El equilibrio de Sally Pearson

Final 100 metros vallas Juegos Olímpicos Pekín 2008
Final 100 metros vallas Juegos Olímpicos Pekín 2008

Arrancamos 2016 con los Juegos Olímpicos de Río a la vuelta de la esquina y aprovechamos para iniciar  “Grandes estrellas de Río 2016”, una serie de reportajes sobre algunas de las grandes estrellas mundiales que podremos disfrutar este verano en la cita olímpica.

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 Hay fotografías tan hermosas, tan bellas que, igual que la composición de una obra pictórica , son capaces de contar de forma simultánea varias historias diferentes, como la imagen que encabeza este artículo, tomada en el momento en el que se anuncian los resultados de la igualadísima lucha por las medallas de la final de los cien metros vallas de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.

 En el centro de la fotografía, gloria olímpica, una jovencísima Sally Pearson salta de alegría tras ganar la medalla de plata mientras que la canadiense Priscilla Lopes-Schliep, bronce, corre para abrazarse con ella. Al mismo tiempo, en un primer plano que parece pasar desapercibido por el peso del elemento central de la imagen, la estadounidense Lolo Jones permanece desolada en cuclillas tras llegar séptima en una carrera en la que partía como la gran favorita (sobre todo tras ser la más rápida en semifinales) y que parecía tener ganada tras encabezar toda la prueba hasta que tropezó con el penúltimo obstáculo. Todavía más camuflada, al fondo a la izquierda, Dawn Harper Nelson (con el número de la calle 6 pegado en su pierna y envuelta con la bandera de su país) celebra el oro olímpico que acaba de conseguir de forma destacada sobre el resto de participantes, mientras que sus aficionados la felicitan a gritos desde la grada (a la derecha de la imagen). Completando el cuadro y a modo de decorado,  el público contempla el instante desde dentro de la propia fotografía, mientras que el resto de fotógrafos, de frente al que capta esta imagen, alternan diferentes encuadres lejos de encontrar el sentido completo de la escena.

 Y es que pocos instantes simbolizan mejor la mítica frontera entre el éxito y el fracaso que una final olímpica, hasta el punto que esos segundos pueden llegar a representar una vida entera.

 Sally Pearson, nacida como Sally McLellan (Sidney, 19 de septiembre de 1986), alternó los cien metros lisos con los cien metros vallas hasta el verano anterior a esta fotografía (en el Campeonato del Mundo de Osaka 2007 fue semifinalista en ambas pruebas), pero en vistas de los Juegos Olímpicos de Pekín y cumplidos ya los 21 años, decidió centrar su carrera en las vallas.

 El éxito le llegó muy rápidamente con esta medalla de plata, y abrió así una serie de años que la elevaron hasta lo más alto del atletismo mundial (nombrada como atleta del año de la IAAF en 2011) y que culminó con el oro y el récord olímpico en Londres 2012. Entre medias, la atleta australiana se colocó entre las vallistas más rápidas de la historia (en la actualidad ocupa la quinta posición en el ránking histórico con su mejor marca de 12.28), y se proclamó campeona del mundo al aire libre en Daegu 2011 (con el récord de los campeonatos incluido) y campeona mundial de 60 metros vallas en pista cubierta en Estambul 2012.

 Pero tras Londres 2012, el actual periodo olímpico que antecede a Río ha sido muy duro para ella, con unos años marcados por las lesiones y la imposibilidad de encontrar la regularidad necesaria. En 2013, con dos lesiones de isquiotibiales a finales de invierno y en primavera, apenas pudo entrenar con continuidad pero aún así, muestra de su competitividad, consiguió llegar al Campeonato del Mundo de Moscú y ganar una medalla de plata (detrás de  Brianna Rollins) que se le había puesto muy difícil. En 2014, un año sin una gran competición internacional en verano, no pudo revalidar su título de campeona mundial en pista cubierta (en Sopot fue segunda detrás de la estadounidense Nia Ali) y al aire libre se proclamó campeona de la Commonwealth. Finalmente, 2015 lo empezó dando muestras de volver a estar muy rápida, pero en las primeras competiciones del año, en la prueba de la Liga de Diamante disputada en Roma, tropezó con una valla y tuvo una gravísima dislocación de la muñeca izquierda y fractura completa del cúbito y del radio que la hizo pasar por el quirófano varias veces y perderse el resto de la temporada y el Campeonato del Mundo de Pekín.

