El reloj de Martín Fiz

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Cuando te regalan un reloj, te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días (…) ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante.

Julio Cortázar, Instrucciones para dar cuerda al reloj.

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 En el otoño de 2010, con treinta y siete años, Haile Gebrselassie se presentó en la línea de salida de la maratón de Nueva York en un gran estado de forma, convencido de poder añadir a su palmarés una de las carreras más prestigiosas e icónicas que le faltaban por ganar. Pero tras veinticinco kilómetros y con una rodilla inflamada, el etíope, ya convertido en leyenda, tuvo que abandonar en el puente de Queensboro, y en la emotiva rueda de prensa posterior a la carrera, roto por dentro, anunció que se retiraba del deporte de alta competición.

 El tiempo ha pasado muy rápido desde entonces, pero hoy, cinco años después, Haile nunca se ha ido del todo y su filosofía de vida y amor por la carrera sigue siendo un referente para los corredores de todo el mundo.

 “La mejor medicina es el sudor. La cura para el estrés es moverse, trabajar duro físicamente. Y la forma más sencilla de hacerlo es correr”, declaraba el propio Haile tras correr por Central Park una mañana de esta semana en la que ha sido homenajeado por la maratón neoyorquina, y donde ha confesado que algún día volverá para terminar la carrera, sin importarle la marca.

 Martín Fiz, campeón del mundo de maratón en 1995 y de Europa en 1994 (cuarto en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, sexto en Sidney 2000 y subcampeón mundial en 1997), corrió la maratón de Nueva York en 1996 y 1999 y, pese a que no consiguió la victoria, desde entonces es el español que más rápido ha corrido allí (2h12:03).

 El pasado domingo, con 52 años pero sin detenerse todavía ni un solo instante y con la misma filosofía y la misma pasión que siempre transmite Haile, Fiz cruzó la meta de Central Park como ganador dentro de su categoría (2h34:33), en una muestra más de su ejemplo de no darse jamás por rendido y de seguir encontrando siempre ilusiones y objetivos como el motor que da ritmo a la propia vida.

 “Esta victoria es para mí el intentar poner los objetivos acordes a la edad que tengo” nos cuenta el propio Martín Fiz, con el que conversamos nada más regresar de Nueva York. “En 1995 conseguí el título de campeón del mundo, que era mi gran objetivo y el sueño de cualquier atleta, y ahora, veinte años más tarde, quién me iba a decir que iba a tener la misma ilusión, las mismas piernas y las mismas ganas que tenía antaño”.

 “Además, el escenario ha sido insuperable – continúa contándonos el que fuera plusmarquista español -. Nueva York es el maratón de los maratones, el más multicolor. Es un maratón que socializa y que representa mejor que ningún otro la propia búsqueda de retos personales, hasta el punto que no es una carrera para hacer marca, pero sí el maratón que todo el mundo que ama este deporte debería correr alguna vez. Haberlo podido ganar ahora, dentro de mi categoría, me hace muy feliz”.

 “Han pasado más de cuarenta años desde que comencé en este deporte, y ha sido una andadura tan larga que me hace estar muy contento y sentirme muy bien conmigo mismo. El hecho de que siga teniendo esta ilusión me hace sentir que soy una persona privilegiada. Mucha gente no sabe para lo que ha nacido, pero yo sé que he nacido para correr. Y sobre todo, para correr pruebas de maratón”.

 El vitoriano, en su etapa profesional, siempre destacó por su valentía en cada carrera, dispuesto en cada ocasión a pelear contra todos los africanos, sin reservas. Así se le recuerda, por ejemplo, en Lasarte, en Elgoibar y en cada santuario del cross de nuestro país. Pero también así le recuerdan y admiran los africanos que fueron sus rivales durante los años noventa. Sirva de ejemplo la anécdota de que estos días en Nueva York, el propio Fiz se encontró improvisadamente con Paul Tergat, y nuestro maratoniano recuerda entre risas la emoción que sintió al verlo, pero sobre todo al ver con el cariño y la efusividad que el keniano (antiguo plusmarquista mundial de maratón, campeón mundial de cross y doble subcampeón olímpico de diez mil metros en pista) lo reconoció y se lanzó a besarlo y abrazarlo.

 “Siempre me ha gustado darlo todo, es mi forma de correr – afirma el propio Martín Fiz -. La gente que me conoce sabe que yo estoy siempre en el ambiente de esfuerzo, de sacrificio. Realmente no es solo una cuestión de que quiera ganar o que tenga miedo a hacerlo mal: es mi modo de vivir y de pensar. Es algo así como que cuanto más sufro corriendo más me gusta, o que cuanto más partido saco de mí, más me conozco”.

 Ahora los retos son otros. Ya no se trata de estar siempre delante de la carrera, pero la pelea, como realmente siempre ha ocurrido, sigue siendo contra los límites de uno mismo.

 “Yo creo – continúa Fiz – que marcarse retos y objetivos reales es muy importante. De hecho yo me los marco. Es obvio que ya no voy a ganar a los africanos, pero sí me pongo retos acordes al evento y sobre todo acordes a mi edad. Nueva York, por ejemplo, es un maratón muy adverso, con un circuito muy duro, y hay que saber correrlo con el freno de mano echado. Mi lucha es conmigo mismo, y aquí tocaba ir equilibrando las fuerzas, porque sabía lo que me esperaba al final. Conseguí doblar los tiempos, corriendo la primera mitad en 1h17:03 y la segunda parte en 1h17:30, y eso, en carreras tan exigentes es muy difícil”.

