Los ojos de Bernat se llaman Carme

Tengo la suerte de ir caminando al trabajo. Y de transitar por una de las vías más interesantes de Barcelona, la Avenida Diagonal. Raro es el día que no veo algo peculiar. Desde la Plaça Francesc Macià hasta la calle Numància coincido con corredores que van y vienen en su quehacer deportivo, con rápidos caminantes que marchan marcando un buen ritmo, y con ciclistas que pedalean en dirección a la zona universitaria, o a sus trabajos, o al lugar que sea. La Diagonal de Barcelona es una amplia avenida que admite la circulación de vehículos en su parte central, de un tranvía (el Trambaix) y de multitud de seres anónimos que se mueven con su propio esfuerzo.

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La Avenida Diagonal de Barcelona es un lugar de convivencia de peatones, runners, ciclistas y vehículos. (syp)

Es una mañana cualquiera de las que, después de dejar a mi hija en el colegio, voy al trabajo. Me encuentro con lo habitual: gente corriendo, ciclistas, caminantes… Pero esta vez veo algo diferente: un hombre y una mujer me adelantan, corriendo juntos de la mano. Siento curiosidad, mucha. El semáforo rojo para los peatones y ciclistas hace que se detengan. Aprieto el ritmo y me pongo deliberadamente a su lado. Los miro, al principio con disimulo, después con más descaro. Llevan las manos enlazadas con una cuerda, reverso contra reverso, ella su derecha y él su izquierda.

Semáforo en verde, y empiezan a correr. Camino muy rápido, les persigo. Tengo que correr para que no se me escapen. Por suerte, el siguiente semáforo está en rojo. Les alcanzo y me detengo a su lado. Les hago un preciso escrutinio. Él es invidente, ella hace de guía. Mi gran curiosidad me hace vencer la timidez de hablar con desconocidos. ¿Os puedo hacer una foto? -les pregunto- De entrada dudan (razonablemente, es obvio), pero acceden ¡Qué bueno! Así conocí a Carme y Bernat. Lo siguiente fue quedar una tarde y hablar con ellos.

Bernat ahora tiene 30 años, y perdió la visión hace unos 10. En poco más de 6 meses pasó de la luz a la oscuridad. La vida sigue, y es demasiado bonita para lamentarse y no hacer nada. Acabó sus estudios de biotecnología y se puso a trabajar. Empezó a hacer atletismo con la ONCE. Le gustaba y seguro que le ayudó en el proceso de adaptación a su nueva condición. El deporte tiene eso. Te acompaña e impulsa por la vida. Me explica que a la gente le gusta correr con una persona ciega y que ha encontrado bastantes personas que han querido compartir asfalto con él. O la pista de atletismo.

Carme es farmacéutica, le gusta mucho bailar y practica danza jazz. No corre demasiado. Es madre de 3 hijos (curiosamente, de un Bernat que tiene la misma edad que mi hijo, también Bernat, 13 años).

Carme y Bernat, de ser compañeros de trabajo pasaron a ser grandes amigos. Se conocieron hace 7 años en un laboratorio de análisis clínicos, donde en la actualidad él sigue trabajando, pero Carme no. Allí coincidieron con un tercer compañero muy corredor. Hicieron alguna salida en grupo, pero sin continuidad. Ahora hace unos 9 meses, Carme y Bernat decidieron que debían correr más habitualmente. Sería la excusa perfecta para verse con más frecuencia. Se han hecho “pareja de running”. Y se ven dos veces a la semana.

¿Correr solo? Con menos de un 5% de visión, sería muy imprudente, me explica Bernat. En su época de atleta en la ONCE, si que había corrido algún tramo en solitario, cuando llevaba la trayectoria bien fijada y en la parte final de alguna carrera, pero siempre en pista. En la calle no lo haría.

¿Siempre el mismo recorrido? A Carme le gusta investigar (tiene vocación científica) y cambiaría de recorrido. Pero el hecho de que los dos viven cerca de la Diagonal hace que para facilitar su actividad hayan establecido su “tartán” particular en esta ancha avenida. Y a Bernat, para correr con comodidad prefiere tener unas referencias fijas, por lo que hacer un mismo recorrido le va bien, le da más seguridad. Carme dice que le gustaría cambiar de zona. Incluso correr por montaña. Tampoco les gusta madrugar mucho, por lo que no se plantean hacer tiradas muy largas o buscar otras zonas para correr donde haya que sumar el tiempo del desplazamiento extra.

Bernat dice que le da pereza explorar nuevas zonas para ir a correr. Por los estímulos que va captando y el resto visual que le queda, sabe en cada momento en el lugar del recorrido que se encuentra. Carmen apunta que siempre se sorprende de lo bien que se ubica Bernat. “Aún yendo siempre por el mismo lugar y junto a una persona de absoluta confianza, a veces se “asusta” por percibir algo extraño con mi resto visual”, dice Bernat. Por eso va mucho más cómodo y seguropor esta ruta que conoce tan bien.

