Cuando fuimos los mejores

LavillenieDibujo

 Con la aparición en el calendario de los primeros fríos de un invierno que este año no termina por llegar, siempre emigrando tras los pasos de los que mejor conocen los cielos, el pequeño Renaud Lavillenie (Barbezieux-Saint-Hilarie, 18 de septiembre de 1986) ha vuelto a disfrazar su diciembre de clima tropical y horizontes azules en Isla Reunión para después regresar a la vieja Europa e intentar, semana tras semana, subir lo más cerca posible de los techos de los mejores pabellones del continente. Exactamente, como repite cada temporada. Exactamente, como cuando hace un par de años, en la mismísima casa de Sergey Bubka y bajo su mirada, imposible encontrar mejor simbolismo para formalizar la sucesión, el francés llegó tan alto como nadie nunca lo ha hecho.

 Pero parece que algo es muy diferente en la actualidad.

 Como escenificación de ello, el sábado pasado en Karlsruhe, Lavillenie logró volver a la victoria tras saltar 5,70, 5,84 y finalmente 5,91 metros y donde cada altura, repleta de suspense en el último intento, estuvo seguida de ostensibles gestos de alegría con mucho contenido de liberación, resoplidos incluidos.

 Y es que, siendo alturas tan interiorizadas para él, este año había comenzado lejos de lo que nos acostumbra (atrapado en 5,71 y 5,70 metros en sus dos competiciones previas), en un clima tan diferente en el que extraña no verle presidiendo el ránking mundial (el joven canadiense y campeón del mundo Shawn Barber acredita ya 6,00 metros) y en el que sobre todo pesa la maldición mundialista que parece perseguir al francés (plusmarquista mundial con 6,16 metros en 2014, campeón olímpico en 2012, campeón del mundo de pista cubierta en Estambul 2012, líder consecutivo del ránking mundial al aire libre desde 2013 y en pista cubierta desde 2011 y ganador de la Diamond League edición tras edición desde 2010), para quién el hecho de no haberse proclamado todavía campeón del mundo al aire libre (segundo en Moscú 2013 y tercero en Pekín 2015, Daegu 2011 y Berlín 2009) parece con poder amenazar todos sus cimientos y abrir mil y una dudas ante los próximos Juegos Olímpicos de Río 2016, con el difícil recuerdo de verle tercero en la pasada final de Pekín, donde tras empezar el concurso cargado de confianza directamente en una altura sin precedentes de 5,80 metros, no pudo superar después los 5,90 metros y tuvo que verse relegado a un tercer puesto demasiado sorprendente para él.

 Lavillenie, marcado además por pequeños problemas físicos que le están impidiendo alcanzar su mejor estado de forma, continúa su invierno buscando las sensaciones perdidas y la confianza en sí mismo, y mientras, esta misma semana, gracias al acuerdo entre la Escuela Nacional de Entrenadores (ENE) y el laboratorio de “Actividad física y deporte” de la Facultad de Educación Física y Deportes de Madrid (INEF) que dirige el profesor Carlos Cordente y su grupo de colaboradores, se ha publicado la conferencia que su entrenador, Philippe D´Encausse, pronunció en Madrid en Noviembre de 2014 dentro del marco de las XXI Jornadas Técnicas de la ENE, y que constituye una oportunidad única para que técnicos y amantes del atletismo podamos descubrir de primera mano el entrenamiento del plusmarquista mundial y campeón olímpico.

 La vida de Philippe D´Encausse (Clermont-Ferrand, 24 de marzo de 1967) siempre ha girado en torno a la pértiga. Hijo de Hervé D´Encausse, antiguo plusmarquista europeo y tres veces olímpico (1964, 1968 y 1972), desde los siete años comenzó a saltar como un juego más. Atleta de alto nivel entre 1986 y 1996, fue octavo en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y decimotercero en Barcelona 1992, con una mejor marca personal de 5,75 metros. Y tras retirarse muy joven, con 29 años, comenzó una prolífica carrera como entrenador que le llevó a participar en la creación del Centro Nacional Francés de salto de pértiga en Clermont-Ferrand, que constituye su propio ecosistema personal y dónde desde 2012 se dedica en exclusiva a las tareas de entrenador de Renaud Lavillenie y el resto de los atletas que forman su grupo de entrenamiento.

