Mo Farah: a (medio) fondo

Mo Farah a su llegada a Lisboa el pasado fin de semana (fotografía @Mo_Farah)
Mo Farah a su llegada a Lisboa el pasado fin de semana (fotografía @Mo_Farah)

 Cuándo éramos niños todo era más fácil. Con tus zapatillas y tu dorsal bien colocado en la camiseta esperabas a que dieran la salida y, sin plantearte nada más, corrías todo lo que pudieses. Qué más daba dónde estuviese la meta. Simplemente comenzabas a correr todo lo rápido que tus piernas te lo permitiesen.

 Luego, la carrera, como todo lo que acaba con la primera inocencia, pronto te iba enseñando eso que los mayores llaman conceptos. Si sales muy rápido no podrás llegar hasta el final si está demasiado lejos. Y desde ese momento ya comienzas a buscar si se te da mejor correr muy rápido una distancia más corta o, si por el contrario, no tan veloz, puedes correr a un ritmo más lento pero considerablemente rápido al conseguir mantenerlo durante más tiempo. Ambas cosas eran diferentes.

 Pero Mo Farah (23.03.1983), todavía en ese juego del gato y el ratón cuando acaba de cumplir los 32 años, parece querer tenernos aún en esa incógnita, jugando cada vez más al engaño de ser un velocista vestido de fondista. O viceversa.

 Desde 2010, considerando las grandes competiciones a nivel internacional (Juegos Olímpicos, Campeonato del Mundo y Campeonato de Europa) ha ganado 10 de las 11 finales que ha disputado en 5.000 y 10.000 metros (salvo en el europeo de Helsinki 2012 ha doblado siempre y solo ha perdido la final de los diez mil en el mundial de Daegu). Desde el verano de 2012 ha encadenado un “triple-doble” al vencer en ambas distancias de forma consecutiva en Juegos (2012), mundial (2013) y europeo (2014).

 Considerado hasta ahí como un gran fondista con un final invencible, en los dos últimos años todo parece haberse complicado en el sentido de cómo clasificarlo, o cómo definirlo como corredor.

 En julio 2013 logró un asombroso récord de Europa de 1.500 metros que le coloca como el séptimo hombre más rápido de la historia en esa distancia, sin prepararla teóricamente de una forma específica al producirse un mes antes de reeditar en el mundial de Moscú su doblete de Londres. Durante 2014, en lo que parecía un intento por abrir sus fronteras como corredor, probó el maratón, sin el éxito pretendido. Y en lo poco que llevamos de 2015, estirando precisamente ese fondo, ha aparecido con dos auténticas exhibiciones: récord mundial de las dos millas en pista cubierta (8:03.40 en Birmingham el 21 de febrero de 2015) y el fin de semana pasado (22 de marzo) batió en Lisboa el récord de Europa de medio maratón (59:32).

 Toda esta sucesión de títulos y récords tan dispares, máxime al conseguirlos prácticamente de forma simultánea y con la treintena ya en el contador de su edad, hacen de Farah un caso prácticamente único en la historia del atletismo, lo que ha abierto todo tipo de interrogantes. Pero, ¿cómo es exactamente el fondo de Mo Farah?

 En febrero de 2011 Mo Farah anunció que se trasladaba a Portland, a la factoría del Oregon Project, junto al entrenador Alberto Salazar, odiado o amado, y desde entonces, como si del santo grial se tratase, todo ha girado sobre una palabra, sobre una obsesión: velocidad.

