FALLO DE LA IAAF CONTRA RUSIA: ¿JUSTICIA O REPRESALIA?

El Consejo Directivo de la IAAF Resuelve Vetar la Participación de la Selección Rusa de Atletismo en los JJ.OO. de Río. El COI Apunta a la Descalificación Total. 

banderaRusiaLa reciente decisión del Consejo Directivo de la IAAF luego de valorar los informes de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) acerca del cumplimiento de las exigencias impuestas en materia de lucha contra el doping tras los últimos escándalos acaecidos en el país euroasiático, es un hecho sin precedentes en la historia del atletismo de consecuencias aún por definir y que acabará, si no lo ha hecho ya, por trascender del ámbito del deporte.

La noticia cayó como una bomba el pasado fin de semana: el órgano rector de la IAAF renueva la prohibición de participar al equipo ruso de atletismo en las competiciones comerciales y oficiales de la temporada en curso; es decir, desde las reuniones del circuito internacional y los inminentes Campeonatos de Europa en Ámsterdam, hasta la competición estelar del año: los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en agosto.

La decisión de la IAAF parece no haber cogido por sorpresa a la mayoría de comentaristas, como tampoco a los órganos federativos rusos y sus deportistas. La razón: durante las dos últimas semanas una serie de acontecimientos acaecidos de manera casi ad hoc fueron perfilando el sentir general acerca del desenlace final; el anuncio por parte de la AMA de nuevos análisis positivos de muestras recogidas durante los Juegos de Pekín’08 -muchas de ellas pertenecientes a atletas rusos- y la emisión de un nuevo documental de denuncia del célebre periodista Hajo Seppelt en el canal alemán ARD, de nuevo a cuenta del dopaje en Rusia. Es evidente que todo esto, casi en vísperas del 17 de junio, de alguna manera también ha ejercido de factor de influencia o presión.

¿Vías de Escape o Chantaje?

El comunicado oficial de la IAAF es categórico; la prohibición atañe a la totalidad del atletismo ruso, sin excepciones. Es decir, afecta tanto a los implicados en casos de dopaje como a aquellos que nunca hayan estado mezclados en ellos. La IAAF, no obstante, ofrece al atletismo ruso dos salidas individualizadas cuyo cumplimiento obraría el permiso para competir en Río: 1) la delación personal con nombres y apellidos de atletas sospechosos de infringir las normas antidopaje, y 2) la demostración de residir y pasar controles antidopaje fuera de las fronteras de Rusia.

A partir de aquí, se suceden las valoraciones y los comentarios. Personalmente, la decisión de la IAAF sorprende por su extraordinaria dureza, máxime cuando los órganos federativos rusos habían tomado días atrás la determinación de no incluir en su selección a atletas que alguna vez hubiesen dado positivo en algún momento de su carrera, con independencia de que sus penas de descalificación ya estuviesen cumplidas. Teniendo en cuenta que los atletas rusos se hallaban vetados desde el pasado otoño sin posibilidad de competir en el extranjero, el equipo que finalmente hubiera podido formar la Federación Rusa de Atletismo habría estado doblemente debilitado, pues aparte de no figurar en él atleta alguno implicado en casos de dopaje, también carecería absolutamente de ritmo competitivo, por lo que la selección nacional rusa se condenaba así a un rendimiento más que mediocre en Brasil. En otras palabras, a la IAAF no le ha bastado una actuación rusa ridícula y la posibilidad de decir algo así como “Esto es lo que vale vuestro equipo limpio”.

Pero la IAAF -y el apoyo expreso que le brinda el COI– ha ido mucho más allá de esta lógica y se ha guiado por otra que no es estrictamente deportiva, pues incorpora elementos dudosos del ámbito del derecho y la política.

A estas alturas, cualquiera puede comprender con total claridad que la decisión del Consejo Directivo de la IAAF implica que paguen justos por pecadores, lo cual entraña una lógica perversa y que atenta contra un aspecto fundamental del Derecho, como es la presunción de inocencia. En cualquier proceso penal, los culpables tienen derecho a intentar demostrar que no lo son, pero en el caso que nos ocupa, los inocentes tienen que demostrar que no son culpables. Y esto, hay que decirlo a viva voz, es una auténtica barbaridad.

Los subterfugios propuestos por la IAAF para que algunos atletas rusos puedan actuar en Río son también de elegancia jurídica dudosa. La posibilidad de demostrar residencia en el extranjero para esquivar el veto, invita a creer que doparse fuera de Rusia no es viable. O lo que es lo mismo, que es imposible la existencia de atletas rusos limpios que vivan y entrenen en su propio país. A mi juicio, esta propuesta de la IAAF parte de una suposición muy dudosa y que reduce el problema a una cuestión maniqueísta donde en un lugar determinado sólo puede haber malos, en contraposición a otro lugar donde sólo están los buenos. La segunda vía de escape ofertada por la IAAF es la delación. Esto es, denunciar a otras personas para ganarse el favor de un placet mutilado, pues en última instancia se competiría bajo pabellón olímpico y no ruso. Suena más bien a chantaje puro y duro, en tanto que la IAAF presupone que el atletismo se tiene que limpiar a cuenta de una figura odiosa, como es la del delator o chivato. Téngase en cuenta que, por ejemplo, las filtraciones por antonomasia de este siglo (Wikileaks) o el canal al uso que recientemente ha creado Hajo Seppelt (Sportleaks), beben de fuentes anónimas.

Juez y parte

Sin embargo, esta historia no ha hecho más que empezar. En vísperas del fallo, la BBC británica emitió un reportaje de investigación donde dejaba en muy mal lugar al supuestamente honorabilísimo sir Sebastian Coe, actual presidente de la IAAF. Si ya su gestión en su época de vicepresidente de la organización abre muchos interrogantes (¿realmente era ajeno a la sórdida trama de corrupción desarrollada por el presidente Lamine Diack y su hijo Papa para “lavar” positivos rusos a cambio de dinero?), el reportaje muestra a las claras que Coe conoció con mucha antelación el caso de la maratonista Lilia Shobujova (cliente de la red de Diack) y no hizo nada sino taparlo (¿Por qué?). Esta circunstancia subraya el carácter aberrante de la propia IAAF, que actúa en el proceso contra el atletismo ruso como juez y también como parte.

Da la impresión de que la IAAF y Sebastian Coe se muestran tan expeditivos en todo este asunto por una cuestión de mera supervivencia, pues no en vano una parte del escándalo (atletismo ruso) está siendo castigada por la contraparte (IAAF-Coe).

De resultas, en Río podremos contemplar escenas paradójicas, que no cristalinas. Por ejemplo, ya en las semifinales de los 100 m, los tacos de salida estarán ocupados en su mayor parte por atletas con algún episodio oscuro a lo largo de sus carreras. Al frente de todos probablemente se hallará el estadounidense Justin Gatlin, de tenebroso pasado y luminoso presente delator, pues la IAAF lo restituyó supuestamente por chivato. ¿Es ésta la meta de la IAAF?

Un Doble Rasero

En resumidas cuentas, algo huele a podrido y no precisamente en Dinamarca. El proceso desatado a raíz de los documentales de Hajo Seppelt (donde graba con cámara oculta testimonios y delaciones indirectas de atletas concretos) ha terminado -de momento- por provocar un durísimo dictamen de la IAAF algunos de cuyos párrafos podrían asimismo aplicarse punto por punto a varios países más, por ejemplo Turquía o España (sobre todo donde se habla de una “cultura de la tolerancia junto con la connivencia de las autoridades”). No en vano, el laboratorio de la Agencia Española Contra el Dopaje acaba de ser desmantelado por la AMA y la noticia ha pasado casi desapercibida. Da la impresión que una clave no necesariamente deportiva empieza a dominar el deporte mundial, pues nos hallamos ante un boicot olímpico indirecto de tesis contradictorias, pues si, tal y como asegura la AMA y la IAAF, en Rusia rige una estructura de dopaje de Estado, ¿qué hace el COI que no extiende el veto a todas las disciplinas olímpicas? Y en las últimas horas, el COI parece ser consciente de esta lógica y comienza a lanzar su amenaza.

Los atletas rusos no son la cara de las grandes marcas comerciales, que apenas pierden nada con el veto. ¿Qué hubiera ocurrido en caso contrario? No es descabellado pensar que la prohibición no se hubiera cursado tan fácilmente, al menos en lo que respecta a las condiciones para la asistencia individualizada. Poniendo un ejemplo inverso, en Oregon (EE.UU.) los pupilos del inefable Alberto Salazar, bajo sospecha permanente, integran un grupo de métodos opacos y de resultados sorprendentes. Pero se llama The Nike Oregon Project. Pese a las acusaciones de ex componentes del grupo y de otros deportistas y entrenadores estadounidenses, el proyecto permanece inalterable y los resultados de Mo Farah también.

La IAAF se esfuerza en explicar que basa su decisión en aras de una competición en igualdad de condiciones, y en aras de la protección de los atletas limpios. Este último propósito está fracasado, por cuanto la IAAF no ha protegido a los atletas rusos limpios, sino todo lo contrario. Respecto a la igualdad de condiciones, más o menos siempre la ha habido, ya sea en los años de “barra libre” en los ochenta, ya sea en la actualidad. Es algo que el mundillo sabe a la perfección.

Una Dosis de Fariseísmo

El COI parece estar considerando imponer el veto total al equipo olímpico ruso en Río, un paso tan inconcebible como lógico, a cuenta de ser consecuentes con las acusaciones de dopaje de Estado vertidas contra Rusia. Pero, como supuestamente indican los escándalos acaecidos en los últimos años, las máximas organizaciones deportivas del planeta –el propio COI y la FIFA– siempre han sido un lodazal de corrupción. A lo largo de su historia, el COI ha contado entre sus dirigentes a reaccionarios como Pierre de Coubertin o filonazis como Avery Brundage, que costaron la marginación de las mujeres y de varios atletas negros y judíos. Cuando hablamos de supuesta corrupción, el nombre de Juan Antonio Samaranch luce en todo su esplendor. Antes de que estallara el escándalo de las comisiones a cuenta de las adjudicaciones de los Juegos en los años noventa, su negociación con la NBA para que los baloncestistas profesionales estadounidenses pudieran acudir al torneo olímpico en 1992 pudo catalogarse de gloriosa; aceptó las dos condiciones que le ponían: 1) no alojarse nunca en la Villa Olímpica, sino en un hotel de 5 estrellas, y 2) no tener que pasar jamás controles antidoping. Y ahí seguimos. Lo que quiero decir es que unas organizaciones en apariencia corruptas hasta el tuétano, no pueden investirse ahora de transparencia y profesionalismo para impartir justicia. Porque más que justicia, esto parece una represalia.

Visto Desde el Lado Ruso

El único miembro ruso del Consejo Directivo de la IAAF (28 personas) es Mijail Butov, el nuevo presidente de la Federación de Atletismo de Rusia. En declaraciones a la prensa, cuenta que el pasado viernes, día de la votación en Viena, sus colegas le esquivaban la mirada antes de la votación, en la que no podía estar presente. Según Butov, la decisión se tomó mucho antes y ni siquiera hubo votación. “El resultado unánime indica que apenas hubo disensión, estaba todo decidido de antemano”, declara al diario deportivo ruso Sport Express.

Las figuras rusas fluctúan entre la resignación y la protesta, que se torna en indignación por la humillación –así lo consideran– que supone el resquicio de asistir a Río de manera individualizada y bajo bandera olímpica. Campeones olímpicos como Elena Isinbáeva (pértiga) o Andrei Silnov (altura) han declarado que a Río sólo acudirán bajo bandera rusa. Cifran su última esperanza en el Tribunal de Arbitraje Deportivo en Lausana, al que la Federación Rusa de Atletismo se dirigirá de urgencia.