 Pearson, en busca de nuevas fórmulas para seguir progresando, dejó a su entrenadora de toda la vida (Sharon Hannan) tras el Campeonato del Mundo de 2013, y tras un corto periodo junto a su excompañero de entrenamiento Antony Drinkwater-Newman pasó a entrenar con Ashley Mahoney, un profundo estudioso de la parte científica y biomecánica de la especialidad, en busca de esas escasas centésimas en las que transcurre la vida de los mejores atletas del mundo.

 Ahora, ya recuperada de la mano y en la antesala de los Juegos Olímpicos de Río 2016, la atleta australiana de 29 años se enfrenta a un doble reto mayúsculo: por una lado, reencontrar su mejor estado de forma tras tantas lesiones y periodos de inactividad; y por otro lado, conseguir plantar cara a las enorme hornada de jovencísimas vallistas que, sobre todo desde Estados Unidos y Jamaica, amenazan con pulverizar marcas carrera tras carrera.

 “Desde el principio, Sally Pearson ha sorprendido por ser  blanca y conseguir competir a uno de los niveles más altos que hemos visto nunca, y más viniendo de un país como Australia donde no ha habido mucha escuela en vallistas de este tipo”, comienza a contarnos Luis Sevillano, entrenador de velocidad y vallas del núcleo de la Real Federación Española de Atletismo en el Centro de Entrenamiento de Atletismo (CEAM) de Barcelona, con quién analizamos a la atleta australiana.

También – continúa el entrenador del CEAM – sorprende por la altura ya que, aunque en las vallas de mujeres no es un factor tan determinante, mide solo 1,67 metros lo que hace que sea una atleta muy pequeña para esta especialidad. Además es una atleta bastante ligera como para ser velocista, ya que pesa solo 60 kilos, lo que la hace ser más técnica todavía. Su estructura física le hace parecer una atleta muy fuerte, ya que muscularmente está muy bien definida, con un porcentaje de grasa muy bajo, pero teniendo un peso tan ligero está claro que se caracteriza por una relación fuerza-peso muy alta”.

 “En este sentido – ahonda Sevillano -, aunque sea una atleta ligera, su cintura no es muy finita, sino que más bien es una línea recta desde arriba hasta la cadera, y el tronco y los abdominales que tiene son sencillamente espectaculares. No solo el cuadrado abdominal, sino sobre todo la parte exterior, los oblicuos que protegen los laterales, lo que hace que estabilice muy bien todas las rotaciones que se producen encima de la valla, evitando que los segmentos se vayan de un lado a otro, lo que, además de ser parte de su propia constitución física, se nota que es algo que trabajan muy bien. En definitiva, es una de esas atletas que cuando las ves vestidas de largo parecen muy delgadas, muy finas, pero que cuando se quitan la ropa te quedas alucinado con lo que hay debajo, y eso es lo que hace que, cuando están bien, con muy poca grasa, sean estructuralmente perfectas”.

 Poderosa sobre la valla, Pearson transmite siempre un equilibrio perfecto, lo que según Luis Sevillano demuestra la técnica tan depurada de la atleta australiana.

 “Técnicamente se caracteriza por una alineación total respecto a la línea de carrera, atacando la valla bastante en línea. Recoge muy bien los brazos, sin sacar nada hacia fuera, y hace una abducción prácticamente perfecta, donde solo en algunos momentos puede dejar la pierna de atrás un poco retrasada, pero eso supongo que dependerá de sus estados de forma. Con mis atletas, por ejemplo, pretendemos que sea alineación sea lo mejor posible, y eso es mucho trabajo de core, de estabilización de la cadera y de movilidad de la articulación de la cadera (cuanta más movilidad más estable estás corriendo), que es lo que Pearson tiene tan bien trabajado”.

