El factor Mechaal

Foto publicada por Adel Mechaal en su cuenta de Twitter @adelmechaal
Fotografía publicada por Adel Mechaal en su cuenta de Twitter @adelmechaal

 Durante el invierno de 2014, las tertulias del mundo atlético, las redes sociales, echaban humo mirando las exhibiciones al otro lado del Atlántico de los chicos del Oregon Project dirigidos por Alberto Salazar. Comandados por Galen Rupp, plata en el diez mil olímpico de Londres, el último blanco que se ha atrevido a poner contra las cuerdas al fondo africano, y por la jovencísima Mary Cain, cada actuación de los de Oregon era una fecha señalada en el calendario de todos los aficionados al atletismo.

 En primer lugar, en un año con verano huérfano de una gran cita mundial, cada presencia suya en una carrera de pista cubierta era un asalto al récord nacional de turno. Después, y con casi más expectación que la propia carrera, con las gradas ya vacías, los atletas volvían a salir a pista. Salazar crono en mano, los compañeros haciendo de liebres de lujo. Y ante los ojos de todos, en unos vídeos que corrían como la pólvora, unos entrenamientos que llevaban a los atletas a límites insospechados, a ritmos de locura, y justo tras haber batido todo un récord nacional.

 En las antípodas de la exhibición que siempre se critica a Salazar, Adel Mechaal, desde su tranquilidad de Palamós, ha apostado muy fuerte este invierno, y en un escenario de la magnitud de todo un Campeonato de España, precisamente en un año en el que el fondo se presentaban como la carrera reina, ha tirado de valor para reinventar la historia del atletismo español y, con un doblete único en 3.000 y 1.500 metros, marcar una gesta que los aficionados tardaremos mucho tiempo en olvidar.

 Primero ganó con una autoridad tremenda los 3.000 metros (8:08.92). Enfrente, ni más ni menos, tenía a otros cinco atletas con mínima europea como él (Jesús España, Roberto Alaiz, Carlos Alonso, Sebastián Martos y Alberto Sánchez, además de la presencia de Víctor García) en una carrera suicida en la que sólo los tres primeros conseguirían billete para Praga. Por si fuera poco, en cabeza durante las últimas vueltas, valiente, fue capaz de soportar las acometidas del tremendo final de Jesús España, en pleno estado de gracia. Después, el éxtasis. Sólo quince minutos de descanso, y de nuevo lo veíamos en pista en las series de los 1.500 metros buscando plaza en la final del día siguiente. Había que frotarse los ojos y pensar si alguna vez habíamos visto algo parecido, con semejante órdago físico y mental tras la gran victoria conseguida.

 Superado el envenenado trámite de las series (segundo con 3:52.17) con una asombrosa tranquilidad, la mañana siguiente rubricaba el histórico doblete con un tremendo triunfo en el mil quinientos (3.54.64) que dejaba a todos aplaudiendo de pie.

 Mechaal (05.02.1990), nacido en Tetuán, llegó a Palamós cuando tenía cinco años, siguiendo los pasos de su padre que había llegado a nuestro país justo antes de nacer él gracias a los Juegos Olímpicos de Barcelona a través de un contrato para trabajar en la construcción de las instalaciones. 20 años después, Adel destila tranquilidad, inteligencia, educación, amabilidad y unos modales tan exquisitos que en sus círculos más cercanos solo se oyen maravillas sobre él.

 Su historia en el atletismo, con la figura del entrenador Josep Carballude como eje fundamental, se ha ido cociendo a fuego lento, propia del niño que prefería los valores colectivos y de compañerismo del fútbol, y que no se ha centrado en el deporte del atletismo hasta la categoría de promesa. Con tranquilidad, sin ruido, su propia historia personal denota su capacidad de sacrificio, su madurez para ganarse la vida, y alterna sus entrenamientos (siempre poco volumen, mucha calidad, siempre sin posibilidad de doblar entrenamientos) con su jornada laboral que, como funcionario, le tiene toda la tarde en las instalaciones deportivas de Sant Antoni de Calonge.

 Mientras, corre y sueña con el próximo septiembre, el mes en el que pedirá una excedencia de 5 años que le dejará dedicarse al atletismo al 100% con dos Juegos Olímpicos en el horizonte (Río en 2016 y Tokio en 2020) que le permitan cerrar el círculo que abrió su padre en 1992.

 De nuevo, en las tertulias atléticas, en las redes sociales, las alertas saltaron a mediados de febrero de este año. Mechaal mejoraba la mínima europea que ya tenía en 1.500 metros y hacía marca personal en pista cubierta (3:38.30) durante un control en Sabadell en el que también Marc Alcalá (3:41.79) lograba la mínima requerida. Y enseguida nos llegaba el vídeo de la carrera que daba muestra de la magnitud de lo que se avecinaba. Tremendo, Mechaal, absolutamente solo desde los setecientos metros, transmitía una fuerza asombrosa que ya hacía presagiar que estábamos a punto de ver la definitiva explosión del joven corredor. Otra cosa fue la gran sorpresa que nos regaló en Antequera, dónde la apuesta de todos iba dirigida a acertar por cual prueba de las dos se decantaría finalmente.