Aún instalados en el pesimismo desde hacía días, más interesante es la reflexión de algunos periodistas deportivos rusos acerca de por qué se ha llegado a esta situación. Natalia Marianchik (Sport Express) se preguntaba si la actitud poco inquisitorial de los periodistas deportivos rusos (a diferencia, por ejemplo, de Hajo Seppelt) para con este tipo de comportamientos y escándalos, no sería uno de los agravantes de las tremendas acusaciones vertidas contra el atletismo ruso. Porque lo cierto es que allí, en Rusia, una opinión muy extendida entre la opinión pública es que si no tomas substancias que mejoren el rendimiento, no compites en igualdad de condiciones, pues el deporte profesional es sucio por naturaleza. Más interesante todavía es la conclusión a la que llegan varias rúbricas de otro diario deportivo, Sovietski Sport. Uno de sus comentaristas, Yuri Tsibanev, apunta la paradoja de que, el mundo al revés, el carácter del castigo impuesto al deporte ruso es exactamente como el de una purga estalinista, donde se hace tabula rasa con todo, como los bombardeos de alfombra.

Mientras tanto, se comienza a aventurar la creación deprisa y corriendo de competiciones internas para no tirar totalmente por la borda la temporada de los atletas. Se alude a las Espartaquiadas, la competición creada en la URSS durante el tiempo en que el país estuvo vetado en los Juegos Olímpicos (hasta 1952). Sin embargo, por mucha competición paralela que los rusos puedan organizar, nada impedirá la progresiva pauperización de la mayoría de sus atletas; sin la posibilidad de ganar dinero en los meetings comerciales en Europa, apenas encontrarán patrocinio en su país. En estos momentos, el atletismo ruso ha entrado en coma.

El Objetivo Real: El Mundial de Fútbol 2018

Quien crea que los grandes acontecimientos deportivos son totalmente ajenos a la política, es un iluso. Para empezar, la razón primigenia de la creación de los Juegos Olímpicos fue política: aprovechar para entablar una tregua en las guerras entre las ciudades-Estado que componían la antigua Grecia. Conviene echar un vistazo a la situación geopolítica internacional para darse cuenta de cómo está el equilibrio de poderes en el mundo durante estos primeros convulsos años del siglo XXI. Entre la segunda mitad de 2013 y principios de 2014, Rusia obtuvo unas impactantes victorias diplomáticas y geopolíticas en la arena internacional. La concesión del derecho de asilo político al especialista estadounidense de la NSA/CIA en escuchas globales e información encriptada Edward Snowden, el abortamiento en el último suspiro y por vía diplomática del ataque anglo-estadounidense a Siria por el supuesto uso de armas químicas, y la organización de un referéndum de independencia y reunificación en Crimea tras el golpe de Estado promovido por EE.UU. y la UE en Ucrania, dejaron a Rusia en el punto de mira de las ambiciones geoestratégicas del bloque de la OTAN, por incumplidas. Tras la exitosa campaña de bombardeos rusos en Siria contra el Estado Islámico y grupos terroristas como Jabbat Al-Nusra (filial de Al-Qaeda en Siria) y Sahr Al-Islam (todos con financiación y pertrechos de EE.UU. y Turquía, según el informe de la propia CIA rendido ante el Congreso de los EE.UU. acerca de la financiación y apoyo a los grupos armados opositores en Siria), un nuevo marco de guerra fría, ya incontenible, se ha apoderado de las relaciones internacionales, marcando una política de bloques en Occidente, una de cuyas múltiples aristas son los despliegues de tropas y constantes maniobras militares de la OTAN junto a las fronteras de Rusia. Luego de aprobarse en 2014 un régimen de sanciones internacionales contra Rusia, el efecto no es el esperado, pues el daño es poco significativo y recíproco: sufren por igual los exportadores europeos a Rusia (por ejemplo, los cítricos españoles, ahora vetados). Pero en perspectiva hay algo mucho más jugoso, algo mucho más gordo, un evento cuya anulación sí causaría un daño económico muy serio, a diferencia de las sanciones. Es el Mundial de la FIFA de 2018 en Rusia.

Sin embargo, un acontecimiento de esta magnitud no se retira así como así. Como mínimo, se necesita un caldo de cultivo previo, un ambiente enrarecido y unas premisas. Y en ésas nos hallamos. El impacto económico producto de tener varios estadios de fútbol nuevos vacíos y decenas de hoteles sin estrenar, ocasionaría un perjuicio muy grave a una economía no excesivamente boyante en medio, además, de una crisis global que parece no tener fin. Este es el contexto en el que se está dilucidando el destino del deporte ruso a corto plazo y estos son los personajes que pueblan las estructuras de las mayores organizaciones deportivas del planeta. Porque, no lo olvidemos, Sebastian Coe (ex miembro del Parlamento británico por el Conservative Party) y muchos de los funcionarios deportivos de la IAAF y del COI vienen del mundo de la política y de la diplomacia.

GEOPOLÍTICA, DEPORTE Y DOPAJE

 jeringuillaEl pasado lunes 9 de noviembre el mundo del deporte sufrió una convulsión brutal a cuenta de un informe de 300 páginas elaborado por una comisión de investigación independiente bajo la égida de la Agencia Mundial Antidopaje (en adelante en sus siglas en español, AMA) con sede en Mónaco en el que, grosso modo, se denuncia un supuesto organigrama de dopaje de Estado en Rusia y acto seguido, entre otras medidas, se propone vetar la participación de la selección de la Federación Rusa de Atletismo en las inminentes citas de 2016 (Mundial en Pista Cubierta, Europeos al Aire Libre y Juegos Olímpicos), aparte de descalificar de por vida a cinco corredoras y varios funcionarios. El documento, redactado en inglés y firmado por el canadiense Richard Pound (ex jefe de la AMA), describe una trama en la que mediante la connivencia del Ministerio de Deportes de Rusia, el mismísimo FSB (Servicio Federal de Seguridad), un aparente segundo laboratorio de la Agencia Rusa Antidopaje (en adelante en sus siglas en inglés, RUSADA) y la propia IAAF, supuestamente se “eliminaban” muestras sospechosas y resultados positivos a cambio del pago de un dinero que posteriormente se blanqueaba en una empresa radicada en Singapur (Black Tidings, cuyo administrador era Papa Massata Diack, hijo del ex presidente de la IAAF, el senegalés Lamine Diack).

Al instante, la prensa mundial da buena cuenta del escándalo echando mano de titulares más bien característicos de la Guerra Fría o incluso de las películas de James Bond, donde se personaliza el mal y se alude al KGB (valgan como ejemplo esta crónica del diario El País: “La policía de Putin controló el laboratorio antidopaje de Sochi 2014”). El documento fue anunciado de golpe; a saber, sin informar previamente a las partes implicadas y extrayendo conclusiones supuestamente definitivas. Esto es así porque el informe no fue preparado para Rusia, sino para las instancias deportivas internacionales (gran parte de las recomendaciones sobre descalificaciones de por vida de atletas y funcionarios están dirigidas al COI y a la IAAF). Tras anunciar el informe ante los medios de comunicación, la IAAF exigió  al Ministerio de Deportes de Rusia y a la Federación Rusa de Atletismo presentar explicaciones antes del término de la semana en curso. Mientras tanto, el COI no esconde que otros deportes puedan verse también afectados.

Como se puede comprobar, la situación es tan inédita como impactante. De resultas, los Juegos de Río pueden verse privados del concurso de leyendas del atletismo mundial como Elena Isinbáeva o Anna Chícherova y por, ende, de todos los representantes de una de las grandes potencias atléticas del mundo, hayan estado mezclados o no alguna vez en asuntos de dopaje.

 

Un informe a partir de una película

Es necesario recordar que la gestación del informe firmado por Richard Pound se produce luego de exhibirse en el canal público alemán ARD el documental de Hajo SeppeltDoping Secreto: Cómo Crea Rusia A Sus Campeones”, donde se exponen gran parte de las acusaciones que luego se reproducen en el documento de la comisión de la AMA (anterior objeto de análisis en este mismo blog a lo largo de tres entradas). De hecho, la propuesta de descalificar de por vida a las semifondistas María Savínova y Ekaterina Poistogova surge de la supuesta confesión a la informante oculta del documental, Yulia Rusánova, captada de soslayo con la cámara del teléfono móvil. En ella, unas imágenes sin sonido de una Savínova medio borrosa y tapada (sus labios apenas se ven) son sonorizadas con una voz doblada al alemán en la que la campeona olímpica, en unas pocas frases, revela sumariamente las características del sistema tramposo del que se ha beneficiado. La película, emitida en otoño de 2014, suscitó un enorme escándalo, provocando por parte de los abogados de la Federación Rusa de Atletismo y María Savínova la exigencia de que se les entregara una copia de la grabación original para constatar su fidelidad y la concordancia de sus palabras. Ni el canal ARD ni Hajo Seppelt les han enviado hasta la fecha copia alguna.

Esta circunstancia, así como la confesión de la ex maratonista Lilia Shobujova, es muy importante, pues obra que muchas de las posteriores acusaciones se formulen obviando la presunción de inocencia de toda una masa de atletas a la que se implica de golpe. La descalificación de por vida es una medida de castigo que en principio se aplica por la repetida infracción de las normas antidopaje. Y estas atletas nunca dieron positivo ni infringieron las normas antidopaje. En buena parte, la implicación de todo el atletismo ruso en prácticas de dopaje está suscitada en el informe a partir del testimonio en el documental de Seppelt de cinco personas, entre ellas Lilia Shobujova, Yulia Rusánova, su marido y un atleta más. El resto, en la sospecha de que no todo era trigo limpio en el laboratorio de la RUSADA, aunque el propio COI afirma que funcionó de manera correcta en los Juegos de Sochi 2014. Es decir, las pruebas no son tan sólidas como se quiere hacer ver, algunas se reducen a un acto de fe. A menos que el informe se esté sirviendo en “fascículos” y se esté guardando algo más sólido antes de ver los pasos de respuesta de la Federación Rusa de Atletismo. Aunque esto de las sanciones de por vida es relativo, pues ha habido casos en que los afectados han “negociado” su pena. Por ejemplo, Justin Gatlin. En suma, la base de la investigación se funda en confesiones como la de la ex maratonista Lilia Shobujova, que explota porque, tras trascender su irrevocable positivo, no tiene dinero para hacer frente a la restitución de los premios ganados (casi 450.000 dólares) y la Federación Rusa de Atletismo se niega a seguir protegiéndola jurídica y financieramente.

 

La paradoja de la AMA y de la IAAFpistola

Más allá del inmenso daño que las conclusiones del informe de la comisión encabezada por Richard Pound puedan infligir al deporte ruso, la mayoría de los medios de comunicación, interesadamente o no, están obviando una circunstancia que resulta también demoledora para el lado acusador. Me explico. Si una comisión de la AMA revela la existencia de un engranaje de dopaje de Estado en Rusia con la connivencia de altos directivos de la IAAF que, en última instancia y a cambio de mordidas, se encarga de borrar las evidencias de los tests positivos de multitud de atletas, ¿qué papel ha jugado aquí la propia AMA? Porque es precisamente esta organización la que en teoría vela por la custodia, integridad y archivo de los resultados de los análisis de todas las muestras que se recogen. En otras palabras, el tremendo directo propinado a Rusia, es también un dolorosísimo gancho a la IAAF y un tiro en el pie que se pega la propia AMA.

 

Coe¿Jaque mate a Seb Coe?

La IAAF, en boca de su presidente Sebastian Coe, dio el lunes una semana de plazo a las autoridades rusas a presentar explicaciones convincentes, so pena de votar favorablemente a finales de noviembre una resolución que vete la participación del equipo nacional ruso de atletismo en los próximos eventos internacionales en 2016; nada menos que los Mundiales de Pista Cubierta en Portland, los Europeos al Aire Libre en Amsterdam y, la artillería pesada, los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Huelga decir que la posición de Coe, que en 2015 estrenó presidencia en la IAFF tras ocho años como su vicepresidente, es crítica. El inglés, ex atleta estelar, ex diputado torie y con título de Sir, arribó al máximo puesto de esta organización con un currículo sin tachas y con la promesa de iniciar una nueva etapa, atajando los escándalos de corrupción y dopaje. Y ahora, conminado a tomar la decisión más importante de su vida en contra del país cuyos Juegos Olímpicos le alumbraron como leyenda, no puede dejar de comprender que cualquier fallo contra Moscú se formulará indirectamente también contra la IAAF y contra su persona, pues si todo es así, si la corrupción administrativa del atletismo y el dopaje es un mismo ente entrelazado, ni Coe ni sus funcionarios podrán salir indemnes.

