La pasada semana os escribía cargada de energía positiva y hoy sin embargo me ha  caído un jarro de agua fría en el Cross de Atapuerca. La carga de entrenamientos de las dos últimas semanas y el añadido de que soy una ‘bruta’ me lleva dejando como secuela pequeñas molestias que se van alternando cada día por mi cuerpo: mi latoso cuádriceps, ahora una lumbalgía, los gemelos, el glúteo…

Y es que aunque te cuides mas, a veces el cuerpo se queja ante tanta exigencia ¡y con razón! (no nos vamos a engañar). Te levantas y según apoyas los pies en el suelo no valoras si lo has hecho con el pie derecho o con el izquierdo, sino que realizar ese escáner matinal (que alguna vez ya os he comentado) en el que te chequeas las posibles molestias. Visitas rutinarias al fisio – que se convierte en tu círculo personal porque les ves más que a tus amigos- ratos con el roller foam en tu casa (del que hablaremos dentro de poco), sesiones con el electroestimulador para descargar…todo esos ratos que puedes sacar en tu rutina para paliar cada pequeña molestia, para evitar que eso vaya a más.

Pues hoy viajaba yo a este maravilloso cross, con unas condiciones climatológicas que han hecho que la gente pueda disfrutar de un precioso día de campo a través. Bueno, ha disfrutado mucha gente: pero yo no. Yo que solo iba a competir con mi humilde objetivo de sufrir  y aguantar esos ocho kilómetros que a una mediofondista como yo se le hacen eternos (sobre todo los últimos dos) los más dignamente y competitivamente que las poquitas semanas que llevo de entrenamiento me dejasen. Y mira que mi inteligente marido me lo advirtió: “no vayas, no fuerces este fin de semana y quédate en casa entrenando y descansando”. Pero que ganas tenía yo de ir, porque al final a los atletas nos va el barro, de manera metafórica y literal. Pero tan solo un kilometro después de arrancar, al saltar los troncos del circuito… ¡Zas! ¡No! Mi gemelo, al apoyar…dime que no me he roto. ¡Uf! ¿Puedo continuar? Y duda a duda, zancada a zancada, ya no progresas en carrera, sino que estas preguntándote ¿debo parar?2012080749isa_int

Y la cabezona que hay en mi piensa: “vas entrando en calor, se te ira pasando, espera un poco…Has salido de tu casa a las 8 de la mañana y no vas a venir para correr tan solo un kilómetro”. Porque somos obstinados, para lo bueno y para lo malo. Muchas veces no sabemos parar a tiempo o no sabemos empezar despacio. Somos atletas, cada carrera es importante, aunque no tenga prioridad en nuestro calendario atlético. Siempre luchamos, siempre lo intentamos, siempre nos levantamos….hasta que nos cansamos. Las mieles a veces se olvidan cuando cientos de hieles amargan tanto trabajo, ilusiones y dedicación. ¿Por qué no me sale? ¿Por qué me pasa todo a mí? Piensas y te repites, le das vueltas y no tienes respuestas… ¿Por qué? ¿Qué hago mal?

Lo atletas somos obstinados, para lo bueno y para lo malo. Muchas veces no sabemos parar a tiempo, otras no sabemos empezar despacio.

Imaginad mi impotencia cuando yo solo quería salir a disfrutar. Ahora toca esperar a ver qué dice mañana la eco, toca cruzar dedos para que esa suerte que nunca parece estar en tu bando por una vez no sea tan cruel. Toca aferrarse a esas palabras de mi amiga Elena, que hoy ha corrido tan bien y que son una realidad: “ya me tocaba”. Qué gran verdad amiga, como te lo mereces… y siento ser egoísta, pero yo también. A veces intentas ser optimista, valorar, crecer y mejorar hasta cuando las derrotas están ahí. Sabes que lo has logrado otras veces y quieres volver a disfrutar. Pero hasta que eso llega, amigos: esto es la cara B, la que no se ve…

Isabel+Macias+Olympics+Day+10+Athletics+7XLxYOb55_4l

8 Comments on La cara B

  1. Ánimo Isa! Soy corredora popular y ya cuando me pasa esto tengo el mismo pensamiento, no me imagino como debe ser para ti que te dedicas a ello. Hay que aprender a escuchar el cuerpo. Un abrazo y ya verás como no es nada!

    • Muchas gracias Montse, tenemos que capear muchas veces con situaciones así y ese es a veces el mayor problema, que agota estar siempre ‘luchando’ contra viento y marea. Pero bueno, cuando sopla a favor es tan bonito que se olvida todo lo demás.

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