 En la búsqueda obsesiva de los pequeños detalles que puedan marcar las diferencias, Salazar, sabedor de que los grandes campeonatos actuales se disputan en la última vuelta y que entre manos tenía al mejor mediofondista largo del mundo (disfrazado de fondista), ha dirigido todos sus intentos, excentricidades incluidas, hacia esa persecución de la velocidad: obsesión sin reservas por la biomecánica y técnica de carrera; concentraciones con John Smith, el controvertido gurú de la velocidad, para afinar al máximo la zancada; entrenamiento de la supravelocidad en la cinta Alter G (que permite simular terrenos en ligera bajada al tiempo que reduce la gravedad disminuyendo el peso corporal del atleta aumentando la posibilidad de correr más deprisa durante más tiempo con mucho menos riesgo de lesión); entrenamiento en la cinta Hydroworx que permite correr bajo el agua sin impacto, lo que permite aumentar kilómetros con menos riesgo de lesión; sesiones interminables de exprimir al máximo; mucho derroche en distancias inferiores al tiempo que hay contención en las superiores; y una búsqueda incesante de los 50 segundos en los últimos 400 metros que resumen la filosofía de todos los puntos anteriores.

 Hay carreras, o formas de correr, que pueden definir toda una vida. Y la de Mo Farah es normalmente la que empieza después del sonido de la campana.

 Cuando el británico toma la cabeza de la carrera es para ya no soltarla, y así el estadio olímpico de Londres aún arde con el recuerdo de sus victorias, convertido en héroe nacional. La última vuelta del diez mil de los Juegos de 2012, los últimos 400 metros, los corrió en 53.48 segundos. Los últimos 400 metros del cinco mil, en 52.94 metros. Y tal como podemos apreciar en los cuadros anexos número 1 y 2, esos finales de 52 segundos en los 5.000 metros, y de 53 y 54 segundos en los 10.000 metros, le hacen invencible en estas carreras, sea cual sea el ritmo, máxime sin un fenómeno extraordinario en el panorama internacional como un Kenenisa Bekele o el mejor Haile Gebrselassie, que pudiesen desafiar al británico de origen somalí con un ritmo estratosférico, pero casi imposible sin liebres.

 Llevada al máximo, esa obsesión por la velocidad incluso pareció que podía devorarle durante el verano de 2013. En los 5.000 metros del Campeonato de Europa de selecciones, en Gateshead, corrió la última vuelta en 50.89. Después, en el meeting de Birmingham, corrió los últimos metros en 2:22.7. En Mónaco logró el récord de Europa de 1.500 metros con los tremendos 3:28.81 que mejoraba el registro de Fermín Cacho. Y luego en Moscú presumía de velocidad haciendo un último kilómetro del cinco mil en 2:22.12 y del diez mil en 2:26.03.

 Esos últimos kilómetros de los 5.000 metros son a ritmo de 3:34 en los 1.500 metros (3:28 como marca personal), lo que parece dejar claro que Farah es, ante todo, un mediofondista largo, muy largo por supuesto, vestido de fondista, lo que explica que sus marcas por debajo sean mucho más espectaculares que por arriba (ver cuadro 3) y lo que le convierten de verdad en alguien único. Cuestiones genéticas aparte, el entrenamiento, muy enfocado a ello (biomecánica, fuerza, carga, volumen e intensidad siempre trabajados en esta dirección con carácter primordial pese a ser supuestamente un especialista de fondo) han terminado de modelar el producto (Bekele y Haile, por ejemplo y por comparación, eran mucho más fondistas, y de ahí las diferencias en marcas en distancias superiores que incluimos en el cuadro 4).

 Por complicar un poco más el escenario, 2014 y 2015 nos han hecho que mirásemos a otro lado: el intento de llevar a Farah más hacia el fondo, y sobre todo hacia la ruta. El invento no ha sido todo lo satisfactorio que se pretendía, y de ahí la vuelta a la pista, pese al récord de Lisboa.

 La zancada de Farah es larga, ligera. Muy aérea. Un hándicap que, junto a las características propias del británico y el entrenamiento que había llevado en los últimos años, tocaba ahora modificar para pasar al maratón. Una apuesta en toda regla, que podía salir bien, pero que en caso contrario, y en esto jamás a Salazar se le puede acusar de no calcular al máximo hasta el último detalle, le iba a dar al atleta mucho más fondo en una temporada (con solo el europeo de Zurich a la vista, pan comido para Farah) de transición  entre Londres/Moscú y el triple desafío a la vista con el mundial en Pekín en 2015, los Juegos de Río 2016 y el mundial en Londres 2017, cita con la que sueña Farah a modo de retirada.