 

El papel de la AMA y el enfoque mediático

Casi paralelamente a la emisión del documental de Hajo Seppelt, se filtró la noticia de que la AMA estaba investigando 12.000 muestras sospechosas de más de 5.000 atletas de todos los países, incluida España. Estas cifras, gigantescas, pueden tumbar no ya a todo un país, sino a toda la familia olímpica. De ahí que la AMA no se haya dado tanta prisa en extraer conclusiones categóricas. Sin embargo, en el caso de Rusia las ha sacado y los medios de comunicación las han dado forma. Y de qué manera. Putin ordenando a sus agentes del ex KGB que se apoderen de los laboratorios de la RUSADA para manipular y destruir muestras. Sin duda alguna, una retórica propia de una Guerra Fría que en realidad nunca desapareció, se ha apoderado de las crónicas periodísticas para relatar la situación. El dopaje de Estado remite enseguida a la RDA, aun cuando el último dopaje de Estado reconocido e investigado no fue el de la República Democrática Alemana, sino el de la RFA; sí, la Alemania de Adenauer, Brandt, Köhl, como publicó a bombo y platillo la Universidad Humboldt de Berlín en agosto de 2013 y que provocó el nerviosismo ministerial en la RFA de Angela Merkel y de refilón en su potente industria farmacéutica. Pero nadie se rasgó las vestiduras y, por supuesto, nadie fue demonizado, nadie se soliviantó. Ni siquiera el presidente del COI, el alemán Thomas Bach.

No ocurre otro tanto con el caso de Rusia. Estén o no sus laboratorios tomados por malévolos agentes del FSB (de ser verdad, cuesta creer que se dejen pillar in fraganti), lo cierto es que la RUSADA es la agencia nacional antidopaje que más activamente ha colaborado en los últimos años con la AMA, “entregando” a numerosos atletas incluso en vísperas de unos Juegos (hasta ocho una semana antes de Pekín’08) o, directamente, descabezando a todo el equipo de marcha antes de 2015.

 

Un término muy aparentedopaje

¿Qué es el dopaje de Estado? ¿Una fábrica de atletas dopados en serie con financiación pública? Sí, ciertamente, aunque todo es más sencillo. En realidad, basta con gozar de cierto amparo y encubrimiento por parte de las autoridades de tu país. Tomemos el ejemplo del que mejor conocemos: España. La operación Puerto se cerró en falso con el juez ordenando la destrucción de las pruebas, y la operación Galgo con Marta Domínguez con acta de senadora por el partido del Gobierno, amén de la protección de la RFEA (la semana que viene se retomará el caso de su pasaporte biológico, con el fallo del CAS, el Tribunal de Arbitraje Deportivo con sede en… Lausana). O, por ejemplo, el caso Contador, con todo un presidente del Gobierno de entonces defendiendo su inocencia (recordemos que la acusación partió también a raíz de las investigaciones de Hajo Seppelt). En suma, parece que hay una especie de doble rasero para valorar los casos de dopaje según del país del que provengan. Pero esto es algo más que una crítica al chovinismo.

 

Antecedentes de un boicot indirecto

Los Mundiales de la IAAF nacieron en 1983 precisamente para hacer frente al persistente boicot que sufrían los JJ.OO. Casi toda África boicoteó los de Montreal’76, EE.UU. y casi todos los países de la OTAN los de Moscú’80, la URSS y casi todos los del Pacto de Varsovia los de los Ángeles’84. Es decir, históricamente, los boicots han sido consecuencia, entre otras cosas, de la política de bloques junto con una decisión propia. En el caso de que finalmente se prohíba a Rusia participar en todas las competiciones internacionales de 2016, estaríamos asistiendo a una suerte de boicot indirecto, donde el país anfitrión de unos Juegos (Brasil), se vería privado de la participación de un importante concursante, pero no por decisión propia, sino por un veto. Aunque producto de sanciones internacionales, la Yugoslavia federativa de Serbia y Montenegro sufrió entre 1992 y 1995 un veto deportivo parecido, finalmente anulado no sin la iniciativa de Grecia, país que organizaba en el verano de 1995 el Eurobasket y deseaba la inclusión de su vecino balcánico (Yugoslavia acabó ganando el campeonato).

En el caso que nos ocupa, actualmente Moscú está sujeto a sanciones internacionales a raíz del golpe de Estado en Ucrania y el subsiguiente patrocinio del referéndum en Crimea que reunificó la península con Rusia. La posterior guerra civil en el este de Ucrania y, muy especialmente, el despliegue de las fuerzas aeroespaciales de la Federación Rusa en el aeródromo sirio de Latakia para, en auxilio del Gobierno de Siria, tomar la iniciativa en Oriente Medio y hacer frente a las grupos terroristas Daesh, Al-Nusrá, Yeish Al-Islam y demás filiales de Al-Qaeda financiadas por las monarquías del golfo Pérsico socias de EE.UU., ha obrado que el programa de sanciones, lejos de anularse, se renovara en julio (las sanciones tienen carácter semestral) y se vaya a renovar en enero. Junto con la caída artificial del precio del petróleo, la constante brega de las autoridades de Bruselas y Washington busca aislar a Rusia en la arena internacional y debilitarla para que deshaga los pasos ya emprendidos.

En esta situación, conviene no perder de vista el contexto internacional, pues quien crea que el deporte y la geopolítica están separadas, lo único que hace es brillar de puro candor. Es más, la historia del olimpismo en el siglo XX, ha sido la conjugación de estos dos factores a todos los niveles. De hecho, la URSS estuvo vetada de inicio en el movimiento olímpico y no fue hasta 1952 cuando la Unión Soviética acudió por primera vez a unos Juegos de pleno derecho: en Helsinki’52. Entre medias, se tuvieron que contentar organizando las Espartaquiadas. Pero el antecedente más próximo de exclusión de Rusia o, mejor dicho, de intento de exclusión, tuvo lugar este mismo septiembre, cuando la FIBA inicialmente decidió excluir a todas las selecciones de baloncesto del país de tomar parte en todas las competiciones (el Eurobasket comenzaba en unos días) debido a un problema de índole federativa-administrativa; las elecciones a la presidencia de la Federación Rusa de Baloncesto no habían correspondido a los cánones que dicta la FIBA. La situación se salvó en el último instante, pero dio mucho que pensar. De nuevo aquí, surge la sombra de los dobles raseros, puesto que, sin ir más lejos, la participación de los equipos de baloncesto olímpicos de EE.UU. en los Juegos compuesta por jugadores de la NBA, se logró en 1992 bajo la presidencia de Juan Antonio Samaranch en el COI, al garantizarles que: 1) no estarían obligados a pasar controles antidoping, y 2) se podrían alojar en un hotel de cinco estrellas y no en la Villa Olímpica. Y así hasta la actualidad.

 

El mundial de fútbol, ¿posible objetivo?

Nada en este mundo sucede por casualidad. No es ningún secreto que el dopaje es una práctica extendida en la mayoría de los países, cuyas federaciones  disimulan con mayor o menor acierto. Se asegura que Jamaica es un país casi descontrolado en este aspecto, al igual que Kenia e incluso Etiopía. Pero éstos son Estados pobres, con un entramado burocrático de menor calado ante la contingencia de un gran escándalo de dopaje. Son las marcas deportivas asociadas a los atletas en cuestión las que pierden dinero si les falla su icono. En este sentido y en el caso de que recurrieran al doping, Bolt no podría caer, como tampoco Alberto Salazar y sus chicos en el Nike Oregon Project. El mundo del deporte no aguantaría otro Lance Armstrong, otra Marion Jones. ¿O sí? Sí, si los deportistas involucrados no son mediáticos, como es el caso de la mayoría de los rusos a excepción de Isinbáeva.

¿Y qué debe pensar Brasil? ¿Está de acuerdo en sufrir un boicot indirecto en los primeros Juegos de la historia en Sudamérica? Brasil no está en la UE ni la OTAN. Está en el BRICS, junto con Rusia, China, India y Sudáfrica. Es otro bloque. O dicho de otro modo: ¿convendría Gran Bretaña un veto a Rusia si los Juegos de 2016 volvieran a ser en Londres? Tampoco aquí hay casualidades, pues si las muestras de los 5.000 atletas investigados por la IAAF datan desde principios de siglo, ¿no se pudo incriminar a Rusia ya en 2012, cuando aparentemente ya se conocían muchos de los hechos que ya denuncian?

Como declara Pound, “esto es sólo la punta del iceberg”, lo cual únicamente puede significar la existencia o preparación de otro informe más. De momento la crisis afecta al atletismo, pero en el instante que trascienda a otras disciplinas, el ambiente será explosivo. A nadie se le escapa que la corrupción en la FIFA a cuenta de la adjudicación del Mundial de Fútbol a Cátar en 2022, pasará factura también a Rusia, que organiza el suyo en 2018. ¿Es éste el objetivo real, el más jugoso para hacer un daño económico real? Al fin y al cabo, que Isinbáeva y sus compañeros no acudan a Río, es incomparable a la catástrofe de diez estadios de fútbol sin estrenar.

Lamentablemente, la puesta en escena de esta crisis está organizada para el consumo mediático occidental. Tramas mafiosas, extorsión, agentes del ex KGB…  Pero en esta lógica de bloques y guerra fría, todo huele a confrontación en la que existe el peligro de que se acaben utilizando argumentos “nucleares”. Y con este tipo de bombas, ya se sabe, no sobrevive nadie. Lo sabe Sebastian Coe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Reflexiones mundialistas

FINALIZADA LA TEMPORADA ATLÉTICA y mitigado el eco de la emoción que suscitó su apoteosis en Pekín, es hora de apuntar algunas conclusiones ya en frío. Más allá de comentar el extraordinario rendimiento de las grandes triunfadoras del Mundial -las selecciones de Kenia y Jamaica-, o analizar el bajón de potencias como EE.UU. y, sobretodo, Rusia, me detendré en algunos hechos que captaron mi atención.

NidoPajaro2ANTES QUE NADA, estimo obligado decir algunas palabras sobre la realización televisiva del campeonato, dado que la impronta de las imágenes en nuestra memoria en buena medida también son consecuencia de ella. En este sentido, cabe resaltar que, al menos en comparación con Mundiales anteriores, la realización dejó mucho que desear: atención escasa a los concursos y centrada en extremo en la pista, excesivas imágenes de la pista de calentamiento donde no ocurría absolutamente nada, abuso de la señal en diferido, presentaciones de carreras larguísimas, etcétera. En suma, el realizador parecía novato, alguien que no comprendía la importancia de la inmediatez del directo, alguien que no sabía aprovechar las dilatadas presentaciones de la carreras para mostrar los lances que simultáneamente discurrían en los fosos. En cualquier caso, la comparación con los Mundiales de Moscú en 2013 saltaba a la vista, pues allí el trabajo pactado entre los profesionales de la IAAF y los realizadores locales obró una vibrante retransmisión donde apenas se perdía ni un ápice de la competición.

OTRO DETALLE que, en mi opinión, no viene sino a corroborar este punto de vista, radica en el emplazamiento de determinadas cámaras en el estadio del Nido de Pájaro. Más exactamente, el ángulo ofrecido para con algunas pruebas. Tanto es así, que el impresionante salto de 18.21 m del estadounidense Christian Taylor en la final de triple, no produjo una impresión tan majestuosa como aquel que le valió el actual récord del mundo con 18.29 m al británico Jonathan Edwards en Edimburgo’95 (ver aquí uno  y otro). Por otra parte, la mágica luz vespertina del estío escandinavo supone un plus añadido a la imagen, algo que la noche pekinesa no puede lograr. En fin, en el caso que nos ocupa, en Pekín se sirvieron planos demasiado cercanos que privaron al espectador de una perspectiva más general y, en consecuencia, de una idea más acertada de la magnitud del salto de Taylor.

