La huída de Empar Moliner

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Empar Moliner es periodista y escritora, y colaboradora habitual de diferentes medios de comunicación catalanes. Hace unos años se inició en el mundo del running, del que se ha convertido en una entusiasta practicante, corriendo los maratones de Barcelona y Nueva York en el 2015. Y conociéndola, no creo que acabe ahí.

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A principio de este año 2017 publicó el libro De què fuges, qui et persegueix? (¿De qué huyes, quién te persigue?), de Columna, en el que explica sus vivencias, hilvanando a través de su rica prosa anécdotas, emociones y reflexiones sobre qué supone el correr para ella. Esperemos que en pocos meses se acabe traduciendo al castellano para que así lo puedan disfrutar los lectores que no dominen la lengua catalana.

Previamente a su publicación, me cité con Empar en el Dry Martini, un conocido bar de Barcelona, donde mantuvimos una interesante y apasionada conversación durante más de una hora, de la que os transcribo alguna de sus partes.

La culpa de todo la tiene un perro

Empar era una mujer de gimnasio, de clases colectivas dirigidas por un monitor y de sudar en grupo grupo. Había intentado correr pero no le enganchaba. Aquello no era para ella, ni en broma. Cuando tuvo a su hija se mudó a Valldoreix, una pequeña población muy cercana a Barcelona, donde se necesita un vehículo para hacer todo lo que en una gran ciudad se puede hacer caminando o en transporte público. Por ese motivo dejó de ir al gimnasio.

Hace unos años, en Navidad, en su casa adoptaron un perro de la perrera. Cuando lo sacaban a pasear estiraba tanto el cuello que casi se provocaba una traqueotomía, se lo destrozaba, tosía y se ahogaba, se estrangulaba. El día de Reyes decidieron empezar a correr con él, a ver si su ansiedad por estirar de la familia no le provoca la asfixia. Y les fue de puta madre. Y el inicio de una gran afición.

“Primero fue una actividad muy solitaria. Salia a correr sin ningún otro humano a mi lado, solo con el perro. Poco a poco me fui emocionando. En general tiendo a las adicciones. Aquello que me gusta me engancha y profundizo en ello. Por suerte no hay demasiadas cosas que me gusten”….“Iba apuntando cada día el rato que estaba corriendo. Cinco, diez, quince minutos, media hora… No me marcaba objetivos. No entendía mucho lo que pasaba, pero al tercer més empecé a ser feliz. Como el que quiere la cosa, hice una carrera de 10 km. Me sentí muy bien. El entorno donde vivo es una zona boscosa, y un día que salí a correr me perdí. Dando vueltas para regresar a casa, estuve más de una hora y media corriendo. Igual recorrí 17 ó 20 km, no sé. Entonces dije, ¡ostras, pues eso es un medio maratón!. Y me inscribí para correr un medio maratón. Y cuando acabé la carrera me plantee, que pues si me encontraba así de bien podía llegar a correr un maratón”.

Dice Empar que correr tiene una gran ventaja sobre la mayoría de cosas de la vida. Si te dedicas a correr y te lo curras, es relativamente fácil conseguir el objetivo que te has propuesto. Eso no pasa en la mayoría de cosas. Puedes trabajar mucho en algo y no conseguir tener éxito. Te puedes enamorar de alguien, esforzarte por que te quiera y que no te ame nunca. Te puedes preparar muy bien un examen y que, por cualquier motivo, el resultado sea una mierda. Por eso le gusta tanto correr. Es matemático. Si te entrenas, llegas a la meta. Si corres 40 ó 50 km a la semana bien corridos, puedes acabar un maratón.

