Roberto Aláiz: “En Kenia aprendes que teniendo poco puedes tener mucho más que teniéndolo todo”.

Roberto Aláiz haciendo series en la pista de Kamarini (fotografía cedida de su web personal)
Roberto Aláiz haciendo series en la pista de Kamarini (fotografía cedida de su web personal)

 Dentro del panorama del atletismo español, la figura del joven fondista Roberto Aláiz (León, 20.07.1990) no para de crecer. Tanto deportivamente como en todos los aspectos personales que exceden de su propia figura atlética, máxime en estos tiempos en los que el deporte vive en una continua búsqueda de personas, de buenas razones en las que creer.

 Con su aire despistado de músico rock, de esos que ganan en las distancias cortas, de atleta ligerísimo, preciosa zancada, el joven leonés no deja de transmitir una manera muy personal, muy de autor, de entender el atletismo y la vida.

 Precisamente estos días leíamos a su entrenador, José Enrique Villacorta, el hombre que dirige uno de los grupos de fondo más sugerentes del panorama español actual, los conocidos como “Lion´s Factory”, una de las definiciones de Aláiz que más me han gustado.

 “Es lo más parecido a un lugareño en su interpretación de este deporte, para él es una manera de vivir y sentir. Cada mañana se despierta con el propósito de llegar a lo más alto sin pensar en el trabajo que le va a llevar, eso no le asusta, solamente la recompensa de sentir y hacer sentir a los que le rodean lo que para él es su vida, correr”, contaba Villacorta a José Luis Llorente en el artículo que desde Kenia publicaban en la web Contrameta.

 Las tres últimas semanas, Aláiz, Villacorta y una expedición cántabro-leonesa (entre la que también se encontraba el atleta Samuel Abascal, hijo del mítico medallista olímpico y compañero de entrenamiento de Aláiz) las han pasado en el pueblo keniano de Iten, en pleno Valle del Rift, la cuna de los mejores atletas del fondo mundial, en una pequeña concentración de altura con la que han comenzado la temporada al aire libre al tiempo que han podido aprovechar la tranquilidad entre competiciones para seguir recordando su perspectiva de correr por disfrutar.

 “Lo importante no es a dónde vas, sino cómo te sientes en el momento en el que llegas a formar parte de algo. Y si encuentras ese momento, es para siempre”, escribía el propio Aláiz en el diario que durante su estancia en Kenia ha estado llevando en el Diario de León. Y es que, para entender como la experiencia ha excedido el aspecto puramente deportivo, no hay más que escuchar a Roberto, siempre con esa mezcla de pausa y sentimiento que tanto le caracteriza.

 Recién llegado a León desde Kenia, tenemos la suerte de poder asaltarle en el tren que, prácticamente el día después de su viaje, le sirve de ida y vuelta a Madrid para asistir a la presentación  del Circuito Universitario Run Academy de El Corte Inglés.

Roberto, ¿qué buscabas en Kenia y qué has encontrado?

– Más o menos lo que buscaba es lo que he encontrado. Buscaba hacer una concentración en altura, sin la presión de tener cerca una gran competición, pero viendo si merecería la pena volver con un Campeonato del Mundo o unos Juegos Olímpicos a la puerta. Y sobre todo buscaba la experiencia. Me gusta mucho viajar, conocer sitios nuevos, y nunca había estado en África. Me ha gustado mucho la filosofía, cómo es la gente de allí y cómo se vive.

¿El viaje ha sido más una experiencia deportiva o personal?

– Mitad y mitad. El día uno de la temporada de verano lo he empezado allí, y ahora mismo físicamente me encuentro muy bien. Entreno muy bien por arriba y noto que estoy en buena forma. Pero no buscaba ningún objetivo deportivo específico, sino más bien lo habíamos planteado como una vivencia personal y como un viaje. Entrenando todos los días, pero con más posibilidades, como un safari y las visitas que hemos hecho, que son cosas que en plena temporada no me puedo permitir. En definitiva, entrenando, que es lo que me gusta, pero más relajados.