EN LA ESFERA MERAMENTE DEPORTIVA, Pekín-2015 arrojó un impactante resultado que, me inclino a pensar, es más bien coyuntural: la victoria en el medallero final de Kenia, seguida de Jamaica. Si bien por parte keniana su fulgor áureo se lo otorgan los triunfos conseguidos en los 400 metros vallas y en el lanzamiento de jabalina en categoría masculina, es imposible soslayar que tanto el atletismo keniano como el jamaicano siguen siendo “sectoriales”; es decir, especializados: unos en mediondo, otros en velocidad. O lo que es lo mismo: su fenomenal éxito también se explica por el bajón experimentado por las potencias generalistas, EE.UU. y Rusia, especialmente esta última. No me cabe ninguna duda de que estos dos países escalarán posiciones en la grandiosa cita del año que viene: los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro. Aunque EE.UU. bajó el listón, lo cierto es que sus triunfos se repartieron por las tres modalidades (carreras, saltos y lanzamientos). Y, sobre todo, su “clase media” sigue imparable: finalistas por doquier. Caso distinto fue el de Rusia. Cual afectada de una suerte de “ciclogénesis explosiva”, un cúmulo de factores de todo tipo ocasionó un rendimiento notoriamente más bajo que en anteriores ediciones: cambio generacional tanto a nivel deportivo como federativo (Borzakovski, nuevo y novato seleccionador nacional), bajas por lesión, bajas por maternidad, ausencia de representantes en algunas pruebas debido a los últimos escándalos de dopaje (la marcha contó con 0 representantes rusos), etcétera, etcétera. No obstante, al igual que EE.UU., el gigante euroasiático dispone de un atletismo generalista y, casi con toda seguridad, mejorará su actuación en Brasil.

Switzerland Athletics EuropeansUNA DE LAS CURIOSIDADES que la competición en Pekín constató, es el auge (o recuperación, según se mire) de la velocidad “blanca”. La capital china fue testigo del triunfo de sprinters de raza caucasiana, un hecho que en la segunda década del siglo XXI puede parecer extraño. A la impresionante demostración de la velocista holandesa Dafne Schippers en 100 y 200 metros, hay que sumar el brillante triunfo del ruso Serguei Shubenkov en los 110 metros vallas. Su compatriota Denís Kudriavtsev vendió cara su derrota en los 400 metros vallas frente al keniano David Kibet y el azerbayano de madre rusa y ahora turco Ramil Gulíev se plantó brillantemente en la final de los 200 m. Tampoco podemos olvidar al francés Christophe Lemaitre; aun siendo pasto los dos últimos años de lesiones musculares, sigue teniendo clase de sobra para competir, sobre todo en el doble hectómetro. Sólo un dato: aún limitado y con peores tiempos, sigue dando la impresión de tener más talento que su compatriota Jimmy Vicaut, reciente co-plusmarquista europeo. Si las lesiones le dan tregua de manera que pueda entrenar de manera regular, Lemaitre  volverá a bajar de 10.00 segundos en la prueba reina, por ejemplo.

PERO, SIN DUDA ALGUNA, LA SUPERNOVA NACIENTE del sprint femenino es Dafne Schippers. Qué corredora. Alta, potente, de velocidad inercial demoledora. Schippers sorprendió incluso a sus más optimistas seguidores, quienes auguraban su gran eclosión para Río’16. De origen heptatlético noble (bronce en Heptathlon en Moscú-2013), la velocista de Utrecht ha gozado de un desarrollo armónico gracias al cual su cuerpo ha hecho todas las adaptaciones habidas y por haber. El resultado es que de una buenísima heptatleta ha salido una maravillosa sprinter. En el hectómetro, sólo leyendas de la velocidad europea como Irina Priválova, Christine  Arron o Marlies Göhr han corrido igual o más rápido. En la media vuelta, la holandesa ya supera a mitos como Marita Koch o Heike Daute-Dreschler.

MaritaPARTE DE LA PRENSA PATRIA se mostró alborozada de que Dafne triturara con 21.63 la antigua marca de Marita y Heike (21.71), significando que los tiempos de las alemanas orientales eran fraudulentos y que, de alguna manera, no valían. En particular, aludieron a Marita. Una vez más, en este punto hay que resaltar la hipocresía e impostura de quien blandió semejantes argumentos. Una hipocresía semejante a la esgrimida por cierta prensa alemana tras la reunificación del país, que despreciaba a Marita en tanto que ya no estaba en activo, pero que ensalzaba a Heike en tanto que siguió ganando medallas de oro para la nueva RFA hasta el año 2000. Miren ustedes, si les asusta un crono de 21.71 conseguido en 1979 y repetido en 1984 por una atleta menuda y sonriente, ¿acaso no caen presas del pánico ante otro de 21.63 logrado en 2015 por una mole de músculos de 1,80 m de estatura? En otras palabras, ¿han probado a imaginarse a Schippers vestida con una camiseta que ponga DDR y no Nederland? Porque da el pego.

HeikeMÁS ALLÁ DEL DEBATE de si a sus veintitrés años Schippers tiene poco o mucho acné y de lo asombroso de su progresión (ahora mismo sólo es superada por las estadounidenses Florence Griffith y Marion Jones en el ranking de todos los tiempos en los 200 metros, con todo lo que esto significa), lo cierto es que es una bala y da gusto verla correr. Exactamente igual que Koch y Daute-Dreschler en su tiempo. De lo contrario, corremos el peligro de deslizarnos por una pendiente absurda de sospechas y recelos que no tiene fin, porque tan inconcebible es correr en 1979 los 200 metros en 21.71 sólo a base de vitaminas, como hacerlos en 2015 en 21.63 sólo a base de barritas energéticas. No sé si me explico. A partir de aquí, la crítica interesada para convertir a una de las mejores atletas de todos los tiempos en una paria del atletismo con efecto retroactivo, lo único que desprende es un marcado tufillo de interés político en el que siguen ubicando al atletismo dentro de la lógica geopolítica de bloques.

 

 

 

Un Mundial En El “Candelabro”

NidoPajaroDentro de apenas unos días, el estadio pekinés del Nido del Pájaro volverá a concitar la atención mundial. En esta ocasión no sólo por la presencia del velocista Usain Bolt, sino también por cuestiones atmosféricas; la posible contaminación en la cercana Tianjin a causa de la desgraciada explosión en su zona logística y, muy en particular, por la atmósfera que está envolviendo al deporte rey en las últimas semanas, con sus sempiternos escándalos de dopaje elevados a la enésima potencia gracias a la gestión de la prensa amarilla británica y a algún polémico canal de televisión alemán. Sin ir más lejos, en el último affaire, la IAAF pospone el derecho de anunciar los nombres de una veintena larga de atletas cuyas muestras de sangre y orina entre 2005 y 2007 han resultado anómalas, hasta que el proceso sancionador quede debidamente completado. El penúltimo escándalo, donde las muestras de 34 ganadores de grandes maratones del mundo entre 2001 y 2012 evidencian valores supuestamente sospechosos, es un apéndice del antepenúltimo, en el que miles de análisis de centenares de atletas de todos los países arrojan valores, según los citados medios, positivos.

dopajeHecha esta apreciación y considerando las abrumadoras cifras que se manejan, todo me induce a pensar que en Pekín la competición se librará en igualdad de condiciones, razón por la que, a mi juicio, no cabe seguir desdeñando los resultados de las competiciones de los años ochenta y, ni mucho menos, considerar la estúpida idea de su anulación, una idea que de cuando en cuando se avanza desde algunos medios de modo interesado. Traducción: si en 1988 todos dios iba hasta arriba, en 2015 también.

Más allá del ambiente cuasi apocalíptico que, amenazador, se cierne sobre el atletismo, los países participantes comienzan a revelar la composición de sus equipos nacionales. En el caso de España, la selección presentaba su número más reducido desde Helsinki’83 a falta de los repescados a ultimísima hora: 41 deportistas en total. Aunque liderado por la mejor atleta española de todos los tiempos (Ruth Beitia) y por el valor seguro de la marcha (Miguel Ángel López), lo cierto es que el nivel medio de muchas de las especialidades representadas ha descendido ostensiblemente, siendo el ejemplo del otrora potente mediofondo patrio la prueba más palpable, donde ninguno de sus integrantes presenta este año marcas por debajo de 3:35 en 1500m. Parco bagaje en lo que a unas mínimas garantías de éxito se refiere. Y no en aras de objetivos mayores, sino al menos para poder pasar de ronda (en lo que respecta a las féminas, este año el apartado está vacío).

Salvo excepciones como el brillante marchador Miguel Ángel López o la interesante progresión de la discóbola Sabina Asenjo, el panorama atlético español podría ser aún más sombrío (o lo es aún más, depende de cómo se mire) de no ser por la presencia de siete atletas extranjeros nacionalizados en el equipo (dos de ellos de vuelta a las pistas tras un lóbrego flirteo con substancias y prácticas prohibidas). Y es que este año, los escándalos de dopaje en el deporte español parecen haber cedido el paso al de las naturalizaciones, sobre todo si son exprés. Para regocijo y deleite de buena parte de los lectores de Marca (incluido su lector más influyente), el Consejo de Ministros aprobó hace unos días la concesión de un pasaporte español por carta de naturaleza nada menos que al líder del año en los 110 metros vallas –el cubano Orlando Ortega– para que pueda representar a España en los Juegos de Río de Janeiro de 2016. Esta asombrosa celeridad burocrática no ha tenido parangón, claro está, en la naturalización por la vía ordinaria del discóbolo Lois Maikel Martínez, también cubano. Martínez, de  34 años, lleva más de ocho residiendo en España, pero en el último momento, el Consejo de Ministros falló la concesión de la ciudadanía española para que, en el último instante, se pudiera tramitar ante la IAAF su inclusión en el equipo nacional. Digamos que, en su tiempo, a Martínez le fue denegado el pasaporte vía carta de naturaleza (o sea, la exprés). Y justo ahora, cuando los habituales discóbolos internacionales Pestano y Casañas (éste también cubano) no han logrado clasificarse para el Mundial de Pekín, España tira de Martínez.

En cambio, los nervios del disco no cundieron por igual en el 110 metros vallas ante la obligada ausencia de Ortega hasta Río. La razón, fundamentalmente, es la presencia asegurada en el equipo del cubano Yidiel Contreras, nacionalizado a tiempo en marzo y solvente vallista, quien, aun no siendo una estrella, es perfectamente capaz de pasar las primeras pruebas eliminatorias.

pasaporte_espTodo este compendio de cifras y nombres nos proporciona una idea de la actual línea y estrategia a seguir por las autoridades político-deportivas españolas para con el desarrollo del atletismo en nuestro país: un enfoque marcadamente resultadista con miras a la alta competición con independencia de las tribulaciones por las que pueda atravesar el deporte de base y formación. Es decir, España apuesta claramente por importar talento ajeno antes que formarlo. Sólo así se explica un atletismo español en claro retroceso, con sus líderes y lideresas poniendo parches pese a su más que respetable edad allá donde todavía no se puede generar talento o importarlo. Pero ‘importar’ es un verbo que, aunque de impronta mercaderil, es demasiado neutro como para definir categóricamente la actual situación. Tal vez ‘apropiarse’ sea el adecuado, máxime cuando el “producto” está fabricado, pulido y probado en otros lares.

En resumidas cuentas, nos hallamos en una situación en la que, tensando los hilos un poco, el futuro del atletismo español, de no cambiar la tendencia, parece abocado a depender del presente del atletismo cubano. Y como es preferible el original antes que la fotocopia, lo auténtico antes que el sucedáneo, y el desarrollo deportivo integral para toda la muchachada antes que los sellos oficiales exclusivos de un Consejo de Ministros, paso acto seguido a comentar breve y sucintamente el plantel del combinado antillano de cara a la gran cita china.