 Luis Miguel Martín Berlanas, recordman español de 3.000 metros obstáculos y actual responsable de fondo de la RFEA, nos define al corredor de la Asociación Atlética Palamós. “Mechaal es un corredor de 1.500 metros, pero que está claro que destaca más por arriba (distancias mayores) que por abajo – nos cuenta Berlanas -. No tiene un cambio seco, ni esa chispa de un corredor de 800 metros, pero su gran virtud es la capacidad que tiene para aguantar ritmos terribles muy prolongados, especialmente con un cambio terrorífico a falta de cuatro o cinco vueltas (en pista cubierta) y como es capaz de mantenerlo hasta el final. A falta de 1.000 o 1.200 metros de meta tiene muchísimo que decir. Su exhibición en el control de 1.500 metros de Sabadell, corriendo solo, fue magnífica, y en Antequera minó a todos los rivales, incluido un grandísimo Jesús España, con un final impresionante que incluyó, a pesar de que la carrera fue lenta, un último 400 metros en 54 segundos (últimas 4 vueltas en 30, 29, 27 y 27 segundos respectivamente) que a día de hoy muy pocos atletas en Europa pueden permitirse”.

 “Además – continúa el responsable nacional de fondo -, llega como es él, muy tranquilo, aprovechando que va muy tapado en el ránking (aunque seguro que ha trascendido su doblete en Antequera) y con una marca real, dado su gran momento, mucho menor que la que acredita. Y sobre todo con una confianza tremenda en su estado de forma. Precisamente en ese sentido me ha sorprendido mucho en Antequera que, siendo un atleta tan corpulento (1,84 metros y 67 kg según consta en la ficha de la RFEA) y con una zancada tan amplia, al que por esas mismas características la pista cubierta no le viene nada bien, ha maniobrado fantásticamente en todas las carreras que le hemos visto, sin ningún tropezón y sin meterse en ningún problema, lo que denota esa valiosísima confianza que mencionábamos”.

 Junto a Mechaal, y haciendo contra punto, en Praga estarán el veterano Jesús España (21.08.1978) y el joven Carlos Alonso (15.09.1989), por lo que el propio Martín Berlanas presume de terna al tiempo que lamenta muchísimo cada uno de los grandes corredores que se han quedado fuera de la selección, sin sitio para todos. Bendito problema de la profundidad y la riqueza que atesora nuestro joven fondo.

 “Jesús España es un atleta muy distinto a Mechaal – continúa describiendo el plusmarquista nacional -, con un cambio mucho más seco y una chispa envidiable a pesar de su edad, que además llega en un gran estado de forma. En Antequera, a pesar de la exhibición de Adel, no se quedó ni un momento, siempre a un metro. No pudo ni recortarle ni un centímetro dado el ritmo que llevaban, pero estuvo continuamente pegado a Mechaal. Son atletas muy diferentes, que pueden complementarse muy bien dependiendo como se presente la carrera, dando diferentes opciones. Además, es increíble cómo Jesús sigue entrenando y cuidándose, sin haber perdido un ápice de la ilusión en el transcurso de los años. Siempre les digo a los jóvenes que aprovechen de él, que lo disfruten, porque cada rato que puedan compartir junto a él es la mejor masterclass posible”.

 “Por último – termina Berlanas de analizar al trío que nos representará en Praga – Carlos Alonso es un atleta que desborda talento, que tiene que mejorar seguro la experiencia de hace dos años en Goteborg. Junto a su maravillosa clase, es además muy valiente. En Valencia, por ejemplo, en el control del que salieron muchas mínimas, no dudó en dar cuatro vueltas tirando, aún a sabiendas de todos los gallos que llevaba detrás. Y en Antequera fue el que encendió la mecha. Se encuentra en un momento de madurez muy importante, en el que ya está demostrando que si las lesiones acompañan, nada va a poder pararle. Está más que capacitado para meterse en la final, y una vez ahí no regalar ni un puesto”.

 Berlanas deshoja la margarita de las predicciones, y aunque sabe que todos pueden estar en la final – “y ahí ya veremos, no descartemos nada” -, la experiencia le dice que, cuestión de números, no hay sitio para todos y el objetivo, como global de equipo, debe de ser tener dos corredores en la final. Recuerda la competitividad de los tres, y sonríe sabiendo que todos, en su interior, sueñan a lo grande.

 Jesús España, melena al viento, madurez e ilusión en estado de puro, sabe que aún no ha dicho su última palabra. Carlos Alonso, talento, clase, sabe que tiene una gran oportunidad para seguir consolidándose. Y Adel Mechaal, enorme, fortísimo, sigue soñando con esos ritmos endiablados que lancen la carrera a falta de mil metros, y que tanto ha entrenado, para que desde ahí, cuestión de todo o nada, solo resistan los más fuertes.

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