La noche de Bruno Hortelano

Moratalaz, Madrid. 23 de junio de 2016.
Moratalaz, Madrid. 23 de junio de 2016.

“Suave como un sauzal está la noche”

La noche de San Juan, Jorge Luis Borges.

 Con el solsticio de junio como umbral de los meses que nos esperan, a lo largo del año encontramos pocas noches tan mágicas como la de San Juan, con su olor a verano recién estrenado y todas sus leyendas y tradiciones, mezcla de fuego, agua, tierra, aire y rumor de verbenas, aunque sea en Madrid, tan lejos de las playas y de las hogueras.

 Sin haber cumplido todavía los 25 años, si algo ha demostrado hasta ahora Bruno Hortelano es su descaro y su falta de complejos, pero, en todo caso, qué mejor noche para ahuyentar malos espíritus y atraer los buenos: en la pista azul Mondo de Moratalaz, a las nueve y cinco minutos de la pasada noche del 23 de junio, el joven velocista batió el récord de España con 10.08 segundos (viento legal de +1.4 metros por segundo). Tan solo cincuenta minutos después, volvió a mejorar su registro en la final, rebajando aún más el récord español hasta 10.06 segundos (+1.0 m/s).

 Hasta este momento, ningún español había conseguido bajar de los diez segundos y diez centésimas (Ángel David Rodríguez, el “pájaro”, tenía el récord español en 10.14 desde el 2 de julio de 2008). Por si fuera poco, hasta este momento, ningún español había conseguido nunca rebajar el récord de España de 100 metros dos veces seguidas en el mismo día: con cronometraje manual, Javier Llana (10.8 el 11.07.1953), José Luís Sánchez Paraíso (10.4 el 22.08.1968), Juan Carlos Jones (10.3 el 12.07.1970), y de nuevo Sánchez Paraíso (10.3 el 10.07.1971 y otra vez 10.3 el 23.06.1973), habían sido capaces de rebajar o igualar el récord de España en series o semifinales y después volver a igualar la marca en la final o carrera posterior, pero nadie había conseguido rebajarlo también en la segunda carrera del día, ni mucho menos con cronometraje eléctrico, lo que habla a las claras de la mentalidad competitiva y la fuerza mental de Bruno Hortelano.

 Porque si algo caracteriza al joven velocista español, es su capacidad para romper fronteras, las mismas que él nunca ha conocido para sí mismo (nacido en Australia por razones de trabajo de sus padres, españoles y científicos emigrados, criado en Canadá y formado en Estados Unidos, donde todavía reside cerca de su entrenador en Cornell, la Universidad en la que terminó sus estudios el año pasado).

 Prueba de ello, en su haber ya destacan tres  plusmarcas nacionales al aire libre (100, 200 y 4×100 metros) y muchas de las más recientes gestas del atletismo español moderno que él, formado en el difícil sistema universitario norteamericano, representa a la perfección, justificando que ya lo podamos considerar como el español más rápido de toda la historia.

 En un breve repaso a su ya extenso palmarés, en las eliminatorias del Campeonato del Mundo de Moscú 2013 bajó el récord de España de 200 metros hasta 20.47 segundos (siete de las ocho mejores marcas españolas de todos los tiempos son suyas, cinco en aquel verano de 2013 y tres en esta temporada). En el mismo mundial de Moscú, corrió junto a Eduard Viles, Sergio Ruiz y su amigo Ángel David Rodríguez para establecer el vigente récord de España de relevos 4×100 metros (38.46). En el invierno de 2014 batió el récord de España de 200 metros en pista cubierta (20.75), rebajando la marca de Antonio Sánchez que llevaba vigente 29 años, al tiempo que nos enseñó que era posible ver a un español en las finales universitarias norteamericanas corriendo de tú a tú con los mejores velocistas del futuro. El pasado día 22 de mayo de 2016, fue tercero en la prueba de 200 metros de la Diamond League de Rabat, con todo lo que esta competición representa, corriendo en 20.36, por debajo del récord de España, pero con exceso de viento a favor, lo que invalidaba la marca a efectos de ránking. Y ahora acaba de lograr la gesta de batir el récord nacional del hectómetro dos veces en una hora, siendo capaz de poner sobre la mesa el debate de si podremos ver a un español bajando de los diez segundos, una frontera que sólo un atleta blanco, el francés Christophe Lemaitre, ha conseguido derribar.

 “Desde bien joven, siempre ha tenido la ideas muy claras” nos cuenta Dunia Martín, entrenadora de Ángel David Rodríguez y que en temporadas anteriores ha tenido la oportunidad de conducir a los dos hombres más veloces de la historia española, en las épocas que Hortelano pasaba en nuestro país.