 Sally Pearson llegó a correr los 100 metros lisos en 11.14, lo que sigue haciendo que en la actualidad sea la tercera mujer más rápida de la historia de su país y lo que demuestra las dotes de la australiana como velocista. “Suele tener una frecuencia de zancada muy alta, y es que, en cuanto a apoyos por segundo, los vallistas deben de estar a la altura de los velocistas – continúa explicándonos Luis Sevillano –, y eso es un trabajo de reactividad muy grande. Si la parte de arriba, el tronco y la cadera, está muy trabajados y muy fijos, puedes conseguir esa frecuencia con más comodidad, y Pearson tiene esas condiciones físicas necesarias para que, con su tobillo y el resto de sus cualidades técnicas, pueda hacer lo que hace”.

 “Dentro de los mejores vallistas a nivel mundial, la única posibilidad de mejora radica en la frecuencia y eso es el tiempo de reacción que tiene el pie contra el suelo: aplicar la mayor cantidad de fuerza en el menor tiempo posible, que es la clave, y en medio no desmontarte e ir bastante alineada. Y todo eso, junto a su enorme fuerza útil  (alineación de fuerzas para que todo lo que hagamos sea para desplazarnos hacia delante) que tanto buscamos los entrenadores, es lo que convierte a Sally Pearson sea una de las grandes estrellas a nivel mundial. Porque en definitiva, por mucho que hagamos ejercicios de cargadas, de arrancadas o que levantemos cientos de kilos, al final la excelencia te la dan cuatro parámetros que son la clave en esta atleta y que es lo que hace a la maravilla: poco tiempo de contacto, mucha cantidad de fuerza en ese tiempo y en la dirección que queremos (que es la fuerza útil) mientras que lo de arriba equilibre bien y ayude en esa coordinación”.

 Lejos del equilibrio que caracteriza a Sally Pearson, las lesiones y los parones de las últimas temporadas son las que abren las dudas de lo que podemos esperar de la australiana esta decisiva temporada. “Por muy bueno que seas – señala Sevillano -, la calidad necesita una estabilidad y una continuidad de carreras y competiciones, de ritmo, y precisamente estos atletas pueden alcanzar sus topes cuando consiguen enganchar un tiempo prolongando sin lesiones. Cuando vas parando y arrancando comienzan a llegar los problemas, por muy bueno que seas, y eso es lo que ha impedido que hayamos podido disfrutar de ella en plenitud en las últimas temporadas y la dudas que pueden surgir de su rendimiento en este 2016, puesto que ya no es solo recuperar ese brazo o ese isquio, sino que hasta que volvemos a integrar el movimiento, la coordinación y el cerebro en un gesto global siempre cuesta tiempo, sobre todo en una disciplina tan coordinativa como las vallas. Pero si alguien es capaz de conseguirlo, esas son las grandes estrellas mundiales”.

 Sin prisas, la propia Pearson ha declarado que todavía no sabe si estará en alguna competición bajo techo durante el invierno del hemisferio norte o si competirá en la temporada australiana al aire libre que comienza en breve.

 “Lo decisivo ahora es no volver a lesionarse – continúa apuntando Luis Sevillano -, puesto que por encima de todo, otro momento de desconexión y de descoordinación complicaría todo muchísimo. Su objetivo final, en lo que ella ya está pensando, es la final olímpica, y lo que tiene que hacer es ir asegurándose continuidad, tranquilidad, coordinación y trabajo, poco a poco y esperando al final para arriesgar. Si consigue hacer ahora un buen trabajo de construcción y consigue continuar con su trabajo técnico, manteniendo todo lo que tiene (su estructura muscular y su condición física son claves) y subiendo poco a poco y en progresión, estará arriba seguro. Pero claro, la duda siempre es la misma: si no hago pista cubierta ni preparo la temporada al aire libre del hemisferio Sur, donde hay bastantes competiciones, toca hacer un entrenamiento más general, más conservador, pero que implica restar específico, calidad y otras cosas que luego también cuesta recuperar. Y esa es la interminable búsqueda del entrenador y el atleta de cómo encontrar el equilibrio necesario”.

 Junto a sus cualidades físicas y técnicas, la dureza mental y la competitividad son otros rasgos que caracterizan a la vallista australiana. No solo en las finales olímpicas y mundiales que ha ganado, sino sobre todo en el Campeonato del Mundo de Moscú 2013, donde tras llegar muy justa sin apenas regularidad de entrenamientos ni competiciones en toda la temporada debido a las sucesivas (solo fue quinta en el ránking mundial del año), consiguió ganar una valiosísima medalla de plata.

