El último esprint de Bekele

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Tus ídolos se lanzan en el último esprint cuando ya no queda nada que ganar.

 Quique González, “Viejos Capos” (Delantera Mítica, 2014).

 

 Chicago. Mediodía del domingo 12 de octubre de 2014. La recepción del hotel Hilton es un hervidero de gente. Corredores populares que entran agotados y felices con sus medallas al cuello; familiares y penitentes acompañantes locos por ir a comer tras una mañana a pie del cañón; representantes de los mejores corredores del panorama internacional y organizadores de una de las maratones más importantes del mundo que se confunden con los ganadores, con los kenianos Eliud Kipchoge y compañía que celebran su sonoro triunfo.

 En las plantas de arriba, en su habitación, el etíope Kenenisa Bekele, derrotado, agotado, intenta dormir un poco antes de huir con su familia a comer algo. Intenta dormir. Cansancio, jet lag y falta de aclimatación son las primeras razones que apuntan desde sus círculos más cercanos. Pero la cabeza de uno de los mejores corredores de fondo de la historia es, seguro, un hervidero.

 Chicago era su segunda cita con la mítica distancia. Su esperada confirmación del gran debut en la primavera parisina. Su momento de colocarse más cerca de la siempre tan alargada sombra de Haile Gebrselassie. La cita que había elegido para demostrar que él, quién si no, era el elegido para seguir recortando segundos al récord del mundo y que ese era el escenario en el que demostraría que estaba preparado para acercarse mucho más.

 Pero la realidad fue bien distinta, y Bekele, cómo el que busca el olvido, sólo quería dormir. Dormir para olvidar una dura derrota frente a un viejo rival, el keniano Kipchoge que había ganado la prueba con un gran registro de 2h04:11 que le confirmaba, en su lugar, como uno de los tres corredores más rápidos del año en que más rápido se ha corrido la maratón. Dormir para olvidar la derrota contra sí mismo, la más difícil de asimilar, tras no conseguir correr en el tiempo que tenía pensado e irse hasta 2h05:51 que solo le dieron – a él, el más grande – para terminar cuarto y a 47 segundos del tiempo de su debut en la distancia en aquel París, en teoría, más complicado.

 A Kenenisa Bekele, al hombre más rápido de la historia en las carreras de fondo de pista, a la cabeza de quién sólo está acostumbrado a ganar, le tocaba visitar el diván.

 ¿Por qué tengo miedo? ¿Cómo puedo ganar si tengo miedo? Es un desafío, puedes ganar o perder, y no debe de importar lo que piensa la gente. Cualquier cosa puede suceder. Solo tengo que estar preparado. Entrenar, trabajar, entrenar, entrenar, entrenar… cuentan que repetía como un mantra horas después de cruzar la meta de Chicago.

 Cualquier psicólogo pagaría por introducirse en aquella mente lastrada por dos dudas fundamentales. Por una parte, las lesiones que le llevaron a dejar de ser el mejor en la pista, que le llevaron a un cuarto puesto en los Juegos de Londres, tan poca cosa para él, y que suponen un pasado reciente que el propio cuerpo, si puede, tiene que aprender a olvidar. Por otra parte, la falta de confianza que produce lo desconocido, el nuevo escenario en el que todo es nuevo para él, y en el que, como un novato, tiene que ir aprendiendo desde el principio.

 Sí, quizás nos podríamos conformar con seguir disfrutando de su zancada, con verle convertido en el buen maratoniano que ya es. Pero hablamos de un mito, y ahí los adjetivos calificativos como bueno son insuficientes. Solo hay hueco para superlativos. Y si no, probemos a decírselo a su cabeza, a la que sabe que nadie ha corrido más rápido que sus piernas. El sueña con Río. Y con Bikila. Y con el récord del mundo que forma el horizonte en el que siempre ha vivido. Y con Haile. Siempre con Haile. Siempre su contrapunto.

 Las noticias se sucedieron en las semanas posteriores. El entorno del corredor de Bekoji siempre se ha caracterizado por el silencio, pero su representante, Jos Hermes enseguida aludió a buenas razones para intentar explicar que en Chicago no se cumplieran las expectativas: volumen insuficiente (mientras para París se rumoreaba entre 150-160 millas semanales en Chicago se hablaba de 110-120 millas, más de un 15% menos); pocas tiradas largas; inexperiencia; e incluso exceso de confianza. Lo que llevó a que Bekele se pusiera en manos del afamado entrenador Renato Canova para empezar prácticamente desde cero y comenzar a trabajar en todos los errores en los que se podía haber caído.