¿Cómo han sido tus entrenamientos allí?

– A la altura me aclimato muy bien, no me cuesta mucho coger la forma, y la primera semana, aunque no hice series, fueron salieron rodajes fuertes. Ya desde la segunda semana hice series muy buenas, con 25 x 200 metros todos por debajo de 30 segundos. El último jueves quise entrenar con ellos porque venía muy motivado, e intenté hacer el fartlek a su lado, pero es imposible, no se puede. El perfil, nunca llano, es muy complicado, con continuas subidas y bajadas que aunque te permiten correr lo dificultan mucho. Y máxime porque a más de 2.400 metros de altitud las subidas parece que están el doble de inclinadas. En definitiva he podido hacer rodajes fuertes y disfrutar las series en la pista de tierra, aunque los últimos días nos llovió mucho y nos tuvimos que ir al tartán que hay en el Campamento de Lornah, a escasos tres kilómetros.

¿Cómo es la mítica pista de Kamarini?

– La pista de tierra de Kamarini, con toda su magia, hay que verla. Teníamos que haber llegado el domingo, pero el vuelo se retrasó y no pudimos llegar hasta el lunes, por lo que el martes lo primero que hice fue ir a ver la pista. Fui por los caminos para ver como bajaban los kenianos, con los clavos en la mano y las camisetas de tirantes para entrenar. En cuanto llegan a la pista calientan un poco, diez minutos, se ponen los clavos y a correr. Es un espectáculo ver a doscientos de los mejores corredores del mundo haciendo todo tipo de series (algunos 200 metros, otros 1.000 e incluso series muy largas de 3.000 o 4.000 metros). Son el prototipo de corredores de fondo, muy delgados, muy altos, con equipaciones prestadas de unos y otros, y todos corriendo tanto y tan bien. A su lado parece que estás gordo, y siendo prácticamente el único corredor blanco, sientes que piensan qué harás allí, con todos los sitios tan buenos que tendrás para entrenar en Europa. Te quedas maravillado viéndoles hacer series tan rápidas, con poca recuperación, y en grupos tan numerosos de hasta treinta o cuarenta corredores al tiempo. Es mágico.

¿Cómo son los famosos amaneceres del Valle del Rift?

– Son increíbles. Te levantas a las seis de la mañana, y al momento, en ayunas, ya estás rodando. Va saliendo el sol y ves a muchísima gente corriendo por todos los caminos. Cómo cuando calientas para una carrera. Vas por los caminos de tierra y todo el rato ves gente pasar y gente corriendo, vayas por donde vayas, lo que te incita a correr.

En todo caso solo vimos los amaneceres la primera semana, los primeros días. Luego ya no madrugamos tanto, porque al final tenías todo el día libre, y levantarnos tan temprano era un poco absurdo porque estábamos todo el día reventados. Hacíamos un entrenamiento sobre las nueve y media, y otro por la tarde a las cuatro y media, con lo que teníamos tiempo para recuperar de sobra. Vimos y disfrutamos muchos atardeceres, que eran un lujo. Al estar tan altos, y tan cerca del ecuador, se ve un sol enorme, como en las películas.

En el plano deportivo, de todo lo que has podido aprender, ¿con qué te quedarías?

– Viéndoles a ellos aprendes su sencillez y como hay que dar a cada entrenamiento la importancia justa que tiene: si un día no sale, pues no sale. Aquí valoramos mucho más el resultado final, y allí el proceso: entrenan, entrenan y entrenan. Y sobre todo la felicidad con la que afrontan cada entrenamiento y las ganas que le ponen siempre. Aquí a lo mejor algún día te da más pereza, y lo planteas más flojo. Pero ellos como son tantos y tan buenos, si un día no tira uno tira el otro, y al final se motivan mucho unos a otros. Son muy felices corriendo, saben muy bien el motivo por el que tienen que correr, que es económico al cien por cien, pero les encanta correr, se divierten haciéndolo y están siempre con una sonrisa en la cara.

