El asalto de Bekele al récord del mundo de maratón

Kenenisa Bekele. Fotografía: Ficha IAAF
Kenenisa Bekele. Fotografía: Ficha IAAF

 En términos globales, nunca se ha corrido tan rápido en el mundo del maratón como se hizo en 2016.

 La media de las 3 mejores marcas del año se situó en 2h03:07, más rápido de lo que nadie más ha corrido nunca a excepción del récord del mundo de Dennis Kimetto en 2014 (2h02:57). Al mismo tiempo, según el estadístico Ken Nakamura la media de las 5 mejores marcas del año se situó en 2h03:31 y la media de las 10 mejores marcas de todo 2016 llegó hasta 2h04:18, mucho más rápido que cualquier otro año en toda la historia, con cuatro hombres corriendo por debajo de 2 horas y 4 minutos.

 E incluso más allá de las marcas, tres de las más reconocidas estrellas mundiales mejoraron sus propias prestaciones personales durante 2016 para colocarse, respectivamente, con el segundo, tercero y cuarto mejor registro de todos los tiempos (Kenenisa Bekele 2h03:03 en Berlín, Eliud Kipchoge 2h03:05 en Londres y Wilson Kipsang 2h03:13 también en Berlín), muy cerca de la actual plusmarca mundial de Kimetto (2h02:57), lo que ha ocasionado un impacto todavía mayor en los medios de comunicación, a la vez que Stanley Biwott se ha colocado como el séptimo maratoniano más rápido de todos los tiempos (2h03:51 con su segunda posición en Londres).

 Tres estrellas mundiales a la vez a sólo unos escasos segundos del récord del mundo y Eliud Kipchoge coronándose como campeón olímpico de la mítica distancia en el sambódromo de Río. Sin duda, el mejor caldo de cultivo para que 2017 se considere como el año más prometedor de toda la historia.

 Pero llegados a este punto, con las marcas comerciales absolutamente volcadas en el enorme impacto publicitario del momento, cada uno de los tres corredores ha tomado un camino bien distinto.

 Eliud Kipchoge se ha comprometido con el propagandístico reto de Nike de bajar de las dos horas de maratón y buscará en el mes de mayo, como él mismo acaba de anunciar, el asalto a la mítica frontera en un circuito propio alejado de los grandes maratones del mundo, lo que hace suponer en la imposibilidad de su homologación si se busca un recorrido con desnivel favorable, tal y como se rumorea.

 En la batalla entre las grandes firmas, Wilson Kipsang se ha unido al mismo reto que ha puesto en marcha Adidas y, aunque no sabemos todavía nada más, en este caso sí que podría estar relacionado con un maratón tradicional (nada sabemos aún sobre Tokio) y la apuesta iría más por un intento de mejorar en base a un revolucionario calzado.

 Por el contrario, mientras que las firmas comerciales han fagocitado a los dos kenianos en unos retos mucho más publicitarios que reales, dejándonos sin la posibilidad de verlos de nuevo en Londres, Kenenisa Bekele, el plusmarquista mundial de 5.000 y 10.000 metros inmerso también desde hace meses en el proyecto de Yannis Pitsiladis, más científico y pausado con un gran equipo de trabajo detrás, ha optado por jugar sus cartas primaverales de una forma radicalmente distinta: ha anunciado que correrá en Dubái (este viernes 20 de enero) y en Londres (23 de abril), en busca del ansiado récord del mundo de maratón.

 Sin duda, las 2 horas en maratón aún están muy lejos, pero la apuesta de Bekele es muy firme y de manera muy inteligente, incluso para su bolsillo, le va a permitir jugar con varias opciones.

 Por una parte, las dudas que siempre ha planteado el paso de Bekele al maratón han venido motivadas por sus problemas físicos, propios de un cuerpo tan cansado y desgastado por tantas batallas en la pista. Así, a su prometedor debut en París en la primavera de 2014 (2h05:04) le siguió una decepcionante carrera en Chicago (cuarto con 2h05:51), una retirada en Dubai en su único maratón de todo 2015 y, de nuevo, una carrera en Londres 2016 muy lejos de un impresionante Eliud Kipchoge (tercero con 2h06:36).

