La pausa de Pablo Torrijos

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Decimos que hay que atrapar el momento, pero en realidad creo que son los momentos de la vida los que nos atrapan a nosotros”

Boyhood – Richard Linklater (2014)

 

En el foso de arena de Castellón, a la sombra de la figura de Claudio Veneziano – el entrenador siciliano-castellonense que está sabiendo abanderar la mejor versión del proyecto deportivo entre el colegio público Diputación y el club de atletismo del Playas de Castellón -, hace ya años que se está fabricando el mejor grupo de saltadores de triple de nuestro país, tan acaparadores de pódiums y mejores marcas anuales.

Talentosos, descarados, sonrientes, trabajadores. En el pasillo de salto comparten entrenamientos y amistad convencidos de que forman un todo dónde la mejora y la progresión común es el mejor secreto para la evolución de cada uno de ellos, cómo aferrados a la idea de las ventajas de la concentración y las economías de escala que tanto pregonan los economistas. Fuera, como si de un póster en el vestuario se tratara, veneran al más grande, a Jonathan Edwards, el británico a partir del cual la historia del triple salto podría contarse en un antes y un después, y como jóvenes tras sus ídolos se lanzan a soñar con su regularidad, con su equilibrio, con su ejemplo de fluidez tan alejado de los explosivos saltadores que tradicionalmente han dominado la disciplina.

Pablo Torrijos habla con pausa, tranquilo. Y se acuerda de sus referentes. De la infinita Ruth Beitia. Del saltador italiano Fabrizio Donato, el hombre que ganó el bronce olímpico en los Juegos de Londres a punto de cumplir los 36 años. “No quiero tocar techo pronto – me decía Pablo hace ya casi dos años -. Poder estar haciendo muchos años lo que te gusta, y ser feliz con ello, como estos atletas. Ese es el objetivo”. Precisamente él, que tras conseguir ser el primer saltador de nuestro país en superar los 17 metros, y con solo 22 años, forma parte ya de la historia del atletismo español, tan necesitado de referentes, de exploradores de nuevas fronteras.

Tras ese continuo afán por progresar, por aprender, por encontrar la mejor manera de atrapar el tiempo, de alargarlo, Pablo ha viajado este invierno durante unos días a las afueras de Roma para ver de primera mano los ingredientes que tan bien conoce su ídolo Fabrizio Donato. Al tiempo, como intentando no dejar nada al azar y seguir aferrado a sus constantes, el castellonense ha incorporado a su equipo de trabajo a la misma psicóloga que trabaja con Ruth Beitia. Otra auténtica declaración de intenciones.

En el verano de 1991, un año antes de que Pablo naciese, el abulense Santiago Moreno llegó en su propia ciudad natal hasta los 16.93 metros. Nadie había conseguido saltar tanto en nuestro país. Tras él, su amigo, pupilo y paisano Raúl Chapado, llevó el límite de la especialidad bajo techo a los 16.87 metros en 1998. En el reciente Campeonato de España de pista cubierta, Pablo Torrijos ha superado ambos límites, estableciendo el nuevo récord español (absoluto, al dictaminar la IAAF que es indistinto para pista cubierta o aire libre) en 17.03 metros.

“Y lo mejor es que, por edad, por condiciones y por cabeza, Pablo tiene mucho margen de mejora” nos cuenta el propio Santiago Moreno por teléfono. “De momento está trabajando fantásticamente, y ya se aprecia en su evolución como está mejorando la carrera de aproximación – prosigue el ya ex-plusmarquista nacional -. Hay mucho trabajo detrás, y cada vez demuestra que va entrando más colocado, que luego se está marchando cada vez menos alto para poder aprovechar mucho mejor la velocidad de entrada. Y considerando que su salto no fue perfecto, y que normalmente se considera que la madurez de un triplista se suele alcanzar a los 27 o 28 años, si todo sigue marchando así de bien va a ser apasionante todo lo que nos queda por ver en un futuro”.

Bendita juventud, bendita madurez, Pablo habla y parece que su lucha no es contra los centímetros, sino contra el paso del tiempo y la posibilidad de seguir haciendo lo que ama durante muchos años. Justamente en una disciplina tan bonita, tan vistosa como el triple salto, pero al mismo tiempo tan complicada, tan agresiva con el físico del atleta.

Tras la competición del domingo en Antequera, mientras Santiago Moreno llamaba a su entrenador (Claudio Veneziano), a Ramón Cid (tradicional responsable de saltos de la Federación y ahora seleccionador nacional) y al propio atleta para felicitarles – tanta deportividad y compañerismo siempre dentro de los valores del atletismo -, Raúl Chapado felicitaba a Pablo Torrijos también a través de la redes sociales. “En el futuro te podrán quitar este récord o los que hagas, pero nadie te quitará nunca ser el primer español en saltar más de 17 metros”.

La carrera de Torrijos acaba de comenzar, y su juventud y la de todo su grupo de compañeros aseguran el inicio de una etapa dorada de la especialidad del triple salto en nuestro país, acompañado por el gran presente y futuro que hay en chicas (Patricia Sarrapio, Ana Peleteiro, Ruth Marie Ndoumbe…). Pero de momento, y seguramente casi sin saberlo, Pablo ya ha encontrado una manera de vencer al tiempo e inscribir su nombre, con pausa, mucho más allá de los 17 metros.

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