 D´Encausse, defensor según sus propias palabras del valor de las cosas sencillas y de la pasión como elemento fundamental, expone su método de entrenamiento como una filosofía y no como un dogma rígido, alejado de revoluciones y sofisticaciones, y creyente, tras haberse formado en Estados Unidos, Rusia y Ucrania, de que no existe un método único, rechazando incluso la existencia de una “escuela francesa”, al considerar que no se puede hablar en su país de una uniformidad científica y técnica.

 Tal y como es el propio Renaud Lavillenie, la conferencia sobre su entrenamiento está llena de los rasgos que, sin ser ni el más rápido ni el más fuerte, le han convertido en uno de los mejores saltadores de pértiga de toda la historia: el control de los tiempos y el ritmo; la búsqueda incesante de la perfección técnica (llevada al extremo con larguísimas sesiones de saltos con carreras cortas en los mayores periodos de entrenamiento entre octubre y noviembre y en abril que persiguen trabajar exclusivamente la técnica, sin velocidad que pueda compensar errores, y en los que D´Encausse asegura que Lavillenie tiene récords de 4,00, 4,70 y 5,20 metros para carreras de 2, 4 y 6 apoyos de parado); la carrera más eficaz posible (con mucho trabajo de la inteligencia del pie, de cadera alta y de alineación para aprovechar al máximo cada apoyo); la coordinación (con mucho trabajo de vallas); y la persecución del gesto global del salto de pértiga como única filosofía, donde todo el entrenamiento está presidido y enfocado a los saltos en sí mismos, con la pértiga como única protagonista con trabajo muy básico de musculación (sin excéntrico, mucho trabajo antagónico y siempre huyendo del aumento del peso corporal) y muy poca gimnasia deportiva (que el propio D´Encausse admite utilizar muy poco por no sentirse competente y disponer de pocos medios para ello), siempre buscando soluciones a todo a través de los propios saltos.

 En definitiva, un programa que el propio D´Encausse define como muy abierto (primero una fase inicial de carreras cortas en sesiones de hasta tres horas siempre por debajo de 5,30 metros; después aprovechan las diferentes concentraciones (Isla Reunión, San Diego o Mauricio) para pasar a 12 y 14 apoyos sobre 5,70 o 5,80 metros en sesiones por debajo de las dos horas y entre 30 y 50 saltos que hace que llegue a las primeras competiciones con solo un par de sesiones con la carrera completa de 20 zancadas; y finalmente un periodo competitivo marcado por muy pocos saltos con mucha intensidad, pero siempre sin cerrar la puerta nunca a ajustes diferentes y con los mismos objetivos que cuando las carreras eran más cortas); y siempre dirigido a potenciar las propias cualidades de Lavillenie, como su gran capacidad de adaptación que le permite saltar muy alto con pértigas muy diferentes; como su capacidad para superar los días más difíciles siempre dando todo; como su capacidad de coger mucho agarre a pesar de su corta estatura, con mucha flexión de la pértiga e incluyendo hasta entrenamientos sobre 6,10 metros con 12 apoyos ayudados por un pasillo de madera elevado de 20 centímetros o sobre 5,80 metros con 16 apoyos; y en definitiva, como su enorme pasión por esta especialidad que traducen juntos en el objetivo principal de estar siempre saltando con la pértiga.

 Entre el trabajo de las correcciones de los errores más frecuentes del saltador francés, D´Encausse, a cargo de Lavillenie desde los Juegos Olímpicos de 2012, reconoce la continua búsqueda del aumento de la velocidad manteniendo constante la amplitud de la zancada con el único objetivo de llegar lo más relajado y disponible posible al final de la carrera para poder ser muy eficaz en la colocación, y debido a que el propio Lavillenie solía salir muy rápido pero luego le costaba mantener la frecuencia, lo que le llevaba a una cierta tendencia a aumentar las últimas zancadas, lo que si bien no le generaba una pérdida de velocidad si le implicaba un gasto energético muy importante antes del salto. O el trabajo de corrección que han ido desarrollando para evitar la tendencia de Lavillenie a bajar la rodilla libre con la consiguiente carga en la pértiga.

