Los pies descalzos de Haile Gebrselassie

Dibujo HD

«Allá hallarás mi querencia. El lugar que yo quise. Donde los sueños me enflaquecieron. Mi pueblo, levantado sobre la llanura. Lleno de árboles y de hojas como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos. Sentirás que allí uno quisiera vivir para la eternidad. El amanecer; la mañana; el mediodía y la noche, siempre los mismos; pero con la diferencia del aire. Allí, donde el aire cambia el color de las cosas; donde se ventila la vida como si fuera un murmullo; como si fuera un puro murmullo de la vida…»

Pedro Páramo, Juan Rulfo

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 Hay gestos con tanto simbolismo que son capaces de resumir toda una vida.

 Cada día, antes de que salga el sol, en Adís Abeba cientos de corredores inundan Meskel Square, la plaza donde late la vida de la gran capital etíope, a 2.300 metros de altitud sobre el nivel del mar.

 Meskel Square, centro neurálgico de las celebraciones de la ciudad y de los recibimientos a los héroes olímpicos, es el lugar donde llegaron a entrenar atletas como Abebe Bikila, Haile Gebrselassie o Tirunesh Dibaba, y el punto de inicio y llegada (salvo en los pasados dos últimos años) de la Great Ethiopian Run, la carrera de diez kilómetros que, con 40.000 participantes en la edición de este año, es considerada como una de las carreras más importantes de las disputadas en África.

 Y entre la rutina del calendario, cada amanecer la plaza se llena de corredores que salen de las sombras para perseguir los mismos sueños de los que los precedieron, hasta convertir el vasto graderío semicircular de arena que preside la plaza a forma de teatro en una improvisada pista de atletismo, con las distintas alturas de las gradas convertidas en diferentes calles para los atletas. Hasta el punto que, con todo su significado, si en Etiopía la carrera de larga distancia es una auténtica religión, la enorme plaza es un auténtico hogar espiritual para los corredores de fondo etíopes.

 El pasado domingo, tras dos años de ausencia, la prestigiosa carrera regresó a su plaza más emblemática pero, por encima de todo, la noticia estaba en la despedida de Haile Gebrselassie en su propia casa tras los anuncios que está repitiendo a lo largo de todo el año de que, si bien nunca dejará de correr, si lo va a dejar de hacer al nivel competitivo que sigue manteniendo a sus 42 años.

 Haile, tras tomar la salida entre la multitud, fue remontando posiciones y antes de cruzar la meta, conocedor de la transcendencia del momento, se descalzó y completó los últimos metros con los pies desnudos, en una fotografía de tal simbolismo (con las hermanas Tirunesh y Genzebe Dibaba sujetando la cinta en la meta) que acompañará siempre el recuerdo de uno de los mejores corredores de fondo de toda la historia.

 Los pies desnudos de Haile evocan al gran Abebe Bikila, el primer ganador africano de un oro olímpico con su victoria bajo la luz de las antorchas en el inolvidable maratón de Roma 1960. Bikila ganó descalzo aquella carrera repleta de metáforas, y nada más cruzar la meta bajo el arco de Constantino, junto al Coliseo, habló para la posterioridad: “Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”. Al día siguiente, los periódicos, recordando su decisivo ataque junto al obelisco de Aksum (expoliado por las tropas de Mussolini y que no fue repatriado a Etiopía hasta 2005), enseguida elevaron el sentimiento nacional de la hazaña: “se necesitó todo un ejército italiano para conquistar Etiopía, pero un solo soldado etíope conquistó Roma”.

 Bikila (que repitió triunfo en Tokio 1964, ya con zapatillas) se ganó para siempre un lugar en la historia y en el corazón de los aficionados, y Haile, pese a no haber podido emular su triunfo en un maratón olímpico, siempre ha mantenido vivo su espíritu: “Bikila hizo que nosotros, los africanos pensáramos: Mira, él es uno de nosotros, si él puede hacerlo, nosotros podemos hacer lo mismo“, como llegó a decir de él. Ahora, sus pies descalzos sobre el suelo que ambos pisaron se han convertido en el mejor homenaje posible.

 Pero por encima de todo, la imagen de Gebrselassie sin zapatillas en la meta de Meskel Square supone un homenaje a la propia figura de Haile y a la de todo su pueblo. Un sentido homenaje al niño que él mismo fue (el menor de diez hermanos dentro de una familia pobre de granjeros) y que cada día tenía que correr 20 kilómetros descalzo para ir al colegio, como tantos otros niños en el continente africano, al tiempo que, sin saberlo, comenzaba a escribir uno de los más maravillosas relatos de la historia del deporte.

 “No tuve zapatos hasta los 12 años”, declaró Haile en una entrevista publicada en el diario ABC en 2012, sabedor de que la historia de sus hijos ya no será nunca igual. “La tradición resulta determinante en nuestro éxito. Por ejemplo, pese a contar con mis genes, mis cuatro hijos ya no disponen de talento natural en la larga distancia. Ahora cualquier persona coge un coche, yo con solo dos años iba corriendo a la escuela”.

 Gebrselassie, aunque pertenece a esa clase de deportistas que siempre estarán ahí, se despide de las primeras posiciones de las carreras para seguir construyendo el hombre familiar y político que va a seguir al atleta.

 Y seguramente sea buen momento para recordar las palabras del escritor portugués José Samarago: “Lo importante en mi vida pasó antes de los quince años. Lo demás no importa”.

 Porque Haile, corriendo descalzo en la meta de Meskel Square, parece querer invitarnos a recordar la importancia de irnos, pero para regresar a lo que fuimos. Porque en definitiva, su gesto parece querer cerrar definitivamente el círculo que simboliza el regreso al punto de partida donde siempre estarán sus verdaderas raíces: sus pies y su tierra.

Abebe Bikila tras su histórico triunfo en el maratón de los Juegos Olímpicos de Roma 1960.
Abebe Bikila tras su histórico triunfo en el maratón de los Juegos Olímpicos de Roma 1960.
El legendario anfiteatro de Meskel Square.
El legendario graderío del teatro que forma Meskel Square.

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2 opiniones en “Los pies descalzos de Haile Gebrselassie”

  1. Mil gracias por este artículo! Nos ha encantado… Hemos estado dos veces en Etiopía y hemos podido correr entre esas gradas. Tal cual lo describes, tal cual es y bien cierto es! Haile es una institución y correr para los etíopes toda una declaración de principios. De nuevo, GRACIAS.

  2. Me ha encantado el artículo, por el contenido y por la forma en la que está escrito. Enhorabuena Miguel !! Ya tienes un nuevo y fiel seguidor. Eres un fenómeno.

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