Adharanand Finn, en su libro “Correr con los keniatas”, viaja al Valle del Rift en busca del secreto de los mejores corredores de fondo del mundo. ¿Habéis encontrado alguna respuesta?

– El libro, aunque me contó Samuel (Abascal) que lo tenía, no lo he leído, y al final me decanté por el del tenista Andre Agassi. Pero creo que Arturo Casado en su tesis doctoral lo describe muy bien. Se junta todo: la alimentación, el estilo de vida, el hecho que desde pequeños ya tienen un bagaje de kilómetros impensable para un europeo y que les permite desarrollar con quince o dieciséis años una base aeróbica que aquí no consigues gasta los veinticinco años, la altitud, que es algo que los atletas de élite buscamos para unos días y que ellos es donde viven desde su nacimiento el 99% de su vida, la genética… La suma de todos esos factores es lo que hace que corran tanto, no solo su fantástica genética.

Hablábamos antes de las enseñanzas deportivas que te traes de Iten. ¿Qué destacarías entre lo que has podido aprender desde un punto de vista más personal?

– Aprendes a valorar las cosas que tenemos en el primer mundo en su justa medida. En Kenia prima más tu estado de ánimo, tu felicidad interna, que todas las cosas materiales que puedas tener. Es mucho más importante ser feliz con lo que tienes que no tener muchas cosas para ser feliz. Aquí los niños, por ejemplo, tienen muchos juguetes y muchas más cosas, y allí con un palo y una rueda, como nuestros abuelos, se divierten seguramente mucho más que nosotros. Teniendo poco puedes tener mucho más que teniéndolo todo.

En tus crónicas que escribías desde Kenia hablabas mucho de dioses, de paraíso…

– Si, sobre todo porque nunca había estado en África y los primeros días todo te impacta muchísimo. No se me hizo duro porque si al día siguiente de regresar si me preguntas que si volvería no tendría ninguna duda decirte que sí. Las épocas de lluvias son duras, y la comida es muy repetitiva, pero para entrenar y vivir es el sitio perfecto para un atleta de élite. El paraíso.

A pesar de la orografía…

– Si fuera más plano sí que sería la perfección absoluta para entrenar (risas). En todo caso es cuestión de aclimatarte. Las subidas son muy duras pero, aunque al principio lo he pasado muy mal, al final me gustaba sufrir en las cuestas. Son maneras diferentes de plantearte los entrenamientos, y es que además tienes la pista para hacer cosas rápidas y muchas bajadas para ir a tope. Aunque parezcan más débiles, los atletas kenianos tienen una fuerza increíble, y eso lo ganan gracias al perfil. Con ese hándicap, cuando vienen aquí a competir enseguida son ellos los que revientan las carreras y tienen un control absoluto de todas las pruebas de fondo.

¿Habéis tenido la oportunidad de integraros con la gente de allí?

– Por supuesto, porque como decía no hemos planteado el viaje solo desde un plano atlético, sino más bien vivencial. Nos hemos podido relacionar con muchos atletas y con muchas familias, lo que da a la experiencia un valor mucho mayor. Hemos llevado mucho material, y la gente, siempre tan agradecida, te arropa mucho más. Si sólo lo hubiésemos planteado desde un aspecto deportivo, en ir únicamente a entrenar, la relación hubiese sido mínima, no hubiésemos podido entrar en su día a día, por lo que el viaje ha sido totalmente enriquecedor.

Durante vuestra estancia en Kenia, habéis vivido muy de cerca los atentados en la universidad de Garissa, ¿Qué situación política habéis percibido?

– Aunque no teníamos televisión donde vivíamos, en todo lo que veías estaban las veinticuatro horas hablando del atentado. Es cierto que nos quedaba bastante lejos, a unos 800 kilómetros al sureste del país, y aunque percibías que se intensificaron los controles en todas las carreteras, al estar en un pueblo de altitud, muy aislado, había mucha más tranquilidad. Te queda la sensación de que fue un atentado que podía haber pasado en cualquier lugar, y que le tocó a Kenia por estar al lado de Somalia, lo que te lleva a lo de siempre: lo tienen todo jodido y encima les tocan estas cosas. No sé cómo se vivió aquí, pero si hubiese sido en el primer mundo seguro que habría llegado mucho más. Un sinsentido que encima se ha llevado por delante a 150 estudiantes universitarios que no tienen absolutamente nada que ver con nada.