 Detrás, la cantidad de lesiones que le lastraban y que apenas le dejaban entrenar con la regularidad necesaria hacían muy difícil ver cerca cualquier sueño de récord del mundo. Pero el nuevo método comenzó a dar resultados y, gracias a todo el trabajo de fortalecimiento y a la reducción del exceso de grasa corporal, Bekele volvió a ser el rey en Berlín, quedándose con la segunda mejor marca de todos los tiempos (2h03:03), a sólo 6 segundos del récord de Kimetto. Y como el mismo reconoció, estando a poco más del 80% de sus posibilidades.

 Por otra parte, su doble apuesta para esta primavera parece muy clara. Este viernes va a correr en Dubái, en uno de los recorridos mejor diseñados del mundo, y tendrá la oportunidad de jugar sus cartas. Si siente que es su día y las condiciones y los tiempos de paso acompañan, podrá atacar el récord del mundo. En caso contrario, siempre podrá retirarse o terminar la carrera como si de un test se tratase, reservándose para la oportunidad de Londres dentro de tres meses. E incluso con las garantías de una recuperación total en vistas de un nuevo intento en otoño, una vez que, tras no ser seleccionado para los Juegos Olímpicos de Río que tanto le motivaban, su presencia en el próximo mundial de Londres parece que ya no entra en sus planes.

 Como no puede ser de otra manera, la incógnita que resuelve la ecuación es saber cuál es el verdadero estado de forma de Bekele.

 Lo lógico, tras la enorme recuperación que mostró en Berlín el pasado mes de septiembre, es pensar que la rehabilitación ha seguido su curso y que si en la capital alemana fue capaz de tal exhibición al 80% de su capacidad real, da miedo pensar lo que podría lograr si viene de acumular cuatro meses más de buenos entrenamientos.

 Conocido su sueño de superar definitivamente a Haile Gebrselassie con el récord del mundo que le falta, el hecho de que haya anunciado su presencia en Dubái dos semanas antes de la carrera no parece únicamente una cuestión de dinero, sino que va a jugar conjuntamente las bazas de Dubái y Londres hasta el final.

 En ese sentido, en las antípodas de lo que fue y lo que es Haile Gebreselassie, el mundo de Bekele es mucho más silencioso. Mucho más callado y reservado. Por ejemplo, desde que abrió su cuenta de Twitter, sólo ha tuiteado 51 veces. En todo 2015 únicamente hizo un retuit y el todo 2016 sólo un tuit y otro mensaje retuiteado. Y sin embargo, nada más comenzar 2017 y anunciarse su doble presencia en Dubái y Londres rápidamente compartió un mensaje mucho más personal de lo que nos tiene acostumbrados: “#Dubai, are you ready?”. En la misma línea, Marc Roig, miembro de su equipo, compartía un mensaje claramente ilusionante antes de emprender viaje al Emirato Árabe donde estará como liebre: “A punto de embarcar y con la ilusión de que este viernes sucederán cosas extraordinarias”.

 “El objetivo de Bekele en Dubái es batir el récord del mundo”, ha declarado su manager Jos Hermens a la web Let´s Run, lo que convertiría al etíope en el primer corredor de la historia en tener de forma simultánea los récords del mundo de 5.000 metros, 10.000 metros y maratón.

 A estas alturas Bekele no necesita aparentar y el intento de récord del mundo va totalmente en serio. Otra cosa será que las sensaciones luego no acompañen y que llegado a ese punto Bekele pueda decidir pensar tranquilamente en la carta de Londres como segundo plan.

 En el pasado maratón de Berlín, Bekele se quedó muy cerca de su objetivo. En el paso por el medio maratón llegó a estar 34 segundos por debajo del récord y tras ir toda la primera parte de la carrera más rápido que Kimetto en 2014, en el kilómetro 35 se dejaba ya 14 segundos y en el kilómetro 40 la distancia se amplió a 26 segundos, perdiendo las opciones finales pese a que, con un gran final espoleado por Wilson Kipsang, consiguió quedarse a sólo 6 segundos de la plusmarca mundial.

