La aventura en vertical de Pablo Villalobos

Pablo Villalobos (fotografía de Amaya Sanfabio)
Pablo Villalobos (fotografía de Amaya Sanfabio)

“He aprendido que la gente quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada”

Gabriel García Márquez

 “Al final, el camino es siempre una aventura: ir buscando tu sitio e ir haciendo lo que te apetezca hacer”, nos confiesa Pablo Villalobos (Almendralejo, 1978) durante una conversación que comenzamos en la entrega del premio MARCA Leyenda a Ruth Beitia y que continuamos, días después, por teléfono.

 “Muchas veces me preguntan que cual es la prueba que más me gusta, pero la verdad es que siempre me ha apasionado la prueba a la que me he estado dedicando en cada momento, al mismo tiempo que nunca me he puesto trabas para cambiar de distancia y experimentar nuevos caminos, lo que creo que ha sido una ventaja por mi parte. Ahora lo que más me atrae es la montaña, tanto por el descubrimiento que estoy haciendo como por las expectativas de ver cosas diferentes, pero, por ejemplo, en su momento me centré en la ruta y el maratón y lo he disfrutado muchísimo estos años. Nunca me pongo ningún tabú y lo único que busco es disfrutar e ir manteniendo unos objetivos que me hagan ir planteándome nuevos retos y que me vayan poniendo en el brete de tener que enfrentarme a cosas nuevas, que no sean imposibles pero que te exijan esfuerzo, porque no puedes acomodarte”.

 La trayectoria de Pablo Villalobos, vista con el paso del tiempo, bien podría considerarse como una huida siempre hacia delante, creciendo con los años desde la pista y el cross hasta el fondo de la ruta y su reciente aproximación a la montaña. O como él mismo la describe, como una interminable búsqueda de su camino y su propio espacio, siempre marcada por la misma pasión que transmite en cada competición y en cada conversación.

 “De joven corría 1.500 metros, pero cuando llegué a categoría promesa resulta que, en un país como el nuestro, con una de las mejores tradiciones mundiales de la distancia, estaban un tal Juan Carlos Higuero, un tal Jesús España… Gente que ya corría en tres minutos y treinta y pocos segundos, y, aunque yo era bueno, los había mejores. Me abrí paso a los 5.000 metros (campeón de España promesa en 1999) y, aunque en un principio fui alternando ambas distancias, al pasar a senior ya tenía claro que tenía que buscar mi propio espacio (llegó a ser séptimo en los 5.000 metros del Campeonato de Europa de Goteborg 2006). Luego, con el problema de tiroides, se me abrió la posibilidad de hacer ruta, que era menos agresivo, y nos adaptamos muy bien (distancia en la que fue quinto en el Campeonato de Europa de Barcelona 2010 y campeón de España en 2011). Y ahora ha surgido la posibilidad de las carreras de montaña y vamos a ir planteándolo de manera conjunta, alternando la ruta en invierno con el trail en las épocas de verano, explorando nuevas vías”.

 En 2014, como un retiro espiritual y un viaje interior “en busca de la ilusión por correr e intentando regresar a los orígenes de por qué me gustaba correr”, Pablo Villalobos se embarcó en la aventura de la Transalpine, una prueba por etapas cruzando los Alpes durante ocho días y con más de 13.000 metros de desnivel acumulado, para lo que tuvo que comenzar a aprender de nuevo e ir cambiando parte de sus entrenamientos, entrenando y experimentando sobre el nuevo terreno.

 Y tras descubrir la pasión por la montaña, durante este 2016 el fondista extremeño se ha marcado una planificación mucho más “seria y premeditada”: comenzó el verano participando en el reto “Beat the Sun” de ASICS, que le llevó a rodear el macizo del Mont Blanc por relevos intentando vencer al sol; fue tercero en Zumaia (Campeonato de España de Clubes de Montaña); ha tocado techo con los 54 kilómetros del Trail de Vall D´Aran; y se ha proclamado campeón del maratón de Canfranc, mientras que este fin de semana participará en el maratón de la prestigiosa Ulta Pirineu.

 “El objetivo es volver a las andadas, como un viaje exploratorio, pero también como una salida de la zona de confort y una búsqueda de nuevos retos y nuevas experiencias competitivas, viendo hasta donde puedo llegar. Hasta ahora he hecho podio en las carreras en las que he participado, y si bien es cierto que no han sido pruebas de primerísimo nivel ni con una gran densidad de corredores, eso también te va metiendo cierta presión a medida que levantas expectativas. Ya veremos para donde vamos tirando y donde me va colocando la competición cuando me pruebe al 100%”.

 De momento, la sierra de Madrid ya marca cierta parte del entrenamiento del que fuera mundialista en el maratón de Daegu 2011, a medida que acumula experiencia tras haber pasado el verano entrenando en Pirineos (Vall D´Aran) y Alpes (Valle de Chamonix).

 “Nunca había tenido experiencia en alta montaña y mi aproximación está siendo desde el punto de vista  de correr, disfrutando de los paisajes a los que se puede acceder por caminos y senderos y dentro de las condiciones que mejor se pueden adaptar a mis propias características, mucho más corredoras, al tiempo que voy aprendiendo un mundo totalmente nuevo para mí. Poco a poco voy aprendiendo a enfrentarme a las subidas más técnicas y bajar es algo que se adapta bien a mi propia personalidad: siempre me ha gustado mucho hacer “el cabra”. Ya veremos si con el tiempo me voy centrando en las pruebas que más me convengan, pero ahora estoy en la etapa en la que hay que probar de todo”.

