



Después de tres días muy intensos y 83 kilómetros en nuestras maltrechas extremidades inferiores hemos llegado al Centro Penitenciario de Estremera. Los presos se han portado genial en todas las jornadas y me han abierto el corazón. Yo también me he entregado a tope. Me llevo un gran e inolvidable recuerdo de todos ellos y espero que a mí me recuerden siempre con mucho caríño. En el próximo número de Runner´s World os contaré todos los detalles de una experiencia única en la historia.