 Al tiempo que comunicaban el cambio de entrenador, anunciaron que correría en Dubai, a escasos tres meses de Chicago. ¿Por qué tan poco descanso? Y como si fuera una huida hacia delante, posteriormente se anunciaba su nombre para Londres, sólo otros tres meses después de Dubai y lo que supondría cuatro maratones en poco más de un año, algo que nadie llegó a creerse.

 Para valorar el paso de Bekele al maratón, pocas voces tan reputadas como la de Antonio Serrano, quién precisamente prepara la maratón de Londres con Alessandra Aguilar y Javier Guerra, y que estos días presenta la Fundación que lleva su nombre para apostar por los más jóvenes con el lema “Una nueva puerta hacia la esperanza“.

 “Es obvio que todos queremos ver a Bekele en lo más alto del maratón, pero no hay que olvidar que ha sido el más grande en el cross y en la pista (5.000 y 10.000 metros) durante varios años que ya han pasado, y ahora intenta hacer lo mismo en esta distancia” nos recuerda el primer español que bajó de las dos horas y diez minutos.

 “Llega tras una época en la que ha entrenado mucho y muy duro para alcanzar lo que consiguió en la pista, y además llega en un momento que considero que es la etapa dorada del maratón. Me explico, ahora hay cientos de atletas africanos que todos los días se levantan con la idea de ganar una medalla olímpica o un gran maratón como Nueva York, Boston, Berlín, Tokio, Chicago o Londres, por solo mencionar los Majors, pero es que también hay gran cantidad de grandes marcas en otras decenas de maratones. Debido a esto y a que Bekele ya lleva muchos años en la cima creo que le va costar ser el número uno en esta carrera, como efectivamente le está ocurriendo. Y es más, a él no le vale no serlo. Por eso, cuándo no está para ser el mejor no compite, a la vez que las lesiones le están lastrando, pues el entrenamiento del maratón también es muy duro”.

 “Ojalá me equivoque, pero creo que lo mejor de Bekele ya lo hemos visto, aunque es posible que de algún coletazo”.

 Respecto al paso de Bekele a entrenar con Renato Canova, Antonio Serrano lo tiene claro. “Creo que es un buen planteamiento, pues Renato es un hombre muy experimentado en entrenar a maratonianos, sobre todo de Kenia. Supongo que intentará aplicar con Bekele su método, pero lo que nos queda por ver es si él lo asimila y puede entrenar lo suficiente para afrontar las maratones como se le exige ya que, como comentábamos, a Bekele no le vale otra cosa que ganar o acostumbrarse, como ya lo hizo Gebrselassie, a no hacerlo”.

 Estos días se ha confirmado lo que todos pensábamos. Tras abandonar en Dubai a finales de enero, en el kilómetro 30, Bekele renuncia a correr en Londres el último domingo de abril en una nueva edición de la “carrera del siglo”. La razón a la que se alude es la lesión en el talón de Aquiles de su pie derecho que le retiró en el Emirato Árabe.

 “El no estar en el maratón de Londres es un indicativo de que las lesiones se están cebando con él, y cuando se entra en esa dinámica, con esa edad y ese palmarés, no es lo mejor de cara a unos posibles Juegos en Río, a la vez que la competencia en su país es enorme y feroz” concluye el prestigioso entrenador español.

 La situación, en todo caso, no deja de ser admirable. El más grande volviendo a empezar. Aprendiendo desde cero. Pero él está convencido y, como el aprendiz que reconoce su inexperiencia, ha recurrido a Renato Canova para entregarse. Admirable. Cualquiera podría pensar que ya no queda nada que ganar. Pero él y el carismático Hermes creen que si, y quieren seguir corriendo tras Haile, tras su récord del mundo (aunque tanto haya cambiado la situación desde entonces) y tras el oro olímpico que él no consiguió sin poder cerrar el círculo que abrió Abebe Bikila. Quieren seguir corriendo, en definitiva, tras las propias reglas del paso del tiempo. Y para ello, con el futuro como una maravillosa incógnita, Bekele se ha lanzado en su último esprint.

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