La camiseta de Geoffrey Mutai

dibujo_Mutai

 La semana pasada, nadie fue capaz de atenderme en los grandes almacenes. Ni si quiera tras hacer llamar al encargado y discutir durante largo tiempo sobre cómo era posible que no supiesen de lo que les estaba hablando: yo sólo quería comprar la camiseta del gran Geoffrey Mutai, pero como quedó claro, en aquella enorme planta de deportes donde puedes encontrar incluso más equipaciones que en internet, me terminaron tomando por loco.

 De poco sirvió que les explicase con todo lujo de detalle lo que ha conseguido Mutai y por qué su camiseta tiene que estar en mi colección junto a las de Enzo Francescoli, Marco Van Basten, Fernando Redondo o Xavi. Cuanto más intentaba hacerles ver lo obvio, más extrañados me miraban.

 Como tantas otras historias de tantos otros corredores africanos, la de Geoffrey Mutai, el mayor de once hermanos, comienza en un pequeño poblado de Kenia en el seno de una pobre familia de agricultores donde se enamoró del atletismo viendo por televisión los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Y pronto, primero en la escuela y después al final de cada jornada como jornalero para ayudar a su familia, Mutai fue descubriendo que su pasión era correr cada día un poco más lejos y un poco más rápido.

 A pesar de unos duros comienzos (no pudo viajar al mundial junior de Kingston en 2002 por problemas administrativos y una lesión le tuvo parado todo 2004), Mutai fue convirtiéndose en el gran maratoniano que hemos conocido y tras avisar con dos victorias consecutivas en Eindhoven (2008 y 2009) y con dos importantes segundos puestos en Rotterdam y en Berlín durante 2010, en 2011 consiguió dos de las mayores exhibiciones que se han visto nunca en el maratón y que pasará mucho tiempo hasta que sean superadas: en la primavera de Boston corrió en 2h03:02 (más rápido de lo que nunca lo había hecho nadie, aunque la marca no pudo ser homologada como récord del mundo por las características del recorrido de Boston), y en el otoño de Nueva York batió el récord de la complicada carrera neoyorquina con un impresionante registro de 2h05:06, una marca tan mayúscula que hace que supere en casi un minuto y medio al segundo mejor registro que se ha producido allí y en más de dos minutos al tercero (2h06:28 de Emmanuel Mutai y 2h07:14 de Tsegaye Kebede, ambos en el mismo 2011) o que haya más de dos minutos y medio de diferencia (2h07:43 Tesfaye Jifar) con la mejor marca que se ha conseguido en Nueva York fuera de aquella mágica edición de 2011.

 Después, en 2012 Mutai ganó en Berlín con 2h04:15 y en noviembre de 2013 volvió a imponerse en Nueva York (2h08:24) y aunque el hecho de no mejorar nunca el récord del mundo le ha dado menos presencia mediática de lo que merecía, el corredor keniano quedará para siempre como uno de los mejores corredores de toda la historia, sobre todo con esas dos inolvidables delicias de 2011 de las que no nos cansaremos de hablar.

 Inexorablemente, el paso del tiempo ha seguido su curso y los dos últimos años Mutai ya ha estado fuera del primer escalón del panorama maratoniano mundial (sexto en Londres y en Nueva York en 2014 y quinto en Berlín en 2015 tras retirarse en la capital londinense), hasta que ahora, mientras las luces se van apagando, el excelente corredor acaba de renunciar a correr en Boston, donde estaba anunciado como una de las grandes estrellas, al no haber podido conseguir el estado de forma que tenía previsto.

 Todo un ejercicio de sinceridad que le honra mientras que, en pleno proceso de despedida, la nostalgia parece invadirlo todo, como nos ocurre con esos jugadores que comienzan a abandonar el campo de juego lejos de los focos que tanto les iluminaron tiempo atrás.