 “Siempre ha sabido lo que quería y siempre ha tenido muy claro que su objetivo a medio plazo pasaba por los Juegos Olímpicos de Río. Y si a esa claridad de ideas le unimos su talento y su capacidad de trabajo, tenemos un atleta tan único como él, siempre dispuesto a romper cualquier barrera previa”, analiza la entrenadora de Móstoles, destacando la madurez y la fortaleza mental de Bruno Hortelano como dos de sus mejores cualidades.

Estas semanas previas estaba sabiendo de él a través de Ángel – añade la entrenadora madrileña – y sabía que estaba en un estado de forma tremendo, pero reconozco que ha hecho una marca de un nivel tan grande que hasta me ha sorprendido. Según había corrido los 200 metros de los Juegos Iberoamericanos de Río y de la Diamond League de Rabat, estaba claro que en cuanto le viésemos sobre los 100 metros iba a demostrar toda esa velocidad, pero bajar de 10.10 segundos son palabras mayores”.

 “Técnicamente – continúa analizando Dunia Martín -, corre muy bien, siempre muy colocado, y sobre todo es capaz de transmitir muchísima facilidad, muy suelto, lo que hace que nunca parezca que va enganchado y que corre con mucha naturalidad. Desde el principio, en Estados Unidos siempre ha trabajado muchísimas series, a unos porcentajes altísimos de calidad, y en cuanto han trabajado un poco más la técnica y han incluido más ejercicios de fuerza, los resultados no se han hecho esperar”.

 Y sobre todos los posibles aspectos que podamos analizar,  en la figura del nuevo plusmarquista español de los 100 metros siempre gira su aprendizaje en el durísimo y muy competitivo sistema universitario estadounidense.

 “Con Ángel en plena forma – continúa contando su entrenadora -, siempre hablábamos mucho de lo complicado que era para nosotros correr con gente del máximo nivel internacional. Tú puedes entrenar y competir muy bien, pero siempre es muy necesario tener a tu lado a alguien que pueda exigirte mucho más, sobre todo para aprender a competir con los mejores y que cuando llegues a los grandes escenarios internacionales, como pueden ser unos Juegos Olímpicos o un Campeonato del Mundo, no pagues la novatada. Y precisamente eso es lo que más ha aprendido Bruno en sus años en Estados Unidos. Ha tenido que competir hasta la extenuación, con varias pruebas incluso en un día, fin de semana tras fin de semana y frente a atletas que no tienen nada que envidiar a los mejores del mundo. Y eso le ha enseñado a no arrugarse nunca y a ser realmente fuerte”.

 “Ahora, una vez logrados estos récords, lo que más cuesta recuperar es el sistema nervioso – puntualiza finalmente Dunia Martín, pidiendo cautela para el futuro más cercano -. Siempre recuerdo cuando Ángel hizo el récord de España de 10.14 y cómo no conseguía activarse durante los días siguientes, a pesar del gran momento de forma en el que se encontraba. Consigues alcanzar el máximo estímulo nervioso, y entre la emoción y el subidón del propio récord te encuentras de pronto frente a una nueva barrera, aunque si alguien ha demostrado ser capaz de superarse siempre sobre la pista ese es Bruno, tan joven que todavía tiene por delante un margen de mejora muy grande”.

 En el lejano año de 1973, la velocidad española también vivió otra mágica noche de San Juan en Madrid, por aquel entonces en el mítico y añorado estadio de Vallehermoso. A las siete menos cuarto de la tarde, en la primera eliminatoria de los cien metros lisos del Campeonato Provincial de Madrid, José Luís Sánchez Paraíso y Manuel Carballo igualaron el récord de España vigente (10.3 segundos con cronometraje manual). Poco después, en la final, Sánchez Paraíso volvió a igualar de nuevo la plusmarca española.

 Mucho han cambiado las cosas desde entonces y 43 años después, en la recta de contrameta del estadio de Moratalaz, mientras la ciudad de Madrid y todo el atletismo español siguen buscando su Vallehermoso perdido, la agradable brisa que había soplado toda la tarde amenazando con invalidar las marcas por exceso de viento a favor, se dio un descanso. Bruno Hortelano se colocó en los tacos, como siempre sin importarle quién tenía al lado, y, antes de que nos pudiésemos frotar los ojos, nos regaló dos récords de España seguidos, recordándonos de nuevo que las únicas barreras que existen son las que nosotros mismos dibujamos en nuestras cabezas. Las mismas barreras en las que él, a base de competir y competir, nunca ha creído.