Un paso detras, un paso al lado. Una persona invidente, cuando se ayuda en otra para caminar, se coloca un paso por detrás, apoyando suavemente su mano en el hombro de su guía. Eso le da la posibilidad de “leer” el camino para saber si hay obstáculos en su trayectoria. Corriendo, esa técnica no es viable. Con la mano unida a la persona guía se pierde esa posibilidad de reacción, pues las dos personas corren paralelas. Carme corre por montaña de vez en cuando y le gustaría que Bernat le acompañase. Probablemente lo hagan por una pista ancha y con un recorrido sencillo, que les permita correr con la técnica actual. La Carretera de les Aigües es un lugar ideal para hacerlo, donde entrenan muchos corredores barceloneses. Sin coches, sobre tierra, con una vista preciosa sobre la ciudad… Debemos pensar que un invidente puede ver gracias a los ojos de su acompañante. Las palabras pueden describir muy bien una bonita vista, o o que sea. Me parece que pronto estarán corriendo por Collserola.

¿Quién corre más? Por rapidez, Bernat. Por resistencia, Carme. Hay unanimidad. Aunque no les importa demasiado que sea así. Yo diría que nada en absoluto.

Carme no ha sido demasiado continuista en sus actividades deportivas, ha hecho bastantes cosas. Voleibol en su época de estudiante, bailar jazz,… Empezó a correr hace 5 años, pero de forma irregular. Ahora sí que lo hace con regularidad, desde que sale con Bernat. Dos veces a la semana, durante unos 60 minutos.

¿Por qué corres, Carme?

De entrada, correr no me gusta demasiado. Pero cuando lo hago, después me encuentro muy bien. Endorfinas. Es fácil, barato, al alcance de cualquiera. Supongo que Carles, mi marido, al ser corredor habitual, me ha inoculado un poco el virus por correr. Alguna vez salgo con él, pero poco. También me gusta hacerlo por la montaña.

Bernat explica que uno de las principales motivaciones que tiene para salir a correr es poder hablar con Carme. Recordemos que son grandes amigos. Antes se veían cada día en el trabajo. Pasaban más horas juntos que con sus respectivas parejas. Correr juntos ha sido como reencontrase y poder intensificar de nuevo su relación. Bernat había ido al gimnasio, pero no le gusta. Nadar tampoco, le agobia. En cambio, correr le satisface mucho, cumple con sus necesidades emocionales y físicas.

Bernat corre por estar en forma. No tanto por poder subir las escaleras más rápido, sino por tener las piernas fuertes y ágiles. Para un ciego, sufrir una simple torcedura de tobillo, puede significar un handicap más importante que para una persona que no lo sea. La confianza en los pies debe ser máxima cuando la visión no funciona. Por su condición de invidente, necesita estar “en forma” para que su cuerpo sea capaz de responder ágilmente ante cualquier imprevisto. Le da más seguridad en sus desplazamientos. Le pregunto si esta reflexión se la hacen muchos invidentes. No lo sabe, puesto que apenas tiene contacto con personas de su misma condición visual. A él le gusta juntarse con gente por intereses comunes que no sean precisamente su limitación. –“Yo camino por otros caminos”– dice convencido.

Siendo ya ciego, ha hecho alguna excursión por la montaña. Caminando y siguiendo a su guía. Teniendo la precaución de levantar bastante los pies para no tropezar con las irregularidades del terreno. Corriendo sería diferente, puesto que no hay tiempo de reacción. Se muestra un poco reticente a salir de su “área de confort”. Carme le anima (va home, va!), tiene ganas de salirse del camino convencional, de experimentar. Bernat es más conservador.

La falta de visión hace que la propiocepción se desarrolle muchísimo. Lo mismo que el resto de sentidos: tacto, gusto, olfato, oído…, los despierta y posibilita que se les saque más partido. Las personas invidentes tienen mucha sensibilidad.

Bernat suele salir a correr en ayunas. Carme le recrimina un poco esta costumbre. Por la intensidad de su ritmo, y la duración del ejercicio (no más de una hora) no hay demasiado problema, pero mejor sería que desayunara alguna cosa. Solo bebe un poco de agua. Dice que le cuesta comer nada más levantarse, y que también va con el tiempo muy justo. Los días que no entrena, antes de entrar al trabajo, se bebe un zumo de naranja natural y se come alguna pasta. Los días que entrena, después de correr, desayuna un zumo de naranja y un croissant de chocolate de la panadería Baluard (son espectacularmente buenos, todo hay que decirlo). Es el premio. En cambio, Carme siempre desayuna antes de salir a correr: un vaso de leche con cereales o unas galletas, y a posteriori, un pequeño bocadillo de lo que sea. Va cambiando de tipo de pan y de relleno. Carme dice “me gusta cambiar de camino como me gusta cambiar de pan”.

