La Sombra de Filípides llega al Maratón en Vitoria

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Ya estoy de vuelta. Llevo unas semanas muy atareado. Muchas cosas en la cabeza, muchas cosas en las piernas. El tostonazo que os vengo dando con mi lesión (ciático) parece ser que empieza a remitir, llega a su fin y eso espero. No es que cante victoria pero al menos ya puedo entrenar casi todos los días a ritmos bajos. Estoy compaginando bicicleta con correr a pie y la verdad es que me está viniendo de perlas. El día que corro a pie termino con los gemelos un poco tocados, entonces, al día siguiente cojo la bicicleta e intento relajar la musculatura. Si noto que estoy cargado evito puertos y meter desarrollos pesados. En estos dos largos  meses de ausencia por los lugares de entrenamiento (Parque del Prado / Mendizorroza / Bosque de Armentia) he tenido que matar el tiempo que antes empleaba en entrenar en dedicárselo a los chicos y chicas que entreno. Esto y la bicicleta me han quitado el “mono” y la adrenalina que estaba acumulando. He de deciros que de capacidad aeróbica no he perdido nada de nada; es más, estoy seguro que estoy para correr en larga distancia. Las dudas me salen cuando pienso si la musculatura estará preparada para soportar un viaje largo, una media o un maratón. Creo que no, todavía es pronto para probarlo. Viajes, entrenamientos, organizar, atender, conferenciar… Menudo stress.  ¡Qué recuerdos, aquellos días en el Sahara! A la vuelta del Sahara la lección la tuve bien aprendida. Nada de agobios. Me prometí no ahogarme en un vaso de agua. Quiero ser como los saharauis pero viviendo con total libertad. El domingo se celebró el Maratón Martín Fiz. Hizo un día de perros para correr maratón. La noche anterior llovió todo lo que quiso. El día del maratón nos recibió con un cielo encapotado y con un calor y una humedad relativa más alto de lo normal (17º y 92% de humedad).  Salieron los primeros rayos de sol y esto hizo que la humedad acumulada en el asfalto subiera el porcentaje de humedad. Un día tortuoso para el maratoniano. Corrí la carrera de 9.600 metros. Al llegar a meta me di cuenta que los maratonianos iban a sufrir más de la cuenta. Enseguida crucé la línea de meta, me informaron que la sombra de Filipides merodeaba por las calles de Vitoria. En el kilómetro cuatro de la carrera popular un atleta había sufrido un desfallecimiento. Enseguida sonó la alarma. Ese atleta era Pedro Ramos, un médico archiconocido. Me puse el pantalón del chandall y acudí a la unidad de urgencias del Hospital de Santiago. Allí estaba su mujer y un par de amigos. Más tarde llegó su hijo. Los médicos iban y venían. El estado de Pedro era grave, muy grave. La memoria de Diego García y de otros  deportistas que se han quedado en el asfalto me vino a la cabeza. Un mes antes había estado con Pedro. El médico colaboraba en un programa de televisión (EITB). Hicimos un programa  para enseñar e incentivar a los aficionados a correr y a elegir su material deportivo. Advertimos a la gente que antes de empezar a correr o a realizar una actividad física y continua debían obligarse a hacerse un chequeo médico. La televisión nos grabó corriendo y el programa se emitió con éxito. El día antes de la carrera, en la zona de recogida de dorsales volví a estar con Pedro. Estaba ilusionado, como un niño con zapatillas nuevas. Él quería correr mi carrera. Se había preparado para ello pero que conste que nunca forzó más de lo normal  en su preparación. Os recuerdo que era médico.  Hablé con él y estaba entusiasmado. Me dijo: “Para mí correr tu carrera es un reto”. Hace unos años Pedro ya había sufrido problemas coronarios. Algunos dirán ¿Y con este antecedente se puede correr? Sí, pero controlado. Su muerte no se produjo por correr aunque es cierto que estaba corriendo. Hacer una actividad física le dió una calidad de vida mejor.  Le pudo haber pasado en cualquier otro lugar, incluso durmiendo. Ayer y hoy he estado con su mujer, Idoia, y con sus hijos. Les he visto muy enteros, aunque creo que todavía no han asimilado tan grande perdida. Idoia – mujer de Pedro – me decía “Pedro ha fallecido haciendo lo que más le intusiasmaba , ejercitándose, haciendo deporte e inculcando una vida con hábitos sanos. Martín,  esto refuerza mi estado de ánimo”.  Yo estoy mal. Conocía a Pedro desde hace muchos años. En sus años de Diputado de Juventud y deporte en Álava siempre trató de ayudar. Fomentó el deporte, era un buen conferenciante. Era muy buena persona. De su boca nunca salió un NO. Descanse en paz. La sombra de Filípides, de Diego García y de todos aquellos que se han quedado en el asfalto deambuló por Vitoria.