonito que sería no tener que distinguir entre masculino o femenino, sino bajo la única etiqueta deportista, que por cierto, es una palabra femenina.

Y que no os parezca cosa pequeña esto del lenguaje, porque ahí empiezan muchas de las discriminaciones. Comparto con vosotros una curiosidad que se me quedó marcada en una clase de periodismo, a ver qué os parece:

definicion huerfano
¿Especialmente el padre? En serio era necesaria esa coletilla…

Esto me recuerda a una anécdota que me contaba reciénteme Toñi Martos y que ocurrió mientras acompañaba a Gema Hassen-Bey – por si no la conocéis: quiere convertirse en la primera mujer en silla en subir al Kilimanjaro-  hace poco más de una semana, cuando la acompañaba en su primer reto de subir el monte Abantos (1.753 metros, Madrid). Seguramente sin nunguna mala intención un hombre que iba realizando senderismo y vio al Gema y el equipo, la jaleo diciéndoles: ‘eso son un par de cojones’ (disculpadme el tono). Toñi no pudo evitarlo y su replica fue: ‘en todo caso un par de ovarios y muy bien puestos’. Porque parece una tontería, pero esa es la diferencia: lo varonil es bueno, lo femenino, ya no tanto… Una pregunta, si Gema fuese Gabriel (por ejemplo) ¿creéis que ya tendría patrocinadores para la silla que necesita?

Toñi Martos, de Gabinete Excellence, acompañando a Gema.
De rayas azules, otra gran mujer que he conocido a través el deporte: Josefina Espejo (Pepa)

Pero abandonando las letras y volviendo a las zapatillas. Sin duda el deporte es un entorno que permite una equidad relativa, porque está claro que hay unas diferencias biológicas evidentes, pero suele serlo más en unas especialidades que otras…e incluso las hay aquellas que favorecen más a las mujeres. A mi sin duda, me sigue chirriando que por ejemplo este reportaje que escribí hace tres años para la universidad, siga tan vigente casi una olimpiada después: ‘Cuestión de sexo’.

Por no hablar de ese antiguo estigma de que ciertas mujeres y/o ciertos deportes son de marimachos. A mi me gusta estar fuerte, definida, fibrada…dilo como quieras, pero me gusta, porque suele ser el reflejo del trabajo que implica mi deporte, síntoma de un estado de forma física. ¿Por ello soy menos mujer? Me considero igual de femenina. No soy una obsesionada de la imagen, puedo ser hasta un poco dejada en algunos momentos… pero soy coqueta y me veo bien, de corto o sobre unos tacones. Me da igual, porque mi esencia es la misma.

De este tema, muy a mi pesar, se podrían escribir ríos de tinta que desembocarían en papel mojado. Pero querría compartir con vosotros una experiencia que tuve yo. Cuando estaba finalizando la carrera de Magisterio de Educacion Física, durante las prácticas escolares, me enfrenté a un bonito reto. En ese momento en el que empiezas a andar sola, en el que diriges las sesiones libremente sin la supervisión de tu tutor (de manera evidente, porque siempre están ojo avizor) y empiezas a sentirte docente de verdad, yo me planté con un grupo muy heterogéneo y difícil, donde había una caso muy especial. Un alumno que llevaba poco tiempo en España, recién llegado de Senegal y que no hablaba nada de español. El niño me sacaba dos cabezas (aunque eso no es muy difícil) y tres cuerpos.  Necesitaba ganarme su respeto y sabéis cuando empecé a hacerlo: cuando me vió correr. Se quedo sorprendido y empezó a mirarme con otros ojos. Tuve que hacer un pequeño reto más, enfrentarme a el en el simple ejercicio de aguantar en la barra colgados. Yo resistí más (las agujetas que tuve durante días dieron buena fé de ello) en lo que era un juego, no una humillación…  Alucinaba, me veía con mis bracillos aguantando como él, no paraba de mirarme mientras estábamos los dos ahí colgados. Desde ese día siempre me sonreía, me ayudaba con el material y me saludaba cuando me veía por la ciudad.

Eso es el deporte, un lenguaje internacional, una oportunidad de igualdad y no solo en términos de género.

Pequeños pasos de gigante

Fotografía de Inosolo para Clínica Podium

Llega ese momento, ese…ese en el que a partir de ahora la estancia en casa es lo que ocurre entre coladas y cambios de maleta. También debo decir, que pese a ser el más ‘cansado’ es el que más se disfruta: el de la competición.

Ayer comencé mi tour al aire libre en la ciudad francesa de Marsella, no conocía ni la ciudad ni el meeting, pero era el momento de empezar a mover las piernas. Así que ahí estaba, bajo un sol abrasador a las 15:30, una hora más propia de dormir que de estar dándolo todo en el tartán. Pero hay que adaptarse y disfrutar, y eso hice yo. La carrera se presentaba acorde a lo que buscaba para empezar, mi objetivo era parar el crono por debajo de 4’10”, pero aquí nunca se sabe y las carreras nunca son de libro. Bueno, ni las carreras ni yo… que salí de una manera desastrosa y tuve que ir remontando todas las rupturas que en el grupo se iban produciendo.

Pero ayer no miraba el crono, iba perdida rítmicamente, llevaba mucho tiempo sin correr a un ritmo así… solo pensaba en los huecos, podía avanzar, adelantaba y a por la siguiente. El toque de campana pareció despertarme,  ¡madre mía que atrás voy! Thomas y Sujew me metían muchos metros. Daba igual, a por ellas. Por la ría dejé atrás a la gemela, la británica se me resistió. “¡Pero si se me ha quedado corto¡” pensé. Me había sentido muy bien, corriendo fluida, suelta, disfrutando…estaba contenta.

Pero, y ahí vienen mis ‘peros’, no estaba satisfecha. Empecé a darme cuenta de que había salido con falta de confianza y que en el momento del paso del 800 me faltó decisión. Ahí empezaba mi “mie*#$da, por qué no habré hecho esto…o lo otro”. Porque a toro pasado, que bien sabemos correr. Lucha entre la exigencia y el optimismo, tremenda batalla siempre.

Llegué al hotel, toda la tarde por delante… ¿qué hacer? Pues sencillo, me fui al mar. En el tartán había dejado atrás muchos fantasmas, que en el mar de Marsella se quedasen todos los demás. Así que como el mar, me calmé, lo positivo flotaba y lo negativo se depuraba. “He corrido mal y aún así he hecho 4’11” ” mismo concepto pero el discurso cambiaba. Había dado un pequeño paso de gigante para mí. No era un marcón, no era mínima…pero era el comienzo para lograrlo. Para bien y para mal, las experiencias suman y de esas ya voy teniendo unas pocas. Vuelvo a ese estado de sentirme ilusionada como una niña, algo perdida pero recordando poco a poco todo lo aprendido. Construyendo los pilares para algo muy bonito: mis sueños.

Construyendo los pilares para algo muy bonito: mis sueños.

Así que de ayer lo menos importante fueron el crono y el puesto, fue un reencuentro. Me demostré que estoy preparada para mover rápido mis clavos… ¿lo estarán ellos?

Fotografía de Inosolo para Clínica Podium
Fotografía de Inosolo para Clínica Podium