El equipo de la Perla del Caribe, aún mermado por bajas como la de Orlando Ortega (largamente anunciada) o la del vallista largo Omar Cisneros (desertó del equipo luego de competir en una reunión en Italia tras entrar en contacto con Yasmani Copello, ahora turco) presenta no obstante un buen elenco, una escuadra que destaca tanto por la solidez de sus veteranos (la pertiguista y campeona panamericana Yarisley Silva lidera el ranking del año con 4.91m), como por el impactante talento de sus nacientes estrellas saltarinas: Pedro Pablo Pichardo, también líder del año con 18,08m y ya habitual por encima de los 59 pies en tres saltos; y el adolescente (¡16 años!) Maykel Massó, campeón del mundo juvenil en Cali con 8.05m, pero que tiene acreditados 8.12m en La Habana desde mayo. Si a esto le unimos (el Consejo de Ministros de España a este paso se va a quedar el año que viene sin vacaciones) que Roberto Skyers es el nuevo valor de la velocidad cubana (octavo hombre del año con sus 20.02 en 200m), que la discóbola Denia Caballero amenaza con destronar a la croata Sandra Perković (la cubana encabeza el ranking mundial con 70.65m), que la ochocentista Rose Mary Almanza está más que capacitada para dar un terrorífico susto a kenianas y anglosajonas (2ª del año con 1.57.70) o que el joven vallista Yordan O’Farrill (22 años) tiene talento de sobra para tapar el agujero dejado por Ortega (24), podemos concluir que Cuba (11 millones de habitantes), aun con sus deserciones, es mucho más que España (46 millones) aun con sus nacionalizaciones. Porque unos, la verdad, gozan de un atletismo propio integral (carreras, saltos y lanzamientos) y otros, la cruda realidad, comienzan a evidenciar un atletismo tipo Frankenstein, confeccionado con jirones de otros y falto de buena salud. De aquí se desprende fácilmente que la política deportiva de las autoridades españolas para con el atletismo patrio es un colosal error, un agujero negro de proporciones gigantescas cuya única perspectiva es la rauda adjudicación de un pasaporte español a los anteriormente aludidos mediante dudosas prácticas político-diplomáticas en aras de intereses totalmente ajenos al deporte, pues, no lo olvidemos, la nacionalización de deportistas cubanos siempre ha sido una de las palancas de las que se sirven las élites políticas de algunos países con las que ejercer presión contra el régimen cubano y su revolución.

¿Atletismo Mercenario? No, Gracias.

bandera1Al poco de que Usain Bolt mostrara en Londres que es muy probable que reedite su condición de campeón del mundo de los 100m dentro de tres semanas en Pekín (corrió en 9.87 segundos saliendo muy discretamente, con viento en contra y desacelerando de forma más que ostensible en los últimos 20 metros: el rostro de Gatlin comienza a adquirir un brillo argento -ver carrera aquí) y justo antes de que el canal alemán ARD y el dominical británico The Sunday Times publicaran unas veladas acusaciones en torno al supuesto ocultamiento por parte de la IAAF de miles de análisis supuestamente positivos sobre cientos y cientos de atletas de todo el mundo (la IAAF ha emitido una durísima y bien argumentada declaración oficial a modo de respuesta contra los citados medios de comunicación), el Consejo de Ministros de España concede discrecionalmente por Real Decreto y mediante carta de naturaleza la nacionalidad española a, entre otras personas, los atletas cubanos Orlando Ortega Alejo y Javier Sotomayor Sanabria (ya retirado), y al gimnasta de Guinea Conakry Thierno Boubacar Diallo. En la página web oficial de la Presidencia de Gobierno de España, la noticia, además, se acompaña del siguiente comentario: “Es un atleta especialista en los 110 metros vallas. En 2015 ha conseguido la tercera mejor marca mundial, por lo que uno de sus objetivos es representar a España en los Juegos Olímpicos de 2016.” Sin comentarios.

Bueno, sí; una vez más, con comentarios.

No sé ni por dónde empezar, pero el error de la página de Moncloa me lo pone fácil: en 2015 Orlando Ortega no posee la tercera mejor marca mundial del año en los 110m vallas, sino la primera (desde el 4 de julio y con 12.94 segundos). Y eso que el comunicado de Presidencia es del día 24. Salvada esta bagatela, el asunto es extraordinariamente polémico, espinoso e injusto. Y, sobre todo, está teñido de un matiz político en mi opinión muy difícil de soslayar.

Digamos que Orlando Ortega recibió en 2013 una sanción de seis meses de suspensión por parte de la Federación Cubana de Atletismo por indisciplina (se negó a acudir a una reunión atlética en Moscú previamente pactada para acudir a otra en Italia), aunque posteriormente la sanción fue rebajada y Ortega llegó a competir en el Mundial de Moscú, donde fue eliminado a las primeras de cambio. Tras su participación mundialista, desertó del equipo nacional cubano y se estableció en España. Tiempo después, como hemos visto, se le concede la nacionalidad española por la vía rápida. Atención al anteriormente aludido comentario de Moncloa, pues señala la razón fundamental por la que se le otorga de manera “express” la nacionalidad: “Uno de sus objetivos es representar a España en los Juegos Olímpicos de 2016“. O sea, por patriotismo. Pero no del atleta en sí (al fin y al cabo, el atletismo es un deporte individual), sino de aquellos que, regocijados, se envolverán con la bandera rojigualda ante los triunfos venideros del cubano españolizado a toda prisa. Es decir, la razón fundamental es más bien el patrioterismo, que es una cosa algo distinta.

A Ortega le han ahorrado el cuestionario que formulan a todo trabajador extranjero que desea obtener un pasaporte español para así demostrar sus conocimientos culturales e integración en nuestra tierra, aunque, a decir verdad, parece que a los obreros senegaleses o agricultores marroquíes nunca les han preguntado por los representantes del Siglo de Oro o por Don Santiago Ramón y Cajal, sino por el nombre del estadio del F.C. Barcelona, el de las esposas de los toreros o el de alguno de los especímenes que pueblan los platós de Sálvame Deluxe. Porque, tristemente, éste es el repugnante trámite por el que tienen que pasar los solicitantes extranjeros tras llevar trabajando y tributando impuestos más de diez años en España y que, a la sazón, a veces supone la denegación de la nacionalidad (ver un ejemplo aquí).

banderaApuntado el agravio comparativo respecto a los trabajadores establecidos en nuestro país desde hace años, es inevitable señalar el daño inmenso que causa ésta y otras nacionalizaciones al deporte del país nacionalizador. España obtiene de manera instantánea un atleta que ha nacido, crecido y aprendido en otras latitudes para luego exprimirlo en beneficio supuestamente propio. En el caso que nos ocupa, Cuba, pequeño país caribeño bloqueado por su vecino septentrional, es el que se ocupó de la detección, desarrollo y formación del atleta. Las autoridades españolas podrán mostrarse pletóricas con esta compra sui generis de una medalla en Río de Janeiro simulada y en diferido, pero hacen mutis por el forro ante la ausencia de perspectivas y desarrollo del deporte de base y los nuevos talentos. España, con graves problemas estructurales en muchos de sus ámbitos, sufre también la falta de una planificación que ofrezca oportunidades a sus atletas. Pero quien no hace mutis por el forro son, en primera instancia, los damnificados directos de esta odiosa política deportiva: los vallistas españoles, quienes ven en esta última nacionalización otra pesada losa puesta por el Gobierno, el Consejo Superior de Deportes y la impotencia de la RFEA sobre la tumba de su futuro. De modo que los muchachos han expresado su desasosiego en un manifiesto que cobrará aún mayor sentido según vayan aflorando las nuevas plusmarcas “españolas” de los 110m vallas, pues, aparte de Orlando Ortega, en marzo también se nacionalizó a Yidiel Contreras. Como resultado, la escasa financiación pública con la que algunos jóvenes vallistas españoles podrían contar para su formación, se esfumará en un abrir y cerrar de ojos, el tiempo en que Ortega y Contreras copen los primeros puestos, con lo cual el abismo entre naturalizados y naturales seguirá profundizándose de forma permanente.

Mucho se critica a tiranías del golfo Pérsico por su querencia de nacionalizar a kenianos al socaire de sus petrodólares, unos petrodólares que también compran ejércitos enteros, como el ISIS. No ocurre otro tanto con EE.UU. (también tuvo algo que ver en la creación del ISIS, por cierto), que en su tiempo se compró a Bernard Lagat para suplir con títulos el hueco de su mediofondo antes de que el laboratorio de Alberto Salazar en Oregón empezara a rendir sus sospechosísimos frutos. Y menos aún se ejerce autocrítica en este nuestro país, incapaz no ya de corregir, sino de siquiera disimular su opción para el desarrollo del atletismo: hurtar talento foráneo con la subsiguiente marginación de la ilusión y denuedo patrios. Y no se disimula porque todo este tipo de maquinaciones con los atletas cubanos de por medio suelen asimismo tener un intríngulis político. España apostó ya hace demasiados años por ir a la gresca con casi toda Latinoamérica, Cuba incluida. En su cambio de vertiente iberoamericana por otra euroatlántica en su política exterior, España finalmente quedó privada de su poder de representación e interlocución privilegiadas con el continente. De resultas, en Europa, es Bruselas y no Madrid quien protagoniza la gestión de toda relación con Cuba. Y así llegamos al reciente intento de reanudación de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana, donde España pinta lo que Papúa-Nueva Guinea (o sea, nada). Pero durante el proceso, que ha discurrido a lo largo de varios años, España siempre ha estado “atenta” a nacionalizar deportistas de alto nivel cubanos, a sabiendas que infligía un golpe al prestigio de Cuba, dado el arraigo popular del atletismo y del deporte en general en la sociedad cubana.

En general, esta política de nacionalizaciones entraña un veneno mortal, pues emponzoña el mundillo deportivo de cada país y mata las legítimas aspiraciones de sus integrantes. Que se lo pregunten a Livania Grenot, actual campeona “europea” de 400m bajo bandera italiana. O mejor dicho, que se lo pregunten a sus colegas italianas: apenas llegó a Italia, lo primero que pidió fue entrenar con los hombres y no con las mujeres, sabedora de los recelos y la tensión que generaba su nuevo pabellón.

En suma, nos hallamos una vez más ante una situación explosiva, un artefacto jurídico-legal que más temprano que tarde estallará con potencia inusitada, por cuanto Ortega lidera la élite mundial del 110m vallas y sus futuros éxitos como español habrán de enterrar una generación entera de atletas nacidos, criados y formados en España. Porque el mensaje que desde nuestras lamentables instituciones se da, se resume en que no importa cuánto te esfuerces, cuán limpiamente entrenes y compitas o cuántos requisitos vayas cumpliendo para acudir a las distintas competiciones internacionales. Siempre podrán traer de fuera un atleta mejor que tú con el que justificar sus cábalas, henchirse de patrioterismo y, lo principal, contribuir a la gresca y tensiones de la geopolítica internacional, aunque sea en nuestra poco envidiable calidad de aguadores y correveidiles de los amos del mundo.

La política de nacionalizaciones española aplicada a deportistas de alto nivel no tiene absolutamente nada que ver con el altruismo, la solidaridad internacional, el internacionalismo multicultural o los valores olímpicos. Si lo tuviera, siempre tendríamos a atletas de diversos países formándose y entrenándose en suelo español, pero compitiendo por sus patrias, países a los que de esta forma se ayudaría de veras en el caso de que ellos no tuvieran la capacidad de asegurar su formación. Pero el caso es que, cuando los tenemos, siempre es con miras a nacionalizarlos cuanto antes mejor, sobre todo si hacen buenas marcas. En realidad, más nos valdría intercambiar conocimientos con la misma Cuba sobre una base de confianza mutua y honesta. Menos pasaportes express y más sistemas de formación deportiva integral levantados con muy poco dinero.