 Para batir el récord del mundo tendrá que ser capaz de volver a correr igual y de aguantar los tremendos parciales de los kilómetros 30, 35 y 40 en los que Kimetto fraguó su registro (14:30, 14:09 y 14:42). Y, en todo caso, un nuevo récord mundial pasa por afianzar el ritmo de 2:54 minutos por kilómetro (o lo que es lo mismo, parciales de 14:30 cada 5 kilómetros o de 29:00 cada 10 kilómetros), lo que le llevaría a un registro de 2h02:23, por debajo de la frontera de 2h03:00 que hasta ahora Dennis Kimetto ha sido el único hombre de la historia capaz de romper (en su récord del mundo de 2h02:57 corrió a una media de 2:54.83 minutos por kilómetros o, lo que es lo mismo, a una media de 20,59 km/hora).

 En la rueda prensa previa al maratón de Dubái, Bekele ha confirmado que se encuentra en un gran momento de forma y ha estimado en 90 segundos la mejora que cree que puede hacer del actual récord del mundo antes de retirarse, hasta situarlo en 2h01:30 o, lo que es lo mismo, a un ritmo medio por debajo de 2:53 el kilómetro, alrededor de 2 segundos por kilómetro más rápido que la actual marca de Kimetto.

 A esperas de que el maratón del viernes nos cuantifique su verdaderas prestaciones en este momento, Dubái presenta a su favor varios factores que en muy pocas carreras podrá encontrar: un perfil totalmente llano y un circuito, con el menor número de curvas posibles, diseñado pensando obsesivamente en correr lo más rápido posible; una carrera totalmente centrada en él, sin keniatas y con una gran nómina de etíopes donde todo el mundo estará a su servicio; y una incentivación económica imposible de igualar, con 200.000 $ para el ganador y un plus en caso de récord del mundo que la organización de la carrera acaba de ampliar hasta los 250.000 $.

 Entre las dudas que siempre presenta a priori la carrera dubaití, se espera capear las altas temperaturas y la elevada humedad con la salida a las 06:30h (03:30h en España), antes del amanecer, con una previsión de 17 grados durante todo el maratón y en unas condiciones que el propio equipo de Bekele no considera tan relevantes ni complicadas.

 En general, sobre la mesa todas las circunstancias parecen indicar que no hay razones por las que Bekele pudiese anteponer la carta de Londres a la de Dubái, salvo que en la primera parte de la carrera no encontrase las sensaciones o el ritmo necesario para intentar el récord del mundo. En este sentido, el circuito de Londres es mucho más difícil que el de Dubái y Bekele no será allí el único y absoluto protagonista. Además, la lluvia u otras circunstancias climatológicas adversas podrían complicar mucho más la carrera en la capital londinense. E incluso la opulencia económica de los jeques es insuperable, al mismo tiempo que reservarse durante varios meses siempre entraña un miedo al riesgo de lesión. A buen seguro, trasnochar la madrugada del jueves al viernes para ver la carrera se antoja muy recomendable (03:30h en España en streaming a través de la web Eversport).

 En su libro “Las ciudades invisibles”, el escritor Italo Calvino poetiza cómo Kublai Kan, emperador de los tártaros, gobierna su enorme imperio a través de las informaciones que le llegan de sus mensajeros, sin conocer realmente todos sus dominios, y la llegada de Marco Polo a su corte hace que el viajero le relate cada una de las ciudades que ha conocido.

 El emperador, a medio relato, decide cambiar el juego y, bajo la teoría de Calvino de que todas las ciudades se pueden imaginar a partir de unas premisas esenciales, comienza a inventarse las ciudades para que el propio Marco Polo sea el que diga si existen o no.

 De la misma manera, los jeques árabes, a partir del mundo conocido, se pusieron a inventar y soñar sus propias ciudades y a golpe de talonario comenzaron a construirlas donde antes sólo había desierto, tan irreales pero tangibles, con Dubái como máximo exponente.

 El viernes, antes de que salga el sol, los jeques seguirán intentando hacer realidad su sueño de entrar en la historia del deporte.

 Antes del amanecer, en ese punto en el que es imposible decir si el escenario es real o no, la figura de Bekele corriendo por las avenidas vacías de Dubái constituye la apuesta más fuerte de los jeques y sus petrodólares desde el propio Haile Gebrselassie para, de una vez por todas, conseguir hacer real lo irreal y dejar de perseguir ciudades y carreras invisibles.

 El mismo sueño que desde hace tanto tiempo persiguen las piernas de Kenenisa Bekele.

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