Cuentos del tartán: El entrenador

Zygmunt Zabierzowski y Alberto Juantorena
Zygmunt Zabierzowski y Alberto Juantorena.

 Hubo un tiempo en el que a los entrenadores se les conocía como “el viejo”.

 Uno de ellos fue el polaco Zygmunt Zabierzowski, afincado en Cuba y encargado de la selección nacional cubana desde 1969, a donde llegó con más de 15 años de experiencia en las selecciones nacionales de Polonia.

 Un domingo del mes de marzo de 1971, en unas pruebas en el estadio universitario Juan Abrantes de La Habana, al entrenador le presentaron a un joven talento al que su metro noventa le había llevado al baloncesto. Zabierzowski lo vio correr, y enseguida se le iluminó la cara. Se llamaba Alberto Juantorena.

 Al día siguiente quedaron en la pista del estadio Pedro Marrero, dónde entrenaba la preselección nacional cubana. Sin técnica y con una peculiar vestimenta, al polaco le bastó con verlo 500 metros. Un minuto y siete segundos fue la marca. Y una enorme sonrisa en el rostro del  entrenador: en la siguiente temporada se encargaría de él.

 En 1972, prácticamente sin experiencia, Zabierzowski lo llevó a los Juegos Olímpicos de Munich, pese al asombro que supuso en su país y a la oposición inicial por llevar a alguien tan novel. Juantorena llegó a semifinales, y su portentosa zancada ya había asombrado a todos.

 Con paciencia, el diamante se fue puliendo. En 1973 se proclamó Campeón del Mundo Universitario. En 1974 bajó de 45 segundos en los 400 metros, pero unos neuromas en la planta del pie izquierdo le obligaron a operarse dos veces y a comenzar la temporada de 1975 demasiado tarde.

 Hasta que llegó el momento en el que todo cambió.

 Corría la primavera de 1976, y todo el atletismo mundial giraba en torno a los Juegos Olímpicos de Montreal que se disputarían aquel verano, mientras Cuba vivía pendiente de su mayor talento, ya totalmente recuperado.

 En abril Juantorena había corrido en La Habana su primera competición que incluía un ochocientos el día antes de un cuatrocientos. A primeros de mayo, se volvía a repetir el experimento en la Copa Cuba, y en dos jornadas consecutivas, a instancias de su entrenador, el corredor se exprimió en los 400 metros (45.5), en los 800 metros (1:46.4) y en el relevo 4×400. Parte de la preparación para el cuatrocientos, afirmaba todo el mundo, incluso el propio atleta, tan desconocedores de los verdaderos planes del entrenador.

 Pero la visión de Zabierzowski, su corazonada, ya se había gestado en la cabeza del viejo, y en realidad todo se trataba de unas pruebas que mantenía todavía en secreto.

 A mediados del mes de mayo comenzó una gira europea con una victoria en 800 metros (1:45.2) en la localidad italiana de Formia que lo dejaba como líder mundial de 400 y 800 metros en ese momento, y otra victoria en unos 400 metros (44.9) en Dresde, en la antigua República Democrática Alemana.

 Desde ahí, el equipo cubano se marchó a entrenar a Erlaguen, en la República Federal Alemana. Y el viejo Zabierzowski desveló por primera vez sus planes, a menos de dos meses de la cita olímpica.

 No cuesta imaginar la escena. “En Montreal vas a correr los 400 y los 800 metros” dijo el entrenador al propio atleta y a los responsables atléticos del país cubano, ante el asombro y la oposición de todos. Juantorena no creía en su ochocientos. Demasiado largo para él, demasiado agotador como para considerarlo algo más que un entrenamiento enfocado a su vuelta a la pista. Y las autoridades tampoco daban crédito. Demasiado sorprendente, demasiado riesgo, demasiado cansancio que hacía peligrar incluso el objetivo más real. La decisión no gustaba a nadie, pese a que el propio Juantorena siempre aceptaría la visión de su entrenador.

 Pero el entrenador polaco lo tenía muy claro. Conocía mejor que nadie al atleta, y tras estudiar en profundidad el calendario de los Juegos había descubierto que asombrosamente podría correr todas las carreras de ambas distancias sin que le coincidieran en día. Y contaba con lo más importante: el factor sorpresa. Nadie vería venir hasta qué punto la apuesta iba en serio.

 Tras el anuncio de Zabierzowski, Juantorena ganó en Bratislava y en Ostrava en ambas distancias, y se retiró a México a una concentración en altura para ultimar su preparación para Montreal. Aun así, nadie le incluía en las posibles quinielas. Demasiados esfuerzos consecutivos. Demasiadas diferencias entre ambas distancias, entre la velocidad y el mediofondo. Un imposible que nadie nunca había logrado.

 Juantorena arrasó en Montreal. Batió el récord del mundo de los 800 metros en plena final (1:43.50), y culminó el doblete con el oro en los 400 metros y la que a la postre sería su mejor marca de siempre (44.26). La invención, en el mejor escenario posible, de un esprint tan largo que nunca nadie lo volvería a conseguir. Una gesta irrepetible, con nueve carreras en nueve días, incluyendo el relevo.

 Tan alto, tan poderoso, tan asombroso, “el caballo” Juantorena lloraba en el pódium. Fuera de los focos, en la burbuja dónde viven los viejos, los locos que anticipan los sueños, Zabierzowski sonreía feliz.

 Tras Montreal, Juantorena ya era considerado como el mejor atleta del mundo, y con el trabajo hecho, el polaco regresó a su país, pese a que nunca se separaron. El cubano Jorge Cumberbatch fue su nuevo entrenador, pero Zabierzowski siempre siguió siendo el consejero, hasta el punto de que, por sus propios medios, seguía a su atleta cuando este competía en Europa.

 Zabierzowski falleció en enero de 1978 víctima de una hemorragia cerebral a los sesenta años. Juantorena quedó abatido por el prematuro adiós de su padre deportivo. “Él demostró que nada es imposible en el atletismo, y que el triunfo es producto del trabajo constante y creador”, declaró desolado a la prensa.

 Hace poco, el fútbol decía adiós a uno de sus viejos más carismáticos. Se llamaba Luis Aragonés, y  a este incluso le llamaban “el sabio”. Sabio y viejo. Dos atributos que definen siempre la figura del entrenador, pese a que tan pocas veces se reconozca.

 Porque como el propio Aragonés afirmaba, “la soledad del entrenador es muy grande”.

Alberto Juantorena en los Juegos Olímpcicos de Montreal 1976:

Montreal

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