
Es bastante conocida, incluso la hemos contado en la revista Runner’s World, la preciosa historia de Abderrahim Ait Kamouch, el atleta de orígen magrebí al que le falta el brazo derecho, y que, tras llegar a España en patera, ha logrado nacionalizarse español y ganar dos medallas, bajo nuestra bandera, en los pasados Juegos Paralímpicos de Pekín.

Recientemente él y la atleta Hasna Bahom (otra historia que en breve os contaremos en la revista Runner’s World), visitaron el Cenre Penitenciari de Joves de Quatre Camins, ubicado en Granollers (Barcelona). Ambos contaron sus experiencias atléticas y vitales, en la sala de actos de la prisión, a una cincuentena de presos que vinieron a escucharles. Posteriormente se inició un debate-tertulia con los jóvenes reclusos (tienen, todos ellos, de 18 a 21 años), en los que tanto Hasna como Abderrahim se mostraron la mar de empáticos, amables y divertidos con los chavales que les hacían preguntas sobre su carrera, sus ideas, su nostalgia de Marruecos, etc.

Yo tuve la suerte de acompañar a ambos en esa visita, y la verdad es que pasé una tarde excelente escuchándoles. Me encantó las muestras de cariño que los chavales nos dieron, a todos, y de agradecimiento. Cualquier cosa que hagas por ellos es bien recibida, tienen enseguida un “gracias”, una mirada, una sonrisa, para agradecer que te acuerdes, aunque sea por unos segundos, de ellos.

Gracias a Celia, la funcionaria que lo coordinó todo para que la visita fuera uan realidad, y a agrupaciones como Amisi, que se encargan de vehicular hacia el deporte a jovenes en grupos de riesgo, y a todos los funcionarios de Serveis Penitencuiaris de la Generalitat de Catalunya, que hicieron posible que el acto se llevara a cabo. Y, sobre todo, gracias a Hansa y a Abderrahim por brindar a sus compatriotas (la mayoría de presos son de procedencia latina y magrebí), una tarde llena de sonrisas y de recuerdos.

Y a los 360 chavales que están presos en el recinto, desearles suerte en el futuro e ilusión y esperanza para rehacer sus vidas. A mí, muchos de ellos, me parecieron magníficas personas, os lo digo sinceramente. Yo no sé lo que han hecho para estar allí adentro (nadie suele entrar en la cárcel “porque sí”, estamos de acuerdo), pero allí entre las rejas de la prisión, encontré más agradecimiento del que normalmente encuento por la calle.
¡Hasta la próxima, “compis”!


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