Vivir en la curva

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 Utilizar la palabra miedo y el nombre de Allyson Felix en la misma frase, no es lo más correcto. Pero tampoco hay una mejor definición posible para la prueba de cuatrocientos metros que la descripción que hizo la propia velocista norteamericana tras su triunfo en esta distancia en el pasado Campeonato del mundo de Pekín: “Aproveché mi velocidad y no tuve miedo a la última curva, el horror de los cuatrocientos metros, el momento en el que comienzas a quedarte sin fuerzas y en el que ni siquiera ves el objetivo, la meta, que te motive”.

 La última curva. El momento en el que el cuatrocentista comienza a morir sobre la pista con la línea de meta aún demasiado lejos, sabedor de que empieza su propio final si no ha sido capaz de regular bien el esfuerzo. El horror de los cuatrocientos metros, donde comienzan a desaparecer las fuerzas y desde donde sólo espera la agónica y última recta, con el ácido láctico envenenando todo el cuerpo en una de las distancias más asesinas del atletismo. La última curva. Esa misma sobre la que Allyson Felix ha escrito su propia leyenda en los doscientos metros y que, ahora, parece convencida de poderla utilizar para seguir haciendo historia en la vuelta completa al estadio, al tiempo que nos regala el doble de tiempo disfrutando de su zancada, siempre tan elegante.

 Hija de un pastor cristiano de Santa Clarita, en Los Ángeles, Felix sorprendió desde el principio por su elegancia y precocidad: en 2001, sin haber cumplido los 16 años, se proclamó campeona del mundo juvenil de cien metros y, en 2004, con solo 18 años, se consagró con la medalla de plata olímpica en los doscientos metros de Atenas, récord del mundo junior incluido. Desde ahí, su palmarés luce impresionante: en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 fue de nuevo plata en los doscientos metros y oro en el relevo de cuatrocientos metros; en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, fue triple medallista de oro (200m, 4x100m y 4x400m) y quinta en los cien metros. En total, nueve títulos de campeona de mundo que incluyen un domino incontestable en los doscientos metros en 2005, 2007 y 2009 y otros cinco oros en relevos.

 Pero como sólo está al alcance de los elegidos, Allyson Felix ha seguido explorando sus propias posibilidades y, lejos de acomodarse en su prueba habitual, la vuelta a la pista se ha convertido en su nuevo escenario hasta desembocar en un gran título de campeona del mundo de cuatrocientos metros en Pekín 2015, con mejor marca personal y mejor marca mundial de la temporada pasada incluidas (49.26). Ahora, su intento de buscar un doble triunfo (200 y 400 metros) en los Juegos Olímpicos de Río (algo que sólo han conseguido dos mujeres en toda la historia) es uno de los principales focos de atención del verano que ya tenemos a la vuelta de la esquina.

 José Carlos Tuñas (Oviedo, 1962), responsable del sector de velocidad de la Federación Gallega de Atletismo y colaborador habitual de Radio Marca, La Voz de Galicia y DxT, nos describe a la velocista estadounidense: “Para mí, Allyson Félix es una de las atletas con más carisma dentro del atletismo mundial, lejos de las estridencias de las grandes. Se supo labrar una imagen desde la modestia y casi pidiendo perdón cada vez que ganaba, a lo que hay que sumar, y en estos tiempos es importantísimo, que es el icono de la limpieza en el deporte y estuvo durante muchos años controlada por la USADA, voluntariamente, mucho más allá de lo que las agencias de dopaje piden. Es una de estas atletas que son necesarias sobre el tartán”.

 “Técnicamente – continúa el entrenador de A Coruña – es una atleta que está lejos de los estereotipos de la velocidad. De figura menuda y frágil, biomecánicamente se desliza por la pista y el contacto del pie con el tartán es prodigioso, con una elegancia que enamora. Economiza muy bien su zancada,  lo que le facilitó el paso de la dura transición de los doscientos a los cuatrocientos metros, cosa que muy pocos atletas de élite han realizado”.

 “Su paso a los cuatrocientos metros es lo lógico y en el momento oportuno – afirma José Carlos Tuñas -. Tiene la base de las cargas de entrenamiento de velocidad y además supo hacer la transición poco a poco. No hay que olvidar que ya fue campeona mundial en esta distancia y que ha sabido dosificar su trabajo de la resistencia a la velocidad con gran maestría. Está capacitada para pelear por las dos medallas de oro en Rio”.

Para mí es la gran favorita para la medalla de oro en los cuatrocientos metros, donde a pesar de la irrupción de gente como Shanne Miller, entre otras, tiene experiencia para poder saber gestionar una carrera de alto nivel en esta distancia”, termina de analizar el entrenador de muchos de los mejores talentos gallegos del momento, consciente de que la velocista norteamericana puede extender su dominio de los doscientos a los cuatrocientos metros.

 No obstante, el reto es tan complicado que solo dos atletas lo han conseguido en toda la historia olímpica: Marie José Perec en Atlanta 1996 y Valerie Brisco Hooks, entrenada al igual que Felix por Bobby Kersee, en Los Ángeles 1984.

 Para empezar, la federación estadounidense tuvo que pedir un pequeño cambio de los horarios de Río para que pudiese ser posible intentarlo y ahora, una vez logrado el ajuste en el calendario, todas las miradas giran sobre el ilusionante reto de la velocista de Santa Clarita.

 “No es lo corriente doblar en doscientos y cuatrocientos metros – continúa José Carlos Tuñas -, y el reto es tan apasionante que, salvando las distancias, recuerda a Juantorena en Montreal cuando dobló el cuatro y el ocho. Doblar esas pruebas tiene una carga muy elevada y el saber gestionar los tiempos va a ser fundamental. Estamos ante uno de los grandes desafíos de estos Juegos Olímpicos y, terriblemente valiente y osada, hay que agradecerle que lo haga: tiene más importancia de lo que parece, ya que puede abrir la puerta y la mente a muchos atletas y entrenadores, que no solemos complicarnos la vida ante estos retos. Los aficionados estamos de enhorabuena”.

 “Sin duda, la veo más fuerte y con más posibilidades para la medalla de oro en los cuatrocientos que en los doscientos metros, sobre todo con la irrupción de Dafne Schippers. Su planificación se verá afectada para aguantar las cargas de unos cuatrocientos metros a máxima intensidad y con varias pruebas entre eliminatorias, semifinales y finales, sobre todo en el escenario de unos Juegos Olímpicos, por lo que me imagino que habrá sacrificado más la velocidad para centrarse en la resistencia a la velocidad” termina de valorar el prestigioso entrenador coruñés.

 Elegante. Ligera. Hasta hace muy poco tiempo, la zancada de Allyson Felix nos ha maravillado en los doscientos metros: una curva, una recta.

 Pero ahora, qué mejor que en el escenario olímpico, la apuesta es doble: el viejo reto de siempre y uno nuevo. Dos rectas más, dos curvas más. Cuatro nuevos segmentos de cien metros en los que vivir o morir, vencer o fracasar, es un complicado juego de equilibrio. Un poco más y mueres antes de llegar. Un poco menos y estás sin opciones.

 Eso son los cuatrocientos metros.

 Una última curva. La misma que siempre ha sido el hábitat natural de Allyson Felix, una de las velocistas más elegantes de todos los tiempos.

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