 “Es muy diferente a correr por el asfalto de la ciudad y, desde luego, a correr en la pista. Para empezar, son carreras en las que vas mucho tiempo en solitario y enseguida descubres esa soledad en la que te reencuentras contigo mismo y con la naturaleza. Y sobre todo, sin la competitividad que se vive mucho más en la pista o en la ruta y que hace que aquí los rivales sean más compañeros de viaje que otra cosa, en primer lugar es un reto contra ti mismo, contra tus propios miedos, y al mismo tiempo contra las dificultades que pueden surgir en carrera y que van desde la propia distancia, que te obliga a gestionar más variantes, hasta  aspectos más técnicos como las dificultades para desplazarte en subidas muy pronunciadas o bajadas más técnicas o con mucha roca, así como las dificultades a nivel climático como el frío, que aparezca la niebla o que comience a llover y la piedra esté húmeda”.

 “Precisamente, todo eso hace que el conjunto sea mucho más complejo y es algo que me llama mucho la atención, porque en definitiva es un juego de estrategia contra ti mismo y con lo que te vayas a encontrar: vas un poco a la aventura con tu mochila y con tu material, sin saber muy bien lo que te espera. La estrategia ya me llamó mucho la atención en el paso al maratón, al tener que estudiar mucho más el circuito, aprender a dosificar el esfuerzo, el tema de avituallamientos… Y todo esto, en la montaña tiene una vuelta de tuerca tremenda, mayor a medida que aumentas la distancia. En definitiva, lo que siempre me ha hecho avanzar  en el deporte ha sido retarme a mí mismo, más que fijarme en ganar a los demás. Ir mejorando e ir intentando cubrir etapas. Y en ese aspecto, la montaña es un paso más y me permite seguir centrándome en ese tipo de cosas.”

 Mientras, la mochila de Pablo Villalobos en la que se van guardando los momentos vividos, continúa llenándose de experiencias y de fotografías a modo de postal.

 “Lo que más me ha sorprendido es cómo me he desenvuelto en pruebas mucho más largas de lo que estaba acostumbrado hasta ahora, sobre todo hablando en términos de tiempo, con esfuerzos de cuatro, cinco o seis horas, más que de distancia, donde la prueba más larga que he hecho ha sido de 54 kilómetros. Es cierto que las intensidades  no son tan altas como las competiciones de ruta o pista, pero impresiona ver cómo responde el cuerpo y que tenemos mucha más cuerda de la que pensamos.  Muscularmente, vas pasando por nuevas etapas y descubres nuevas sensaciones y nuevos dolores que no habías sentido hasta ahora, y en ese aspecto es bonito ir conociendo esos límites y ver que tu cuerpo responde bien y que, pese a todo, puedes seguir rindiendo a un nivel alto”.

 “Por otra parte, dentro de lo que he vivido hasta ahora me quedo con fotografías como haber podido descubrir los Alpes, el tirol austriaco y el tiro italiano durante la Transalpine de 2014 o el haber podido vivir el impresionante ambiente de Chamonix, tanto cuando estuve en el reto “Beat the sun” como cuando he estado entrenando allí este verano y coincidimos con el Ultra Trail Mont Blanc. Además, todo lo que fuera pasar de 3.000 metros de altitud era desconocido para mí, y en el reto de ASICS pudimos subir a  3.400 metros e hicimos una pequeña travesía por nieve y hielo, con crampones y cordadas de cuatro o cinco personas,  con crestas de nieve con caídas a los dos lados… Esas experiencias nuevas son lo que más te impresiona”.

 Y al tiempo que lo ya vivido se va acumulando, una vez terminado el propio viaje interior y mientras que la ruta y el campeonato de España de maratón aparecen como sus objetivos de este invierno, la lista de las cosas por hacer en el futuro y las carreras pendientes de Pablo Villalobos, comienza a desbordarse en espera de nuevos veranos.

 “Tengo una lista con unas cuantos objetivos y poco a poco iremos tachándolos, alternándolos con las obligaciones y los compromisos que vaya teniendo con ASICS, si sigo con ellos al año que viene.  Este año me hubiese gustado competir en la OCC (Orsières-Champex-Chamonix) de la Ultra-Trail Mont Blanc (55 kilómetros), y después de haber estado en Chamonix este verano durante esos días tengo todavía muchas más ganas de volver a intentarlo al año que viene. Pero también, por ejemplo, en España hay pruebas míticas como el Maratón Alpino de Madrid o pruebas que tienen gran proyección mundial y con unas características que se pueden adaptar bien a mi forma de correr y a mis puntos fuertes, como la Transvulcania y ciertas pruebas en zonas de Pirineos o zonas más secas como Valencia o Castellón. La lista está repleta, con muchas pruebas concentradas en la época de verano, y habrá que ir poco a poco, dosificándolo para disfrutar mucho más, porque en un año no puede ser todo”.

 Y Pablo sigue hablando, contagiando la pasión recobrada. Conversando sobre su querida pista y el maratón que tanto le han dado. Sobre la sierra de Madrid, convertida en el nuevo jardín de su oficina de tartán y asfalto. Sobre los Pirineos y los Alpes que le esperan. Sobre los corredores de trail norteamericanos que tanto admira, acostumbrados a pruebas mucho más pisteras y rápidas. Y, en definitiva, sobre la excusa de ir explorando nuevas vías y vivir siempre “abriendo todas las puertas y las ventanas”.