 “¿El próximo objetivo? Sinceramente, no tenía nada pensado, pero tras hablarlo estos días con un amigo, y pese a todos los inconvenientes económicos y logísticos que se me ocurren de primeras, un objetivo muy bonito sería intentar ganar dentro de mi categoría todos los grandes maratones del mundo, los Majors (Tokio, Londres, Boston, Berlín, Chicago y Nueva York). Necesito terminar de pensarlo en frío, pero sería un planteamiento precioso e igual me lanzo a la aventura” termina de confesarnos el que fuera campeón del mundo de maratón, ilusionado con el nuevo objetivo que comienza a albergar en su cabeza.

 Retrocediendo en el tiempo, tal y como cuenta el documental “Fiz. Puro Maratón”, hay una escena que quedará para siempre ligada al recuerdo del corredor vitoriano. Tras su victoria en el Campeonato del Mundo de Goteborg 1995, de regreso a casa, en la soledad de sus entrenamientos por el bosque de Armentia, Fiz sintió vértigo y lloró emocionado, consciente por primera vez de todo lo que acababa de conseguir. Pero ahora, veinte años después, su hogar sigue siendo el mismo horizonte de zancadas, y los sentimientos siguen latiendo igual de fuerte.

 “Sigo corriendo por Armentia prácticamente a diario, y a esta edad allí uno ya siente mucha nostalgia – continúa reflexionando Martín Fiz -. Nostalgia por todo lo que me ha dado el bosque. Nostalgia por todas las zancadas que he dado allí. Y sobre todo, con el paso de los años, nostalgia porque hace tiempo pasaba por allí a gran velocidad y tardaba muy poco en hacer el recorrido, y ahora paso a gran velocidad, pero tardo mucho más, porque el paso del tiempo, al fin y al cabo, es el que marca las pautas de la velocidad. Pero ahí seguimos día a día, y eso, en definitiva, ha endurecido la musculatura, lo que hace que el entrenamiento y el entorno en el que me desenvuelvo, junto a los valores y la genética que me han podido dar mis padres, me siga permitiendo tener unos músculos tan agradecidos”.

 “Correr es mi vida. No concibo vivir sin correr, y lejos de modas es realmente mi modo de vida. Me gusta lo que hago. En casa, los valores que me inculcaron fueron hacer las cosas con ilusión, con ganas, sin prisa… y eso es lo que me ha llevado a ser un maratoniano física y mentalmente”.

 “Vivimos en una sociedad estresada, en una selva asfáltica donde se vive muy rápido para que no te quiten el puesto de trabajo, para conseguir promocionar… Y todo esto hace que se necesiten referentes que viven de un modo sano, que muestren que hay vida más allá de las prisas y que cualquiera, cada uno a su escala, puede marcarse objetivos que se pueden alcanzar y que ayudan a conocernos a nosotros mismo. Y esta victoria en Nueva York es un buen ejemplo de ello”.

 “Además, aprovecho desde aquí para hacer un llamamiento a todos aquellos atletas que andan bien en pruebas de cinco y diez mil metros, pero que si diesen el paso a la prueba de maratón posiblemente pudieran ampliar el horizonte de sus objetivos. Antes, nosotros nos pasábamos al maratón con treinta años, y con la carrera ya casi finiquitada después de haber corrido desde el cross hasta los cinco y diez mil metros. Pero ahora ya no es como antes, y la gente se especializa más joven. Ya estamos viendo africanos con poco más de veinte años, y los atletas europeos pueden hacerlo sin ningún tipo de problema a partir de los veinticinco años”, finaliza el corredor alavés, premio Príncipe de Asturias al deporte en 1997 dentro del equipo español de maratón.

 Y es que, Martín Fiz ha sido siempre un experto en modelar el tiempo, en encontrar su camino y acompasar su propia vida al ritmo del reloj, como cuando tras los Juegos Olímpicos de Barcelona supo que su menor velocidad en el final de las carreras nunca le daría en la pista las opciones que él buscaba, y empezó a trabajar su exitoso recorrido en el maratón.

 “Conste que yo creo que todavía corro rápido – puntualiza el propio Fiz -. El otro día lo vi. Pero es innegable que el reloj corre cada vez más rápido. Lo importante es ver que vas con elasticidad, que te encuentras rápido. Cuando a uno se le empiezan a caer las piernas, ya no es tan agradable. Pero cuando una persona va con chispa, con ganas, eso es bueno, y se ve que va con más alegría”.

 Ya retirado de la competición, pero sin detenerse nunca ni dejar de correr, el propio Haile Gebrselassie, como decía estos días en Nueva York, siente que su vida sigue yendo muy rápido. Incluso más que antes. Y de la misma manera, Martín Fiz, debajo de su camiseta de los Rolling Stones, como si quisiera reafirmar por todos los medios posibles que los viejos rockeros nunca mueren, también sigue empeñado en no detener nunca su reloj.

 “Parece que siempre estoy nervioso, pero es mi forma de ser – termina de contarnos -. Soy así continuamente y me gusta estar siempre activo. Tengo la suerte de que mi vida está rodeada de mucho movimiento, y la actividad y los retos me gustan. No parar es bueno. Me da vida, me da mucha vida”.

3 opiniones en “El reloj de Martín Fiz”

  1. Si es uno de los mas grandes atletas de España y del Mundo, aún es mucho mejor persona. Necesitamos atletas como el, politicos como el, economistas como el, en definitiva personas como el.
    Un abrazo amigo Martín

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