 “Las vallas – prosigue el entrenador del CEAM – son una disciplina tan dura y exigen una concentración tan grande que, para ser de las mejores del mundo esta capacidad mental tiene que venir de serie. En velocidad puedes ser muy bueno: salir de los tacos y correr treinta o cuarenta metros con los ojos completamente cerrados, tirando hacia delante, y luego hacer un cambio o lo que sea. Pero en vallas, si tienes al lado a una o dos americanas que te van pasando y quieres correr más rápido, es muy difícil, porque lo que consigues es perder la cadencia rítmica, no batir en el lugar adecuado y finalmente terminar desestabilizado o comiéndote la valla. Aquí es tu ritmo, tu zancada, tu coordinación, tu todo. Y encontrar en ello la solución requiere una capacidad de centrarse mentalmente absolutamente fascinante”.

 “Y aquí radica la ventaja que pude tener Pearson en Río – afirma finalmente Sevillano -. Va a ser una carrera muy abierta, muy lejos de la superioridad que demostró la australiana en los pasado Juegos Olímpicos de Londres, frente a unas atletas en clara progresión que saben correr incluso más rápido que ella. Pero de una atleta joven se puede esperar cualquier cosa: desde lo mejor a no pasar o irse en una valla, y ahí es donde la experiencia valdrá muchísimo. Pearson ya ha pasado por esa responsabilidad muchas veces, sabe lo que es ganar, y en una carrera codo con codo esa madurez debe contrarrestar la juventud y la progresión, hasta el punto que por historia, por veteranía y por clase, si las lesiones le respetan, aspira a medalla y a oro”.

 Pearson, encerrada ya en la búsqueda de equilibrio mental y repitiendo como un mantra la fecha del próximo 17 de agosto en la que se disputará la final olímpica, sabe perfectamente el camino a seguir.

 “Sé que hay pequeñas cosas que puedo arreglar y que solo se necesita tiempo. Puedo correr más rápido y todavía tengo la suficiente motivación para ello – declaraba la australiana hace ya un año -. Pero estoy más centrada en las medallas, porque otras atletas pueden correr más rápido que tú en cualquier lugar, pero para luchar por una medalla te tendrán que ganar en la misma pista”.

 “Comienza el año olímpico de nuevo – escribió la semana pasada Sally Pearson en su página web para dar la bienvenida a 2016 -. Recuerdo lo emocionada que estaba con los Juegos Olímpicos de Londres cuando comenzó 2012 y aunque ahora siento la misma emoción ante los Juegos Olímpicos de Río, dado que ya se lo que me espera y lo que tengo que hacer para dar lo mejor de mí en el momento preciso, me siento un poco más tranquila en esta época del año que en otras ocasiones. La otra noche, antes del inicio del torneo internacional de tenis de Brisbane, estaba escuchando a Roger Federer y la rusa Maria Sharapova le preguntó sobre cómo se quedaba tan tranquilo y hacía todo tan fácil dentro de la pista. «Ya he alcanzado todas las metas que había soñado, así que ahora simplemente puedo relajarme y estar sereno, lo que sin embargo no significa que haya perdido la pasión», dijo él. He pensado mucho sobre esto y me he dado cuenta que es así como yo me he sentido durante el último año. Todavía me encanta correr, todavía me encanta competir y todavía me encanta hacer el trabajo duro en el entrenamiento para convertirme en la mejor atleta del mundo, pero es solo ahora cuando puedo relajarme mentalmente y enfocar mi energía en las cosas que puedo controlar”.

 Al recoger el premio Príncipe de Asturias en 2013, la fotógrafa estadounidense Annie Leibovitz afirmó que el “gran poder de la fotografía es detener y retener el presente, antes de que desaparezca en el pasado”.

 Ahora, tal y como ocurrió en las fotografías tras los Juegos Olímpicos de Pekín y de Londres, en el equilibrio físico y mental de Sally Pearson está el que podamos volver a ver retenido ese presente, antes de que definitivamente termine desapareciendo en el pasado.

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