Por todos estos motivos, llamo a suscribir de corazón el comunicado emitido por los atletas españoles de los 110m vallas, de cuyo fuero interno tengo la seguridad de que se guía por pensamientos y anhelos de naturaleza similar, y amplifico en la manera de lo posible la necesidad vital de detener una línea de actuación -una lacra ya- que, a la postre, convierte a los atletas en mercenarios del deporte y al atletismo en un mercadeo impresentable dominado por el resultadismo, el dinero fácil y la más impúdica falta de honestidad en aras de satisfacer los intereses políticos de élites ajenas al deporte rey.

 

Mónaco y los Monarcas de la Prueba Reina

Tarde de grandes emociones en Mónaco, inquietante ciudad-Estado que, aunque dedicada a lavar dinero francés, alojó el pasado 17 de julio una reunión atlética que produjo resultados de relumbrón, especialmente en el mediofondo. Inserta en la Liga del Diamante, el meeting de Mónaco hizo refulgir el brillo de los grandes envites en pos de grandes marcas, en pos de récords del mundo.

Dibaba1Pero las damas primero. Y qué dama y qué manera de llegar la primera. La etíope Genzebe Dibaba, hermanísima de una saga de campeonas, envidiada por todos cual Anna Karénina, dejó boquiabierto al estadio monegasco en la carrera de los 1.500 metros femeninos. Si la aristócrata de San Petersburgo puso apoteósico final a su vida arrojándose a las vías del tren, la emperatriz de Abisinia, liebres enloquecidas mediante y a ritmo inconcebible, se complacía de poner la carrera en fila india apenas recorridos trescientos metros. Algo también suicida. No era una carrera, era una goma elástica estirándose sin fin. No hay lucha, es sólo ansia. La última vuelta, luego de pasar los 800 m a 2:04, atestigua la entrada de la joven etíope en otra dimensión: récord del mundo con 3:50:07, 39 centésimas mejor que la hasta entonces inasequible plusmarca de la china Yunxia Qu, de casi 22 años de antigüedad y envuelta en un halo de sospecha. El ínclito sprinter Justin Gatlin, se hacía a un lado en su calentamiento para ver pasar la estela de la etíope. La holandesa Sifan Hassan batía el récord de su país (3:56:05) para entrar en segunda posición delante de la estadounidense Shannon Rowbury, que hace lo propio con 3:56:29. Como dato curioso, Dibaba no entrena en ningún altiplano africano, sino en Sabadell, desde donde las habladurías afirman que muy recientemente venía efectuando series de 800 m a 1:58 la última. Sin comentarios.

Mientras tanto, en los sectores de salto, el cubano Pichardo y el gringo Taylor, cuales duelistas de Conrad, dirimían su enésimo enfrentamiento, el cual devino en victoria para el segundo con “sólo” 17.75m por 17.73 de su oponente. Brincos merecedores de calificarse de tremendos de no ser porque días atrás, en Lausana, Taylor se impuso a su archirrival con 18.06 frente a 17.99. Queda claro que la victoria en Pekín, sin importar quién, será cuestión de apenas unos centímetros. En la altura, una María Kúchina que venía de fracasar en los Europeos sub-23 de Tallin con unos sorprendentes 1.82 metros, se impone con 2.00 nada menos que a la campeona olímpica (Chícherova, 1.97), a la mundial (Shkólina, 1.91) y a la europea (Beitia, 1.97).

KipropPero el tartán tiranizaba la atención. No en vano, la disputa de los 1.500 m masculinos obró otra carrera espectacular, muy cerca del récord mundial, en la que sus siete primeros clasificados conformaron ipso facto la lista de los más rápidos del año en esta distancia. Asbel Kripop, campeón del mundo, Kenia: 3:26:69. Menuda zancada, qué demostración. Y qué rivales. No en Mónaco, sino para Pekín. Porque si el campeón olímpico, el argelino Makhloufi, aun entrando a un mundo de distancia, es capaz de correr en 3:28:75 por delante del marroquí Iguider (3:28:79) y de Mo Farah (3:28:93, otra vez por debajo de la marca de Cacho), esto sólo puede significar que en la cita mundialista china y en una final sin liebres, Kiprop no lo va a tener tan fácil frente a corredores excelentes en el umbral de 3:29. Y qué podemos decir del neozelandés Nick Willis: quinto clasificado con récord continental y una centésima mejor que el último gran millero anglosajón (Steve Cram batió el récord del mundo en 1985 con 3:29:67).

Esto nos lleva a pensar que hace ya un tiempo que los récords continentales no se consiguen con victorias. Fermín Cacho lo consiguió en 1997 cayendo derrotado ante Hicham El-Guerroj y Mo Farah se lo quitó a Cacho en 2013 doblando la rodilla ante el propio Kiprop. Qué tiempos en los que Mennea y Christie batían la plusmarca logrando victorias. Porque el francés Jimmy Vicaut igualó  el récord de Europa de los 100 m (9.86) cediendo en París ante Asafa Powell (9.81). Sea como fuere, en Mónaco volvió a arrasar el estadounidense Justin Gatlin, que este año corre igual absolutamente en todas las carreras, dependiendo su marca final casi exclusivamente de la velocidad del viento. En Mónaco corrió en 9.78.  Así, casi con matemática precisión, puede ya afirmarse que el oro pekinés será para él con 9.7 a menos que lo remedie Usain Bolt, por el momento permanente morador de la incertidumbre.

Con The Usual Suspects en la memoria de celuloide, Mónaco nos regaló la anunciada (en Madrid) irrupción de un atleta que venderá carísima su derrota en los mundiales. Gracias a una última recta gloriosa en la que se llegó a echar a la calle 3, el ochocentista bosnio Amel Tuka logró una impresionante victoria ante rivales de toda especie parando el cronómetro en unos impactantes 1:42:51, casi cuatro segundos mejor que su mejor marca de siempre hasta mediados de este año. De rostro ajado de azaroso poema balcánico, no obstante hay que recordar que Tuka tiene tan solo 24 años, por lo que su espectacular margen de mejora merece cierto crédito o, al menos, cierta tregua mediática. De momento y por marca, Tuka ya es el 11º mejor ochocentista de la historia.

 

 

Asterix y Gatlin o El Retrato de Dorian Gray

Gatlin2Apenas dispongo hoy de unos minutos para pergeñar unas líneas medianamente interesantes. Para colmo espeso, me resulta difícil acudir a un título literario o fílmico con el que adornar las espectaculares prestaciones del velocista estadounidense Justin Gatlin, quien de nuevo esta temporada tiraniza a Cronos a pesar de su ya más que respetable edad. Menos mal que el injustamente denostado arte del cómic nos brinda un personaje de leyenda, un tremendo galo que se cayó de pequeño en la olla de la pócima mágica y quien ya nunca más tuvo que tomar su dosis cada vez que había que forrar a ostias a los ocupantes romanos, pues los efectos del elixir de Panoramix habíanse tornado perennes en su corpachón.

Un análisis simplón (voy falto de tiempo y sobrado de calor) concluye que el personaje de Goscinny y Uderzo es una buena aproximación a lo que representan las impactantes actuaciones en 2015 de Gatlin-Obelix, sobre todo habida cuenta de las intrigantes conclusiones a las que llega una reciente investigación de la Universidad de Oslo acerca de los duraderos efectos de los esteroides anabolizantes en el cuerpo humano aun cuando se cercene su ingesta.

Sin más preámbulos, el otro día, el pasado 28 de junio, durante la disputa de los trials estadounidenses en Eugene, Gatlin se impuso en la prueba de los 200 m con unos despampanantes 19:57 segundos, batiendo su récord personal, situándose como el quinto hombre más rápido de todos los tiempos y, sobre todo, encabezando el ránking mundial del año en la especialidad. A partir de aquí y con las dudas creadas en torno a Usain Bolt (lesionado, acaba de confirmar su baja en las reuniones de París y Mónaco), las perspectivas de triunfo en el sprint en los próximos mundiales de Pekín’15 se abren de par en par para el campeón olímpico en Atenas’04, un hombre cuya íntima relación con el dopaje le costó ser sancionado casi a perpetuidad (8 años), pero un hombre al que ayudaron a redimirse tras una rocambolesca rebaja de su condena a la mitad gracias a su supuesta colaboración con las autoridades de la lucha anti-doping.

Justin Gatlin es la punta de lanza de una generación de velocistas que amenaza con convertir la final de los 100 m de Pekín en una vuelta al pasado, un pasado en el que los otrora jovencitos Gatlin, Powell o Gay sugerían un futuro rutilante en el sprint. Todos de vuelta al máximo nivel tras sus sanciones (Asafa Powell ya ha corrido los 100 m en 9.84 y Tyson Gay en 9:87), también amenazan con convertir el tartán pekinés en el agua de la piscina de Cocoon, rejuvenecidísimos en sus capacidades. Ni Panoramix tiene la receta.

Sólo Bolt (las estrellas nacientes Trayvon Brommell y Andre De Grasse también despiden verdor) podrá frenarlo, dado que por parte europea la progresión de Lemaitre parece detenida y, por parte asiática, Su es un recién llegado (y por muy poco) al reino de los <10 segundos. Pero el jamaicano se ha transfigurado en una incógnita que incluso puede albergar la incomparecencia en la capital del Imperio Celestial.

No obstante, un breve vistazo a los números nos alerta de que Justin Gatlin, supuestamente, ya ha alcanzado su tope. De hecho, lleva a tope -o con muy poco margen de mejora- desde el olímpico 2012. Me explico. Gatlin ha fijado sus límites en la franja 9.7-9.75 (de momento su mejor marca es de 9.74), tan solo el viento reinante en cada prueba puede añadir o quitar centésimas a su forma física: 9:79 en 2012 con +1,5 m/s de viento a favor, 9:77 en 2014 con +0,6 m/s y 9.75 y 9.74 en 2015 con +0,9 m/s en ambas carreras. Es decir, da la impresión de que cualquier mejora ulterior queda a expensas del capricho de Eolo.

Sus piernas son más veloces, pero su rostro es más viejo. El juvenil Gatlin ateniense poco tiene que ver con la ojerosa y curtida faz de 2015. Es un contraste poco natural, de reminiscencias de gótico tardío en manos de la pluma de Oscar Wilde. Porque si Basil Hallward pintara el retrato de Justin-Dorian, éste envejecería en el lienzo de manera inexorable aun cuando su cuerpo siguiera rezumando tersura y elasticidad.

 

 

 

 

Pichardo, Grupo Salvaje y Miss Jenner

Pedro Pablo Pichardo
Pedro Pablo Pichardo

Los primeros días de junio parecen confirmar totalmente que 2015 será el año de los saltos, la temporada en que los fosos, la arena y las colchonetas despedirán un fulgor mayor que el tartán. Pedro Pablo Pichardo, el joven prodigio cubano, parece definitivamente llamado a firmar las mayores gestas de la temporada y quién sabe si también de los próximos lustros. Todo parece abocado a que en los días venideros surjan más y más análisis glosando su poderío, esa sideral capacidad que le permite apenas perder un ápice de velocidad durante las tres fases de sus saltos. Pero vayamos por partes, pues este escrito está provocado por un fantástico brinco del cubano de nada menos que 18.08 m en La Habana el 28 de mayo y corroborado cinco días después con otro de 17.96  en la Ciudad Eterna, durante la disputa de la tercera etapa de la IAAF Diamond League.

La regularidad del cubano empieza a ser de un nivel estratosférico: 17.94 m en La Habana a principios de mayo, 18.06 en Doha a mediados, 18.08 m a finales y ahora 17,96 m en Roma, ciudad donde de un plumazo barrió el récord del meeting (17.60 m, Jonathan Edwards, 1998) y también el del récord del estadio (17.92 m, Khristo Markov, 1987). La próxima actuación de Pichardo tendrá lugar el próximo 13 de junio en Nueva York, suelo estadounidense, perfecto para batir el récord nacional de Kenny Harrison (18.09 m) y encaramarse a la segunda posición en el ranking de todos los tiempos tras el cada vez más accesible Edwards.