Bernat

“Tenemos otra rutina que compartimos: después de ir a correr vamos a comprar las naranjas para el zumo. Los días que corro, como más cantidad y más variado. Debo hacer un esfuerzo por no comer cada día pasta, mi plato preferido”.

Bernat no vive solo. Comparte piso con Ana, Esteve y Marc. Le da mucha pereza cocinar, por lo que suele comprarse la comida preparada, precocinada, o acaba yendo a casa de la familia. Eso de hacer la compra y tener que ponerse a cocinar, dice que no va con él. Aunque sí suele cocinar cuando está con más gente, en ocasiones especiales. Su cena suele ser una ensalada ya elaborada, un bocadillo o cualquier cosa, y muchas veces compartiendo mesa con amigos fuera de casa. Tiene una vida social bastante intensa.

Carme, al ocuparse de la alimentación de su familia, es más cocinillas. Son 5 personas en casa. Por lo que explica, elabora platos variados y saludables, aunque es de comer más bien poco. Algunos de sus hijos comen en la escuela, por lo que, ha optado por hacer el mismo menú al mediodía para quienes comen en casa. Así la cena por la noche es la misma para todos, diferente y complementaria al menú del mediodía. Buena estrategia.

Bernat: “confío mucho en Carme”Carme: “de momento no nos hemos caído ningún día y no hemos chocado con nada ni con nadie”. Bernat a Carme: “cuando me dices que no estás demasiado bien para correr, no voy tranquilo”. Carme a Bernat: “a veces, cuando corremos, me lloran los ojos, y no vemos ninguno de los dos”. (risas)

Carme explica que las personas con las que se cruzan siempre les miran con curiosidad (yo me incluyo) y, cuando se percatan del tema, se les nota que quieren saber quién es el que guía y quién el guiado. Aunque como se corre de maneras variopintas (descalzos, con zapatillas o indumentarias bien extrañas, con perro…) igual algunas personas se piensan que correr unidos por las manos es una nueva modalidad de “running”.

Reciprocidad. Bernat se “obliga” a no fallar al entreno, aunque ese día no tenga muchas ganas, por no defraudar a Carme y el esfuerzo que hace al quedar con él. Carme se “obliga” a no fallar al entreno, aunque ese día no tenga muchas ganas, sabiendo que si no va, Bernat no saldrá a correr. Por lo que he visto en la charla que he tenido con los dos, esa “obligación” quizás no sea tanta. Quizás corren por lo muy amigos que son y por lo bien que se lo pasan haciéndolo. El compromiso personal y social refuerza el hábito del deporte.

Carme y Bernat cruzan las calles que atraviesa la Avenida Diagonal por las rampas habilitadas en el carril bici, para así evitar el escalón de las aceras. En ese punto deben extremar las precauciones, por el tráfico de bicicletas que circulan por ellas. Carme verifica que no haya ciclistas demasiado cerca por delante o por detrás, viniendo de cara o por la espalda. Deben extremar las precauciones. Carme, cuando corre o camina sin Bernat, de una forma inconsciente, siempre cruza las calles por las rampas, nunca bajando directamente el escalón de la acera.

Una vez, explica Bernat, una bicicleta se le cayó encima estando parados en un semáforo. El ciclista era un patoso. Algo le pasó con los calapies y acabo él y su bicicleta sobre Bernat. Y Bernat enganchado de la mano de Carme. Un autentico lío. Una foto hubiera estado bien (risas).

“Normalmente cuando salgo de casa voy con bastón. Los días que quedamos para correr, para no tener que cogerlo, Carme entra hasta la puerta de mi casa para acompañarme hasta la calle. Aunque sea un espacio conocido, imagínate que hay un cubo de agua en el rellano y meto dentro el pie. ¡Qué ridículo!”

“Hoy, cuando le he abierto la puerta de casa y me ha visto de esta guisa, con la ropa de invierno, lo primero que me ha dicho Carme ha sido: ¿saldrás vestido así, con mallas largas y chaqueta? Me da pereza buscar mi equipación de verano. Siempre que me decido, tiene que llover y no lo hago. Los pantalones cortos creo que los tengo localizados. El resto, no sé. Reconozco que soy descuidado en algunas cosas. El tema ropa es algo crítico. Vivo un poco en el caos, pero controlado”, dice Bernat. (risas)

Carme, ¿no eres un poco “maternal” con Bernat? Rápidamente, contesta Bernat por ella (recordad que es el más rápido de los dos): “debe ser deformación profesional, tienes 3 hijos”.

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Bernat y Carme, cruzando un paso de peatones de la Diagonal. (syp)

¡Ostras, al final no tomamos nada! Hemos entrado en el local Praktik-Bakery-Baluard y como tienes que pasar por el mostrador a pedir lo que quieres y no lo hemos hecho, así nos hemos quedado, sentados y hablando. En ayuno. Como Bernat cuando sale a correr con Carme por la Diagonal. El próximo día, consumición doble. Pediré un croissant de chocolate.