Para alguien tan aficionado como a la música como tú, ¿cuál ha sido la banda sonora de este viaje?

– La verdad es que, no sé por qué, cambio mucho, y estas dos semanas he estado escuchando a Vetusta Morla y Love of Lesbian. El tipo de música que escucho siempre es el mismo, pero cada viaje me gusta cambiar y siempre hay alguna cosa que me pega fuerte.  Muchos rodajes, todos los doblajes, los hacía solo y siempre salía a correr con mi música. La música siempre es algo que me llega muchísimo, y en las series me ayuda a no pensar y sufrir.

¿Qué esperas de este año?

– De momento, en este principio de temporada, seguir entrenando, seguir acumulando kilómetros y mucha fuerza. Luego me acaban de confirmar que estaré en el Prefontaine (29 y 30 de mayo), el meeting de Eugene (Oregon), en la prueba de la Diamond League, e iré a intentar hacer mínima mundialista y buscar mejor marca personal, que la tengo de hace tres años y creo que es muy mejorable. El objetivo es bajar de 8:20 minutos e ir enlazando obstáculos para el campeonato de España e intentar clasificarme para Pekín.

¡El mítico Hayward Field de Oregon, la casa de Prefontaine!

– Me lo acaban de decir, y estoy en esos momentos en que no sabes si creértelo. Es una de las cunas mundiales del fondo, va a ser una de las mejores pruebas de obstáculos de la temporada y es un auténtico lujo. Estoy muy emocionado. Piensas un poco, joder, el año pasado nada y este año tanto, por lo que pienso disfrutarlo todo lo posible.

¿Te centras este año entonces en los obstáculos?

– Sí. El año pasado ya lo intenté, pero corrí dos carreras y no me salieron rápidas, por lo que no pude conseguir la marca que quería. No me cogían en ningún meeting, tuve que correr en Mataró sin liebres ni nada, y entre que no estaba contento con el paso de las vallas y que tenía otras mínimas decidí centrarme en los 5.000 metros, pero para mí los obstáculos siempre será lo más especial.

 

 Nos despedimos y el tren continúa su viaje, al tiempo que lo hace el del joven atleta. Sin prisas, pero cargado de sueños. De esas ilusiones que pasan por sus duros entrenamientos en León junto a sus amigos, por su querida carrera de obstáculos, por el recuerdo de una Kenia a la que dice que volverá seguro y por el estadio Hayward Field que le espera a la vuelta de la esquina en otra apasionante aventura.

 El futuro habla de un Campeonato del Mundo en Pekín, de unos Juegos Olímpicos en Río, pero Aláiz solo quiere saber del día a día, conocedor de que con la base de disfrutar y pelear al máximo cada paso, lo que tenga que venir irá llegando en su momento.

La experiencia en Kenia contada de primera mano:

Artículos de Roberto Aláiz sobre su estancia en Kenia en su web personal.

Artículos de J.L.Llorente sobre la expedición cántabro-leonesa a Iten publicados en la web Contrameta.

Diario de Roberto Aláiz en el Diario de León:

“Lejos de la tierra de los mejores”

“Se acerca la despedida”

“Un día para sentir la música”

“Las lluvias se han adelantado”

“Sin dolor no hay gloria”

8 opiniones en “Roberto Aláiz: “En Kenia aprendes que teniendo poco puedes tener mucho más que teniéndolo todo”.”

  1. Hola, Roberto Aláiz

    Te felicito por haber estado allá. Es el sueño de muchos, incluyéndome. Quisiera contactarme contigo para saber qué debo hacer para llegar a ese lugar. Aspiro a ser corredor de fondo y me quiero entrenar allá, pero desconozco la forma para viajar a Kenia.

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