Hace tiempo me propuse hacer un post sobre ejercicio físico, estrés oxidativo y antioxidantes. Empecé a gestarlo (a leer, a investigar, a reflexionar) y vi que había mucha información en Internet, pero no mucho rigor. El tema me pareció lo suficientemente interesante como para dedicarle más de un post. Y es que me gustaría que os quedase bien claro qué es eso de los radicales libres, las implicaciones y consecuencias que tienen sobre la salud a corto y largo plazo, qué es el estrés oxidativo (sobre todo en su relación con el deporte) y cuál es el papel de los antioxidantes en todo este proceso.
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Imaginemos el cuerpo como un conjunto de moléculas, formadas por átomos. Estos a su vez están formados por un núcleo central, que está compuesto a partes iguales de protones (cargados positivamente) y neutrones (que no tienen carga eléctrica). Ese núcleo está rodeado de electrones (cargados negativamente) que viajan en órbita, y que habitualmente se encuentran en parejas. En determinadas situaciones (debido a radiaciones, fármacos, tóxicos o presencia de oxígeno, fundamentalmente) se generan moléculas en las que los electrones se encuentran desapareados; y el electrón que pierde a su pareja intenta indiscriminadamente robar electrones de otros átomos, de otras moléculas. A estas moléculas (con electrones desapareados) se les llama Radicales Libres. La pérdida de uno de los electrones que forman la pareja se conoce como oxidación, mientras que el proceso de devolver un electrón a su pareja original se conoce como reducción. Los radicales libres son moléculas altamente inestables, pues constantemente roban electrones de otras moléculas, generando nuevos radicales libres. El organismo, por el mero hecho de vivir, en sus funciones habituales (como la respiración o la digestión) genera radicales libres, produciéndose un constante ciclo de oxido-reducción. A los radicales libres también se les llama EROs (Especies Reactivas al Oxígeno), o ROS (del inglés Reactive Oxygen Species).
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