 Se aumentaron los kilómetros, los entrenamientos cambiaron radicalmente, Farah viajó a entrenar a Kenia, y se intentó retocar su biomecánica, conteniendo esa prodigiosa zancada y agarrando su braceo, pura sangre de tartán. Los meses previos a la maratón de Londres fueron duros, síncope en Nueva York incluido. Y la carrera londinense puso en evidencia que, siendo un fantástico corredor de fondo, la distancia le venía bastante grande para intentar ser el mejor: terminó octavo con 2h08:21, que no suponen un mal debut, pero lejos de las pretensiones del que está llamado a ser siempre el número uno.

 No obstante, tan mal no fue el año. Farah había cogido mucho más fondo y experiencia. Ya en pista, en el europeo de Zurich reeditó el doblete por tercer verano consecutivo, y demostró, pese a la ventaja de que fueron carreras más lentas, que no había perdido ni un ápice de velocidad en el experimento: corrió los últimos 400 metros del cinco mil en 52.23, su mejor última vuelta en las grandes competiciones, y en 54.41 los del diez mil, al tiempo que el último kilómetro del cinco mil lo cubrió de nuevo en 2:28.

 2015 ha arrancado en la misma línea que apunta a un crecimiento considerable de Farah en el fondo, pero que también lleva sus matices. Por una parte, su récord del mundo en las dos millas en pista cubierta (8:03.40) suponen su primera plusmarca mundial, pero no debemos de olvidar que es una distancia (poco más de 3.000 metros) de las cortas (y menos usuales) dentro del fondo, más ajustada por tanto a un gran mediofondista largo. Y por otra parte, su récord de Europa de medio maratón (59:32) del pasado fin de semana, con todas las consonancias que tiene de gran marca, primero aún le deja lejos de Haile (Bekele no se ha prodigado mucho) y de los grandes de la historia en la distancia; segundo no es un dato que pueda trasladarse a efectos de que pueda lograr una marca en consonancia en el maratón; y tercero, y sobre todo, no hace sino confirmar la progresión que Farah en la distancia, acostumbrado a correr en el entorno de los 60 minutos en los últimos años.

 Junto a la velocidad, es conveniente destacar otra de las grandes obsesiones de Salazar: la recuperación. Junto a muchas de las rarezas preferidas del entrenador y a elementos tan característicos suyos como el uso del frío como elemento recuperador (crioterapia), atendiendo a las marcas de Farah y su forma de competir, queda claro que hay mucha contención, mucho cuidado con los esfuerzos por arriba, sin ni siquiera intentar exhibiciones en las distancias más largas, evitando posibles lesiones y más frescura en las competiciones. En cambio, al tiempo que parece claro que no quieren agotar por arriba, no parece que haya ningún reparo en exprimir por debajo, dónde no importan los derroches, como han puesto de manifiesto en muchas sesiones de doblaje incluso en la misma competición (práctica llevada al paroxismo por el resto de compañeros en el invierno de 2014, pero que también ha sido habitual en Farah en los clásicos Oxy High del mes de mayo).

 Ejemplo de ello es que Farah no ha bajado de 13 minutos en los 5.000 metros en los dos últimos años, ni del entorno de los 27:30 minutos (e incluso de 28) en los 10.000 metros en los últimos tres años (ver cuadros anexos números 5 y 6).  Como venimos repitiendo, por sus características seguramente no sea nunca el gran fondista que fueron Bekele o Gebrselassie en términos de marca, pero es que tampoco parece que esto sea una obsesión, siempre evitando el desgaste (como gran ejemplo de correr tácticamente y sin alardes, no hay más que recordar el primer kilómetro del 5.000 de Londres, dónde dado el ritmo tan lento que se llevaba, pudo darse el lujo de ir cerrando el grupo, con el espacio suficiente para que su amplia zancada pudiese descansar esperando el final).