Un apunte: nunca terminaremos de lamentar la desgraciada lesión del francés Teddy Thamgo en Doha (campeón del mundo en Moscú con 18.04 m y otro aspirante a romper el récord edwardiano), pues sin duda privará al mundo de la posibilidad de ver un acontecimiento sin precedentes: que las tres medallas en juego en la cita mundialista de Pekín se disputen a partir de 18 metros. O, por decirlo de otra manera, que un salto de 17,8 m no garantice medalla a un atleta que no sea Pedro Pablo Pichardo, Christian Taylor o Teddy Tamgho. En otras palabras, en Pekín la pugna de estos tres habría obrado un resultado equivalente a que Usain Bolt y otros dos tíos casi tan buenos como él se disputaran las medallas en el hectómetro bajando de 9.6. Cuando en 1991 Carl Lewis se proclamó campeón mundial en Tokio con una marca de 9.86 en la que fue calificada como mejor final de todos los tiempos, lo primero que dijo el inglés Linford Christie, fue: “Es increíble, he batido el récord europeo con 9.91 y me he quedado sin medalla”. Algo similar habría podido suceder en Pekín el próximo agosto de no haberse lesionado el francés Thamgo.

En definitiva, Pichardo parece no tener límites. Dicho de otro modo, los 18.29 m de Edwards ya no son tan intocables. Y esto son palabras mayores en el atletismo, pues la marca del inglés saltarín está alojada desde 1995 en una especie de trono blindado junto con plusmarcas como las de Marita Koch en 400 m (47.60, 1985) o Stefka Kostadinova en altura (2.09 m, 1987). Cuando en 2013 Thamgo logró el oro mundial en Moscú con 18.04 m, el mundo tal vez no supo calibrar bien, o al menos anticipar, la tremenda explosión de talento protagonizada por el adolescente medallista de plata, un cubanito de 20 años recién cumplidos que “sólo” saltó esa tarde 17.68 m. Quizá se pensó que Pichardo era uno más de los excelsos triplistas que Cuba presenta con regularidad, desde Lázaro Betancourt (17.78, 1986), Aliecer Urrutia (17.70, 1996) o Yoelbi Quesada (17.85, 1997), hasta Yoandri Betanzos (17.65, 2009) o Alexis Copello (17.68, 2011). Pero queda claro que Pichardo les va a superar a todos. De momento, comparte con el dios Edwards una característica: no gasta todas sus tentativas en los concursos en que participa. En Roma sólo saltó cuatro veces y en La Habana únicamente dos. Es decir, economiza el esfuerzo, clave en esta disciplina, tan brutal para las articulaciones.

Y ahora vayamos con el sprinter estadounidense Justin Gatlin. ¡Oh, Gatlin! Victoria en Roma con 9.75 segundos y despertando admiración a raudales. Y sospechas, claro. Sospechas por su trayectoria, sospechas por los resultados de la relación edad/marcas, sospechas habida cuenta de las conclusiones a las que llega una reciente investigación de la Universidad de Oslo a cuenta de los efectos de los anabolizantes en el organismo a largo plazo: persisten al paso del tiempo. Y Gatlin a los 23 ya era “politoxicómano”… Con independencia de que este corredor llegue o no sin mácula a los Mundiales de Pekín, lo cierto es que un somero análisis de sus registros y las condiciones atmosféricas en que se lograron invita a pensar que, multidopado o no, su margen de mejora es ya muy escaso. Salvo descomunal sorpresa (o descomunal jeringuilla), en Pekín Gatlin no irá más allá de esos 9.75. O sí, porque su ansia de oro (metal hasta ahora reservado para Bolt) es equiparable a las pilas de oro que los fuera de la ley persiguen en cada Spaguetti Western. Encajar a Gatlin sería difícil hasta para Sergio Leone, pues en El Bueno, el Feo y el Malo (Il Buono, il Brutto, il Cattivo, 1966) se estaría rifando hasta dos papeles. 

Para terminar de abundar en este ambiente de recelos y desconfianza, hay que elevar el listón y acudir al rompedor Sam Peckinpah, que en el Lejano Oeste plantó su increíble Grupo Salvaje (The Wild Bunch, 1969) para redefinir su género: el del western. Y es que en los últimos tiempos hablar de género en una plática sobre atletismo conduce invariablemente al formidable campeón olímpico de decatlón en Montreal’76, el mediático Bruce Jenner, quien ha redefinido el suyo propio de manera igualmente formidable y ya cabe hablar de Caitlyn Jenner. Es decir, las hermanas Kardashian se quedaron sin padrastro, pero ganaron una madrastra.

bunchDecía que la cosa iba de grupos, de grupos salvajes, de esos a los que Peckinpah no ensalzaría con epicidad, sino que, desglorificados, describiría de manera descarnada. Pues en Oregón hay precisamente uno sobre el que el canal británico BBC1 acaba de emitir un documental (“Catch Me If You Can“) con datos durísimos acerca de su jefe (el entrenador estadounidense Alberto Salazar), el sistema de entrenamientos organizado bajo su égida y las pautas que aplica a sus pupilos. La investigación, presentada por Mark Daly, ha tenido acceso a documentos que supuestamente demuestran la administración de esteroides anabolizantes al fondista Galen Rupp ¡desde los 16 años! Al menos siete personas del grupo de entrenamiento Oregon Project de Salazar (entre ellas Steve Magness, nada menos que su ayudante hasta 2011) han relatado a la USADA algunas de las prácticas, ciertamente intrigantes, como el uso de cremas con testorena para comprobar su límite antes de dar positivo. Una antigua componente del grupo, la atleta Kara Goucher, confiesa que Salazar -quien declina participar en la película-, la animaba a tomar Cytomel (un medicamento tiroideo) para perder peso tras el parto pese a no contar con prescripción médica. Ella y su marido Adam Goucher, también ex atleta del grupo, afirman que Salazar siempre medra para conseguir autorización para administrar fármacos que de no contar con receta médica están catalogados como substancias dopantes. En suma, los medicamentos tiroideos y la testosterona administrada en microdosis parecen ser parte del menú con el que el controvertido Alberto Salazar, ciertamente en el punto de mira por la oscura aureola que rodea a su proyecto en Oregón (financiado por cierta marca deportiva celebérrima), logra que sus atletas blanquitos corran como los del cuerno de África (Rupp, Centrowitz) y que los originarios del cuerno de África que antes corrían como blanquitos ahora no dejen de asombrar al mundo en un ramillete de distancias que van desde los 1.500m hasta el maratón (Mo Farah). Aunque la investigación se halla en sus prolegómenos (la USADA todavía no se ha manifestado en modo alguno), lo cierto es que siembra una duda de manera más o menos oficial (las sospechas en torno al Oregon Project eran frecuentes) sobre los éxitos, tan aparentes, del grupo. De momento, Mo Farah causó baja inesperada en la reunión de Birmingham aduciendo “estrés emocional” a raíz de las acusaciones vertidas contra su entrenador. Y eso que a él no se le incrimina nada en la película. Pero la sospecha, más que soterrada, es evidente. Farah compite por Gran Bretaña, por lo que los responsables de la investigación no temen ‘dispararse en el pie’. Es más, el documental nombra directamente al velocista escocés Allan Wells, campeón olímpico en Moscú’80, sobre el que se ofrecen testimonios de que tomaba estanozolol, un esteroide anabolizante.

Apoteosis de mayo

Si a mediados de mayo hemos alcanzado temperaturas extremadamente cálidas, impropias de esta época, otro tanto ha sucedido en el mundo del atletismo, algunos de cuyos figurantes están mostrando resultados de un nivel más característico de agosto. Es decir, impactantes. Y esta suerte de blitzkrieg atlética no podía sino estar protagonizada por las pruebas explosivas: el sprint y los saltos.

 

Pedro Pablo Pichardo
Pedro Pablo Pichardo

El pasado viernes 15 de mayo, en la tórrida ciudad qatarí de Doha, se celebró la primera reunión del año perteneciente al circuito de la Diamond League. Y la cita fue testigo de un hecho sin parangón: dos atletas franquearon la barrera de los 18 metros en un mismo concurso de triple salto. Algo impensable de no ser porque el dios de la especialidad, el británico Jonathan Edwards, alcanzara ya tales cotas hace nada menos que cuatro lustros. Pero en esta ocasión, no uno, sino dos hombres -el cubano Pedro Pablo Pichardo y el estadounidense Christian Taylor– saltan semejante enormidad al principio de la temporada, convirtiendo la tarde en una de las mejores competiciones de triple salto de todos los tiempos. No la de mejor resultado (Edwards compitió contra sí mismo en Goteborg’95 para ganar el oro mundial con 18.16 y 18.29m) ni la de mayor intriga (los tres triunfos olímpicos de Víktor Saneyev son el no va más, con récords del mundo incluidos).

Es necesario nombrar al Zeus del triple salto (Saneyev) y a su hijo Apolo (Edwards) para comprender la gesta de los saltadores del Nuevo Mundo en Doha. Estamos a mitad de mayo y el objetivo está fijado para agosto (Mundial de Pekín). Supuestamente los saltadores no deben hallarse todavía en su mejor pico de forma, aunque puede que Taylor esté más afinado de cara a los trials de su país clasificatorios para el mundial en China. Por lo que respecta a Pichardo, el tema es más curioso: viene de pasarse la temporada pasada prácticamente en blanco debido a una sanción de la Federación Cubana de Atletismo por indisciplina (se negaba a cambiar de entrenador). Es decir, a priori no confluía casi ninguna circunstancia para que estos atletas brillasen de manera tan cegadora en el desierto qatarí.

Christian Taylor
Christian Taylor

Pero su juventud asusta, sobre todo la de Pichardo (21 años). Taylor, de 24, es el campeón olímpico en Londres’12 y Pichardo el subcampeón mundial en Moscú’13, donde el francés Teddy Thamgo, presente en Doha, brincó hasta 18.04 m. Thamgo se lesionó gravemente en Doha (tendón de Aquiles). Cabe suponer que, de haber corrido mejor suerte, el enfrentamiento a tres bandas habría sido sideral. Pichardo se estrenó con 17.33 y Taylor le contestó con 17.46. Pichardo hizo nulo en su segundo intento, pero en el tercero aterrizó  majestuosamente en 18.06 metros, mejor marca mundial del año, cuarta mejor marca de todos los tiempos y récord de Cuba. Con buena lógica, desdeñó hacer uso de su cuarto y quinto intentos. Pero he aquí que el estadounidense vendió cara su derrota en su sexta tentativa con nada menos que 18.04, a tan solo 5cm del récord estadounidense de Kenny Harrison. 18.06 Vs. 18.04. Parece la certificación de un enfrentamiento y una rivalidad que amenazan con reventar el récord mundial de Edwards. (ver concurso aquí) Hay que apuntar algunos datos interesantes:

– Pichardo ya había avisado al mundo, cuando la semana anterior saltó en La Habana hasta 17.94 m. Evidentemente, no era flor de un día (es el campeón del mundo junior y en Moscú fue plata con 17.68m)

-La técnica ejecutoria de Pichardo evidencia una pérdida mínima de velocidad entre las fases del salto. Su velocidad de aproximación a la tabla de batida es endiablada. Su segunda fase (el paso) es, sencillamente, demoledor: plástico, lineal, eficaz. En una palabra, escuela cubana en modo sublime.

-La técnica de salto de Taylor es diferente. Posee igualmente una muy buena velocidad de aproximación, pero su primera fase difiere de la del cubano; se asemeja más bien a la del genial Jonathan Edwards, similar a un gigante dando un paso largo, un macrosalto casi a ras del suelo.