 Y en estas, con una historia tan fuera del alcance para el resto de carreras, el maratón de Boston que se disputa el lunes (18 de abril) y que da inicio a la mejor semana maratoniana del año que finaliza el domingo con Londres (24 de abril), siempre puede ser el mejor lugar para la nostalgia, pero sobre todo siempre lo será para vivir la fiesta del maratón con mayúsculas, por mucho que pasen las grandes estrellas y las distintas generaciones, con nosotros dentro.

 La receta es tan sencilla como apasionante: el significado de la tradición en Boston; un imprevisible día primaveral de Nueva Inglaterra; un lunes del mes de abril (el tercero del mes en el que en el estado de Masachussets se celebra el Día del Patriota); una prueba que cumple 120 años y que se inventó para rendir homenaje a la histórica carrera que unió en 1896 la ciudad de Maratón con Atenas en los primeros Juegos Olímpicos de la era Moderna; un recorrido mítico en línea recta, a imagen y semejanza de la carrera clásica, desde la célebre salida de Hopkinton hasta la inconfundible meta junto a la Biblioteca Pública de Boston tras dejar atrás colinas tan conocidas como Heartbreak Hill; muchos de los acontecimientos más icónicos de la historia del maratón (Kathrine Switzer, la olvidada Bobbi Gibb, el duelo al sol entre Alberto Salazar y Dick Beardsley o la increíble historia de Dick Hoyt y su hijo Rick entre otras muchas historias); un duro sistema de calificación que lo convierte en la meca para los maratonianos populares de todo el mundo; y por si fuera poco, la enorme carga emocional que surgió tras los atentados de 2013 y que han convertido a la carrera, todavía más, en uno de los mayores símbolos deportivos que se pueden encontrar en todo el mundo.

 En la salida de este año no estará Geoffrey Mutai, pero la keniana Caroline Rotich y el etíope Lelisa Desisa buscarán reeditar sus victorias del año pasado (Desisa también ganó en 2013) frente a una gran nómina de corredores que, con los mejores kenianos del momento esperando el maratón de Londres del próximo domingo, convierten a Boston en unos supuestos y apasionantes trials olímpicos etíopes con los mejores especialistas del país (en mujeres están la campeona olímpica Tiki Gelana, Buzunesh Deba, Tirfi Tsegaye, Amane Beriso, Mamitu Daska o Atsede Bayisa entre otras; y en hombres la nómina incluye atletas como Tsegaye Mekonnen, Hayle Lemi Berhanu, Yemane Tsegay o Getu Feleke aderezado con kenianos como Sammy Kitwara, Wilson Chebet o Stephen Chebogut).

 Por detrás, veintidós años después de batir el récord de España en esta carrera (2h10:21 en 1994), el incombustible Martín Fiz seguirá dando cuerda a su reloj soñando con su objetivo de ganar dentro de su categoría los seis maratones más importantes de todo el mundo (lo que ya ha conseguido en Nueva York y Tokio); mientras que su cabeza correrá también el día antes junto a su discípulo Iván Fernández en Hamburgo, donde el alavés sueña con los Juegos Olímpicos de Río, para lo que tendrá que conseguir mínima olímpica (2h13:00) y mejorar la marca de 2h11:58 lograda por Jesús España en Sevilla (el pupilo de Fiz debutó el año pasado en la distancia en el mismo escenario de Hamburgo con 2h13:43, y tal y como han declarado se propone pasar el medio maratón en 1h05:00, el año pasado lo pasó 1h05:28, e intentar hacer valer su experiencia y conocimiento de la carrera para aguantar el ritmo en la parte final del recorrido).

 Boston, como la vida misma, sigue viendo pasar los años y cada mes de abril podremos seguir mirando con nostalgia la camiseta de Mutai que descansa en nuestro cajón, pero sobre todo, cada primavera, los maratonianos podremos seguir soñando con aquella maratón de Boston que corrimos en su día o que algún día correremos, porque la línea de salida de Hopkinton siempre estará ahí.

——–

Previas del maratón de Boston (lunes 18 de abril) en Let´s Run:

Mujeres / Hombres