 Seguramente el valor real de sus marcas en los 10.000, y sobre todo en los 5.000 metros visto su rendimiento en las dos millas este invierno, tienen bastante margen de mejora. Quizás algún día decidan darse una posibilidad de probarlo, pero es muy probable que la contención (más acorde con las propias características del atleta) sea la norma principal a seguir en estos tres años que esperan con los grandes campeonatos en el calendario, con el añadido de un Farah cada vez con más edad.

 En esta línea, y entendiendo el contexto, pues Farah ha demostrado ser uno de los mejores fondistas de todos los tiempos, podemos decir que el británico es, sobre todo, un excelente mediofondista metido a fondo, lo que le permite aprovechar sus muy trabajadas características para ser invencible.

 A partir de aquí, todas las barbaridades que le hacen único, máxime al conseguir todos estos resultados en su madurez y de una forma prácticamente simultánea. Es el tercer europeo que consigue mantener de forma conjunta el récord continental de 1.500 y de 10.000 metros: antes lo lograron el finlandés Paavo Nurmi (que incluso en el mismo verano de 1924 batió los récord mundiales de 1.500 y 10.000 metros) y el húngaro Sandor Iharos (que los consiguió en 1954 y 1956). Como recordaba Juan Manuel Botella a través de las redes sociales, nunca nadie había bajado conjuntamente de 3:30 minutos en los 1.500 metros, de 13:00 minutos en los 5.000 metros, de 27:00 en los 10.000 metros y de 60:00 minutos en la media maratón. Y tal y como recordaba la prestigiosa web americana Let´s Run tras la media maratón de Lisboa, 49 hombres han bajado de 59:32 en medio maratón (carreras aceptadas por la IAAF a efectos de récord) y 29 han bajado de 3:30 en 1.500 metros. Farah es el único que está en ambas listas.

 Con la excéntrica y ambigua personalidad de Salazar y todo lo que rodea al Oregon Project dominando el panorama de Farah, todo tipo de rumores (como la polémica con las inyecciones de L-Carnitina que ha surgido esta semana) no paran de flotar alrededor de sus atletas. Es vital que todo se siga mirando con lupa. Pero la realidad es que Mo Farah está manteniendo sus prestaciones desde 2010 y 2011, al tiempo que parece ir afinando cada vez más sus propias y mejores características.

 Ante la línea de salida seguiremos viendo salir corriendo a los niños como si no hubiese nada más. Luego nos plantearemos enseguida como clasificarlo todo. Pero mientras, Mo Farah, al tiempo que presenta una hoja de presentación sencillamente asombrosa por su polivalencia, parece que tiene muy claro cuáles serán de nuevo sus armas para intentar reeditar unas victorias mundiales y olímpicas que seguirían haciéndolo tan único. A toda velocidad.

Cuadro Anexo 1. Marca y tiempos parciales del último kilómetro y los últimos 400 metros en las grandes finales internacionales ganadas por Mo Farah (5.000 metros).

cuadro 1

Cuadro Anexo 2. Marca y tiempos parciales del último kilómetro y los últimos 400 metros en las grandes finales internacionales ganadas por Mo Farah (10.000 metros).

Cuadro 2

Cuadro Anexo 3. Mejores Marcas Personales Mo Farah.

MARCAS farah

Cuadro Anexo 4. Gebrselassie vs Bekele vs Farah (Mejores marcas personales).

Cuadro 4

Cuadro Anexo 5. Mejor marca anual Mo Farah 10.000 metros.

Cuadro 5

Cuadro Anexo 6. Mejor marca anual Mo Farah 5.000 metros.

Cuadro 6

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