 Preguntado al final de la conferencia de Madrid por las cualidades que hacen tan diferente a Renaud Lavillenie, D´Encausse apuntó rápidamente a su carácter ultraperfeccionista en todos los aspectos, lo que hace que no se vaya de cada entrenamiento hasta que haya conseguido exactamente lo que se proponía, y a que es un verdadero apasionado de su deporte, siempre persiguiendo saltos con su pértiga sin entender de vacaciones, como el foso de salto que montó en el jardín de su casa y que nos recupera al niño que jugaba con su hermano detrás de la pasión por la pértiga que heredaron de su abuelo y de su padre.

 Y así el entrenador recuerda cuando Lavillenie era un junior que solo saltaba 4,60 metros mientras que aseguraba que algún día saltaría más de seis metros ante las risas de todos. O el hecho de que el recuerdo más vivo que guarde el saltador francés del día que consiguió superar los seis metros gire más entorno a la tentativa que no le dejaron hacer sobre 6,10 metros tras una extraña interpretación del reglamento que sobre la propia satisfacción por superar esa mítica barrera. E incluso la tentativa que hizo sobre 6,21 metros nada más batir el mítico récord de Bubka con 6,16 metros y que, si bien le hizo lesionarse y perderse dos importantes meses de 2014, demuestra que son esas las cosas que le hacen tan diferente y sin las que no sería él mismo.

 Los tiempos han cambiado mucho desde los años de Bubka.

 Ahora, todo va mucho más rápido, como las fotos del verano que antes se tenían a mano y revivían durante todo el invierno, alargando mucho más el recuerdo, pero que ahora quedan guardadas en algún lugar del móvil y pronto caen en el olvido, símbolo de unos tiempos en lo que se vive demasiado deprisa y todo se olvida excesivamente temprano.

 Y el verdadero desafío que se le plantea a Lavillenie ya no es contra saltadores históricos como Bubka o actuales como Barber o Holzdeppe, sino que sigue siendo contra sí mismo y contra ese paso apresurado del tiempo que cada día le obliga a demostrar que está más lleno de futuro que de melancolía de cuando demostró ser el mejor, aunque ese pasado fuese ayer mismo.

 Porque, precisamente, la batalla que le espera en este año olímpico se librará en el terreno de las emociones, del valor y de la capacidad mental, y ahí es donde el francés, seguramente el mejor ejemplo del pertiguista en estado puro, deberá de recordar de nuevo que es el más fuerte.

Enlaces e información relacionada:

Perfil Renaud Lavillenie [web IAAF].

“El entrenamiento de Renaud Lavillenie”, Philippe D´Encausse. Conferencia en el marco XXI Jornadas Técnicas Escuela Nacional de Entrenadores (ENE) del 15 de noviembre de 2014 (publicada gracias al acuerdo entre la Escuela Nacional de Entrenadores (ENE) y el laboratorio de “Actividad física y deporte” de la Facultad de Educación Física y Deportes de Madrid (INEF) que dirige el profesor Carlos Cordente y su grupo de colaboradores).

Temporada 2016 Pista Cubierta Renaud Lavillenie:

19.12.2016 – Aulnay-sous-Bois (FRA) [1 – 5.71]

23.01.2016 – Perche Elite Tour, Rouen (FRA) [4c1 – 5.70]

06.02.2016 – Meeting Internacional Karlsruhe (GER) [1 – 5.91]

13.02.2016 – ISTAF Indoor Berlín (GER)

21.02.2016 – All Star Perche, Clermont-Ferrand (FRA)

28.02.2016 – Campeonato de Francia, Aubiere (FRA)

05.03.2016 – Meeting Internacional Jablonec (CZE)

17.03.2016 – Campeonato del Mundo Pista Cubierta, Portland (USA)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *