Martín Fiz

EL DIARIO DE NUESTRA LEYENDA DEL MARATÓN

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Sentimientos Contrariados

Publicado el abril 16th, 2009 por martinfiz | Tags: General

Bueno, bueno. Llevo unos días por mi tierra natal, Vitoria, y poco se ha visto el sol. Después de ocho jornadas consecutivas pedaleando por los aledaños de Benidorm, el regreso a casa ha sido para colgar la bicicleta. A mal tiempo buena cara. El “mono” de volver a los entrenamientos se apodera de mí. Os cuento. El lunes 13 de abril hice unos kilometritos rodando a paso borriquero. ¿A cuánto es el paso borriquero para mí? Más o menos a 5 minutos por kilómetro. Parece ser que aunque no hay dolor en el isquio persisten las molestias. Ayer volví a correr. Me ejercité con una chica que entreno. Hicimos un calentamiento de 20 minutos de trote + estiramientos + 6 x 500 metros en terreno de hierba. Recuperamos 2 minutos entre las series y el ritmo que nos marcamos fue de 2:10 cada 500. Ya sé que para un tío como yo eso puede ser “pan comido” pero mejor ser prudente que recaer al mínimo error. Si alguno quiere retarme, que espere a septiembre, esa es la fecha que me he marcado para volver a ser no se quién…

Lo que quería contaros es lo que viene a continuación, y quiero que me echéis una mano. Vamos allá. El domingo pasado (12 de abril de 2009) salí a pedalear con el grupo del club ciclista Benidorm. Quedan todos los domingos a las 9:00 en el club. Allí nos juntamos unos 40 cicloturistas de diferentes lugares. La etapa marcada iba a ser de 85 kilómetros (algunos la alargamos un poco más) con el alto de Finestrat a todo gas. Los 38 primeros kilómetros fueron de puro tramite. De repente un silbato dio la salida y… a toda marcha. Los del club Benidorm (para ellos es puntuable) salieron “a toda castaña”. En un principio me mantenía en un segundo grupo. Pregunté ¿Cuánto tiene la subida? “Cuatro Kilómetros”.  Poco a poco empecé a remontar posiciones. A falta de unos ochocientos metros me coloque entre los ocho primeros. Seguí apretando los dientes. Casi cuando llegábamos al final, pasé a otro ciclista. En el momento de llegar a su altura le miré de arriba abajo y me percaté que pedaleaba con una pierna ortopédica. En ese momento no tuve compasión y seguí pedaleando al máximo rendimiento. Al llegar a fin del alto todos nos felicitamos. Bajando (yo soy malisimo) el chico de la pierna ortopédica me ayudo tirando de mí para conectar con el grupo. En esos instantes hablamos e incluso con su teléfono móvil y mucha destreza en la bicicleta me sacó un par de fotos. La jornada fue fenomenal hasta llegar a casa. Tenía los sentimientos contrariados. Por una parte pensé si había hecho bien o mal en pasarle cerca de la cima del alto. Creí que lo más normal era comportarme  al igual que con el resto de ciclistas. A día de hoy, sigo pensando lo mismo. Por otra parte, pensé,  para qué cojones le he rebasado y me he dejado la piel si no nos jugábamos nada.  Sólo el ego personal y el afán competitivo que tenemos los seres humanos. ¡No lo se! Creo que el ciclista -que, por cierto, tiene mucho nivel- agradeció el trato humano y deportivo que tuve con él. Aunque creo que actué bien, me gustaría escuchar alguna opinión más. ¿Qué hubieras hecho tú en mi lugar? Gracias y… a seguir entrenando.

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