La socialización te lleva a competir

La gente del entorno donde vive Empar le veían correr y le animaban. Poco a poco fue “engañando” a otros padres y madres del colegio donde lleva a su hija para que le acompañaran en sus entrenos. Se formó un grupo de gente unido por correr. Algunos no corrían y se iniciaron, otros ya lo hacían, incluso a muy alto nivel: maratones, ultratrails, incluso había algún ironman. Un grupo de whatsapp hace las veces de intercomunicador entre todos, y quedan sin demasiada planificación:  -hoy puedo salir, ¿alguien se apunta? Y así van haciendo. Se marcan objetivos comunes. Por ejemplo, el Maratón de Sant Cugat o el Marató de Barcelona…

“Me lo paso de puta madre. Dejamos a los niños en la escuela, y si nos lo podemos combinar por el trabajo, nos vamos a correr. Tenemos el bosque a 10 minutos.”

Empar ha hecho el Maratón de Barcelona en 3h50 h, y dice que no cree poder bajar de ahí. Le pregunto si se ve corriendo trails o ultratrails, y me contesta que, aún entrenarse básicamente por bosque y montaña, no se ve participando en carreras de montaña.

“Hoy hemos salido a correr y había niebla en el bosque. Al compañero que teníamos delante no lo veíamos, y al de detrás tampoco. Caían gotas de los árboles, y si teníamos calor, agitábamos alguna rama y nos duchábamos con el agua que caía de sus hojas. ¡Qué suerte tenemos!”.

Correr y el proceso creativo. El bienestar

Sobre todo corre por el bosque o la montaña. Con subidas, y después bajadas. Por asfalto o ciudad lo encuentra más aburrido.

“Me pongo a correr y digo, voy a hacer el artículo del día. Voy pensando mientras corro, le voy dando vueltas a los temas, y cuando llego a casa, lo escribo”.

 

Hablamos sobre correr y pensamiento, sobre oxigenación cerebral. Empar me explica que existe la siguiente teoría: cuando teníamos que perseguir mamuts para comer, en nuestra fase evolutiva de cazadores y recolectores, podíamos pasar muchas horas caminando y corriendo. Para poder correr durante horas y horas, el cerebro segrega dopamina en cantidades industriales, el neurotransmisor que nos hace sentir placer a la vez que nos activa todo el organismo… La tribu necesita que caces para sobrevivir, y la evolución ha hecho el resto. Empiezas o correr con pereza, pero cuando la dopamina funciona, la sensación de bienestar es brutal. Podrías correr hasta el fin del mundo.

En la editorial le propusieron a Empar que hiciera un libro sobre correr. De entrada dijo que no. Entonces, astutamente le plantearon: -si te conseguimos un dorsal para el Maratón de Nueva York y te pagamos el viaje, ¿lo harás?- Y sin dilación les dijo-¡vámonos!- Pues el libro ya está parido. Un disfrute para los lectores. Gracias, Empar.


 

Algú dirà—amb raó—que tot això que explico, aquestes èpiques nicieses, podria explicar-les si només passegés. És cert. Però mentre pugui correré, perquè córrer m’apropa de manera diferent a les coses. Quan torno de passejar estic contenta, però quan torno de córrer estic eufòrica. M’agrada anar de pressa. De què fujo? De tot. Qui em persegueix? Tots els altres. Per què? Per si de cas. 

Alguien dirá -con razón- que todo esto que expico, estas épicas necedades, podría explicarlas si solo paseara. Es cierto. Pero mientras pueda correré, porqué correr me acerca de manera diferente a las cosas. Cuando vuelvo de pasear estoy contenta, pero cuando vuelvo de correr estoy eufórica. Me gusta ir deprisa. ¿De qué huyo? De todo. ¿Quién me persigue? Todos los otros. ¿Por qué corro? Por si acaso.


 

Empar sabe como provocar e incitar a la reflexión. El año pasado generó una gran polémica al atreverse a simular que quemaba, en un programa de televisión, un ejemplar de la Constitución Española. Con ese acto pretendía protestar contra la derogación por parte del Tribunal Constitucional de una ley de pobreza energética aprobada en el Parlament de Catalunya. Cuando hace frio y te cortan los suministros básicos (agua, luz, gas…) por no poder pagar las facturas, ¿qué haces?. El mismo papel que da cabida al texto constitucional, al quemarse, puede dar calor y reconfortar a quien se acerque a sus llamas.

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