En definitiva, la temporada que acaba de empezar puede pasar a la historia por el brillo espectacular de las pruebas de saltos, pues a la brega Pichardo-Taylor cabe añadir la apasionante lucha que ya están sosteniendo en la altura el qatarí Barshim y el ucraniano Bondarenko (triunfo en Shanghai para el primero con 2.38m), si es que, además, no se les une algún saltador más (rusos, con Ujov a la cabeza). Si a esto agregamos que el pertiguista Renaud Lavillenie sigue instalado en la estratosfera, este año los listones superarán en calidad a los tacos de salida por la apabullante razón de que alguna de estas competencias culminará en récord del mundo. A menos que…

Justin Gatlin
Justin Gatlin

A menos que en el sprint los velocistas vuelvan a reventar los cronos, algo que igualmente está aconteciendo. También en Doha y en la misma tarde, el corredor estadounidense Justin Gatlin cruzaba la meta de los 100m nada menos que en 10.74 segundos (ver carrera aquí). Se trata del inicio de temporada de una Diamond League-Golden League más rápido de toda la historia. Y lo tenía difícil, puesto que el jamaicano Asafa Powell había bajado por 84º vez en su vida de 10 segundos en los 100m la semana anterior en Kingston, al marcar unos excelentes 9.84 segundos.

Pero es hablar de esta gente y venirme títulos de películas a la mente. “No es país para viejos” (No Country For Old Men, 2007) podría ser apto para los triplistas, pero no para los sprinters. Gatlin, 33 años. Powell, 33 años. Y en esa misma carrera (4º con 10.03), Kim Collins con 39. Pero detengámonos en Gatlin. Cada año está más rápido, exageradamente rápido. Sancionado por dopaje en 2006 a ocho años de suspensión (dos positivos) y tras una rocambolesca rebaja a la mitad de su condena, el norteamericano no sólo corre mejor cada año que pasa desde su regreso en 2010, sino que ya es rotundamente más rápido a los 33 que a los 23. Es decir, es mucho más veloz “viejo” y, supuestamente, “limpio” que cuando era “joven” y competía “sucio”. Teniendo en cuenta que un registro en mayo de ese nivel no lo ha conseguido ni el mismísimo Usain Bolt (en 2008 realizó 9.72 en mayo, pero el día 31), ni siquiera cabe preguntarse para qué diablos se dopaba en 2004 y 2005 (campeón olímpico y mundial).

La-gran-comilonaTras desechar el muy facilón título de “Sospechosos habituales” (The Usual Suspects, 1995), literalmente me viene a la memoria la gran y polémica película “La gran comilona” (La Grande Bouffe, 1973), donde Marcelo Mastroiani, Philippe Noiret, Ugo Tognazzi y Michel Piccoli deciden suicidarse en una mansión engullendo todo tipo de manjares hasta reventar.  Llegados a este punto, hasta arriba de todo, es buen momento para reivindicar asimismo a Alfred Hitchcock en “Sospecha” (Suspicion, 1941) y, sobre todo, en “Con la Muerte en los Talones” (North North by Northwest, 1959), ambas con Cary Grant. A Grant no hay manera de pillarle en toda la película, y eso que el traje le sigue quedando elegantísimo incluso rebozado de polvo en medio de una plantación, perseguido por una avioneta fumigadora. A Gatlin los trajes no le quedan tan bien, pero, al menos en mallas, de momento sigue dando el pego.

 

 

Dopaje, Demonios, Crimen y Un Castigo (III): Desenlace

killingRecién concluida la temporada atlética en pista cubierta, es un buen momento para hacer balance, extraer conclusiones y aportar las últimas informaciones acerca del sonoro escándalo desatado en el mundo del deporte rey a cuenta de las revelaciones y posteriores inhabilitaciones por dopaje de varios atletas rusos.

Antes de acometer un relato más pormenorizado, cabe recordar que a lo largo del invierno se han sucedido las dimisiones del presidente de la Federación Rusa de Atletismo  y de su entrenador-jefe (seleccionador nacional), así como las sanciones a nada menos que a siete deportistas de altísimo nivel de ambos sexos, entre ellos varios campeones olímpicos y mundiales.

Pero, ya que estamos, empecemos por el final. Es lo que tiene rendir culto a Stanley Kubrick, que en su primer film –The killing, 1956- planteó una historia de cine negro donde el orden cronológico de la trama estaba alterado (casi cuarenta años después, llegó Quentin Tarantino y le copió el método). Y el penúltimo capítulo de esta historia, al menos en sus primeros resultados, se puede escenificar en el Campeonato de Europa en Pista Cubierta, recientemente disputado en Praga. Allí el equipo ruso se presentó con un equipo muy joven, sin estrellas, y acabó copando el medallero. Una selección comandada por Yuri Borzakovski, quien tuvo así un suave aterrizaje en su nuevo puesto directivo de seleccionador nacional. “Hemos actuado como un equipo con mayúsculas” -dijo.

Olga Kanískina
Olga Kanískina

Volvamos ahora al 23 de enero. Ese día dimite de su puesto Valentín Maslakov, el entrenador-jefe de la selección de Rusia, en el cargo desde 2007. Maslakov cae como la manzana de Newton, lastrada por la gravedad del dictamen de suspensión que instruye la RUSADA (Agencia Rusa Antidopaje) contra, ahí es nada, la flor y nata de la marcha mundial: Olga Kanískina (campeona olímpica y mundial en 20km, 3 años y 2 meses), Serguei Kirdiápkin (campeón olímpico y mundial en 50km, 3 años y 2 meses), Valeri Borchin (campeón olímpico y mundial en 20km, 8 años), Serguei Bakulin (campeón mundial de 50km, 3 años y 2 meses) y Vladimir Kanaikin (bronce mundial, de por vida). La escabechina es casi total, pues todos entrenan a las órdenes de Víktor Cheguin, que prácticamente cuenta sus pupilos por cazados por doping (como Elena Lashmánova, campeona olímpica de 20km en Londres’12, anteriormente sancionada). El escándalo no deviene en conmoción porque la marcha no es una modalidad mediática, pero la magnitud es comparable a la provocada por el caso Balco en la velocidad de EE.UU. a principios de siglo.

Cabe señalar que, a su vez, Valentín Maslakov había sustituido en 2007 en el puesto a Valeri Kulichenko (1999-2007) al verse mezclado este último en los casos de dopaje de las martillistas Tatiana Lysenko y Ekaterina Joroshij (le acusaron directamente). De modo que el puesto que queda vacante es una “patata caliente”. Para su relevo, suenan como candidatos a Elena Isinbáeva, Tatiana Lébedeva y Yuri Borzakovski. La primera prosigue su preparación de cara a los JJ.OO. de Rio’16 y a la segunda nunca se le notifica formalmente el interés de la propia Federación Rusa. Queda Borzakovski, recién retirado y quien finalmente resulta elegido. El genial ochocentista es un alma pura, casi cándida, nadie puede hablar mal de él. Pero, a diferencia de Lébedeva, que se ha especializado en gestión organizativa y deportiva (yo mismo me la encontré un par de veces por los pasillos de la Academia Diplomática de Moscú en 2009), no tiene la misma preparación . De ahí que algunas voces adviertan que al muchacho lo puedan manejar en su nuevo puesto, dada su bonhomía y su falta de experiencia en puestos de similar responsabilidad.

Yuri Borzakovski
Yuri Borzakovski

Pero como suele ocurrir en estos casos, el nuevo seleccionador ruso ofrece rasgos de autoridad propios y deja muy claro que va a cortar de raíz el menor atisbo de los entrenadores de recurrir a substancias dopantes. “A los atletas que no vengan a las concentraciones del equipo nacional, les enviaremos a comisarios antidopaje para que les vigilen in situ” –declaró el pasado 10 de febrero al diario deportivo ruso Sovietski Sport. El caso es que, en el mundillo, Yuri Borzakovski siempre tuvo fama de limpio. Mejor dicho, todo el grupo que controlaba su ya fallecido entrenador, Viacheslav Evstratov. En cualquier caso, su declaración de intenciones es tan clara como duro el mundo contra el que tarde o temprano habrá de chocar.

Avancemos un poco en el tiempo. Es 17 de febrero y Valentín Balájnichev, presidente de la Federación Rusa de Atletismo, dimite. En su rueda de prensa confirma que las denuncias judiciales contra el documentalista alemán Hajo Seppelt y el matrimonio Stepanov están listas. Informa de que la ochocentista Ekaterina Poistogova ha sido vetada este invierno en un meeting en Europa por ser uno de los nombres a los que alude el documental del canal alemán ARD y que su vicepresidente, Vadim Zelichenko, ocupará su puesto hasta después de los Juegos de 2016, cuando se elegirá a un nuevo presidente. Y en la rueda de prensa en la que anuncia su dimisión, admite: “El factor más problemático en la lucha contra el dopaje es la falta de trabajo en las regiones; hasta hace poco allí no se exigían responsabilidades por tales infracciones”.

Sin duda, la dimisión de Balájnichev la aceleran otras dos impactantes sanciones de la RUSADA contra dos estrellas del equipo ruso. Y es que un par de semanas antes, el 30 de enero, este organismo impone a la campeona olímpica de los 3.000m obstáculos en Londres’12 –Yulia Zarípova– dos años y medio de sanción por dopaje, y a Tatiana Chernova (campeona mundial de héptalon en Daegu’11) otros dos. El mismo día, se confirma el positivo por EPO de la maratonista keniana Rita Jeptoo, quien se ve obligada a devolver los 500.000 dólares que había ganado de premio por vencer en el circuito World Marathon Majors.

Es decir, los estragos descritos son verdaderos movimientos tectónicos para el deporte ruso. Pero no todo acaba ahí, pues anteriormente, el 27 de enero, Italia anuncia la investigación de la que son objeto 27 de sus atletas por no comparecer en diversos controles antidoping, entre los que destacan el triplista Fabrizio Donato y el pertiguista Giuseppe Gibilisco.  Si a esto le sumamos la suspensión por dos años de 31 atletas turcos en 2013 (al margen de la descalificación posterior por dos años de la campeona de Europa de los 100m/vallas Nevin Yanit), el golpe que el atletismo europeo ha recibido en el espacio de poco más de un año ha sido brutal, no tiene precedentes.

Valentín Maslakov
Valentín Maslakov

Paradójicamente, la repercusión mediática de toda esta cadena de lamentables sucesos ha sido inversamente proporcional al daño ocasionado. Es decir, casi nula. Porque la destrucción literal de la marcha rusa (la gran dominadora mundial de los últimos años) apenas ha tenido eco en los medios de comunicación generalistas. Y es que el sprint vende mucho y la marcha no tanto. Como dice el propio director de la RUSADA, Nikita Kamaev, el dopaje era sistémico: “La estructura de las infracciones y su carácter sistémico era evidente. Los métodos, los enfoques… Cuando lo expertos terminaron de analizar los pasaportes biológicos, vimos la dimensión de las manipulaciones. Por eso hemos metido todos los casos en el mismo saco” –declaró el 10 de febrero al diario ruso Sport Express, comentando la investigación conducida por la IAFF, la Agencia Mundial Antidopaje y la propia RUSADA desde 2009.

A grandes rasgos y salvo nuevas sorpresas desagradables en verano, esta historia más o menos acaba aquí. Y digo más o menos porque las paradojas siguen dándose. Algunos países –sea por los motivos que sea– decretan “caza mayor” y las “piezas abatidas” se cuentan por decenas. Y otros países –seguramente por motivos diferentes– se resisten a dar curso a las sanciones, pese a existir la misma base legal y pruebas con idéntico valor jurídico para hacerlo. Estoy hablando de España, donde también se podía haber desencadenado una tormenta perfecta en este terreno. Pero no ha sido el caso. En su lugar, aquí se brindó apoyo institucional en forma de escaño en el Senado (Marta Domínguez), de sms de apoyo desde Presidencia de Gobierno (Alberto Contador) o de intento de exculpación federativa (Alemayehu Bezabeh, Paquillo).

Todas las películas de género noir acaban mal, ya sean de Lang, HustonKubrick o Tarantino. Y en esta que nos ocupa, aún queda un ratito para que salgan los títulos de crédito.

                                                               FIN